03 noviembre, 2008

On the road again





Jailais sobre el concierto. Hay quien lo ha pedido expresamente en comment a la entrada anterior, y hay quien me lo pidió a la misma salida del show (será que me describo mejor por escrito, tal vez).

Digamos que las últimas cinco o seis ocasiones en que me he subido a un escenario ha sido en condiciones de provisionalidad: en algún concierto de los Green Apples versioneando algo de los Fab Four, alguna fiesta... La última ocasión en que sonaron Los Modos como debe ser fue hace cinco o seis años, en una especie de homenaje a los ochenta con presencia de un montón de grupos, cuando nos juntamos con Karl y con un batería que nos presentaron para la ocasión, e hicimos cuatro de los viejos temas. Stage inmenso y quince o veinte mil vatios, buenos amplis y equipo de escenario, focos en condiciones y una sala muy grande (y bastante vacía, para qué negarlo).

En fin, que me enrollo. Llegó el sábado pasado, llegó la tarde del sábado pasado, y después de adecuada siesta (ya ven Vdes. qué nivel de sosiego vital. Y es que Hans tiene la Contención del Samurai. Esta chorrada tan fina de la CdS me la saqué de la manga hace un tiempo, la repito como un mantra y causa el ostensible cachondeo de mis más allegados) llegaron las seis, hora de montar el equipo y probar sonido.

Para los de fuera, conviene indicar que la Zeta es una sala que tiene su aquél: tiene un tamaño razonable, un escenario en que cuatro tipos caben bien y pueden pegar los saltos de ritual,


un equipo de sonido tirando a flojo, y un set de monitores bastante patético que apenas se oye: uno canta a ciegas, no sé cómo explicarlo, y no resulta muy agradable. Pero bueno, hay que vivir con esas cosas.

El montaje fue razonablemente rápido y razonablemente eficaz, y en apenas dos horas estaba todo en su sitio y comprobado el sonido, de manera que pudimos valernos del Matarraña, un restaurante muy conveniente para cenar algo antes del show. Ahí ví cómo Michel empezaba a ponerse pelín nervioso, cómo Javier coqueteaba elegante y diestramente con la camarera (agraciada morenita que nos besó -castamente- a todos cuando le regalamos una chapa del grupo, cual si fuésemos starsinthesky), cómo Pedro mantenía su usual perfil bajo de bluesman de lujo y cómo nos tomábamos unos carajillos de whisky, que es una bebida muy adecuada en estas circunstancias de presión y temperatura.

Entramos al local a las 22.00, con ya mucha gente en la Sala, y me dirigí directamente a colgarme la Gibson Les Paul, mi elección hexacórdica para esa noche. En cuanto a la otra elección imprescindible, el set-list fue el siguiente:

1 La ventana del amor
2 Modos
3 La calle del ritmo
4 Ráfagas/So Lonely
5 Please, please me
6 Te perseguiré
7 Luna de verano
8 All I’ve got to do
9 Actitud
10 The Monsters
11 Sweet home Chicago
12 Cansados de llorar
13 Chicas tontas
14 My Sharona
15 Ojos de perdida
16 Eres vulgar
17 Chica Pop
18 El espejo
Bis1 No sé qué hacer
Bis2 Medianoche

Seis versiones sobre veinte temas, que es una proporción prudente. Casi 90 minutos de show.

Para conocimiento de los que me preguntaron: nos quedamos contentos con la actuación. Me consta que las voces quedaron dignamente ensambladas y los pequeños patinazos de interpretación que hubo fueron de fácil corrección, de esos que uno percibe desde dentro, pero no tanto desde fuera. Cada punteo poco fino, eso sí, me sigue rebotando en la cabeza acompañado de la palabra ‘torpe’.

Contentos también con la gente, para la que, me fue dicho, el concierto resultó un poco corto. Cierto es que había mucho público muy leal a priori (es lo que tiene tener buenos amigos), que sobrellevaron el sonido no muy fino de la sala. De hecho, entre los invitados de excepción se encontraba la nunca suficientemente admirada Cayetana Altovoltaje, lamentablemente desaparecida (de momento) de la blogosfera, que acudió desde su (remota) residencia actual junto con un joven que movió a interesada lujuria a varias de mis amigas. En fin, a pesar del referido sonido la cosa se mantuvo bastante bien hasta que llegamos, justo, al ecuador del concierto: la versión de The Monsters, un instrumental con deje garajero que siempre me ha gustado mucho y que empleamos como sonido de base para presentar a la banda. Justo, justo en ese momento, después de haber presentado yo a mis tres compañeros, y cuando iba yo a ser el presentado (empezaba yo el punteo correspondiente), mi amplificador decidió dejar de sonar. A cero. Nada. Justo entonces. Justo a mitad. Vamos, como cuando Fernando Alonso rompe a treinta metros de la bandera a cuadros. Sólo que mi homónimo no es capaz de parar mientras el resto de su escudería sigue rodando, desmontar el motor y montar uno nuevo y seguir corriendo, que es lo que hice yo, que ya tengo una experiencia y me había llevado un ampli de reserva, que monté sobre la propia marcha mientras entre Javier, Pedro y Míchel mantenían la nave en marcha. Sinmarc 4050 -español, de transistores, de 1983-, uno, Hughes & Kettner Tube Edition -alemán, de válvulas, de 2006-, cero. Patético, pero cierto. Segunda vez que me pasa con el mismo cacharro. Última, claro: lo repararé y lo venderé.

Las sorpresas de la noche para el público que conoce a Los Modos desde 1985 fueron tanto la fuerza y expresividad de Javier, nuestro nuevo batería, que procede de palos muy poco pop y aporta por ello miles de matices de luxe, cuanto la potente voz de nuestro nuevo bajista, Pedro, tanto en Sweet Home, Chicago como en My Sharona (que quedó especialmente bien). Aquél es un tema que queda fuera de nuestro canon, pero muy lucido. Éste último es, simplemente, una cuestión generacional.


Y qué más contar. Que fue muy divertido, que acabamos contentos, y que el Triunfo (en el sentido de celebración de la llegada de los generales romanos victoriosos a la metrópoli) se prolongó hasta las cinco de la mañana. Y que nunca hay suficiente rock'n roll. Y que quiero volver a tocar live. Ya. Ya mismo. Donde sea. Acepto sugerencias. Desde hoy. Arghs.



Concierto de Los Modos. Zaragoza, Sala Zeta, 2008-11-01, 21.30, entrada libre.

23 octubre, 2008

We're gonna have a party-party


A ver. Que sé que les tengo a todos Vdes. un tanto abandonados, pero tengo justificación. Y que, como dicen, una imagen vale más que mil palabras. So...

Para todos aquellos que estéis en Zaragotham en esa fecha, ya sabéis dónde debéis acudir. Y los que no, que se ubiquen virtualmente en MySpace, donde encontrarán, además de tres modo-éxitos de ayer y siempre (Medianoche, No sé qué hacer y Cansados de llorar) tres primicias recién grabadas: Modos, El Espejo y Chica pop.

Enjoy!



22 septiembre, 2008

Reconsideración de la música gafapástica

Hace unas fechas la nunca suficientemente bien ponderada Gachas me requería para hacer un comentario de textos acerca de cierto tipo de musicuelas (canciones, intérpretes) que han afectado de manera severa a mucha gente de treinta y cinco para arriba. Se lo debo, pero esto viene bastante bien hilado con el petitum.

Como resulta que Hans está re-lanzado y escucha abudantemente Radio 3*, y MBO, además, se baja cosas de la mula, y oye músicas editadas hace menos de una década , y ya hablamos de grupos gafapasta y de música de modernos de mierda con total desenvoltura, decidimos que nos íbamos a ver al Sr. Chinarro el pasado viernes, que vino a Zaragotham. Todo arrojo, nosotros, puesto que yo recordaba difusamente haber oido alguna cosa -algo de unos tímidos, por ejemplo- y MBO no le había escuchado jamás. Sr. Chinarro. Pop Indie, a decir de los folletos de publicidad de la promotora del evento.


La promotora, sí. La cosa se perpetró a instancias de y en uno de los recintos propiedad de la Obra Social de la CAI. CAI significa Caja de Ahorros de la Inmaculada, hoy Caja Inmaculada. Inmaculada no refiere a la ausencia de mancha o mácula en la gestión crediticia de la Entidad; la referencia es, precisamente, a la Virgen, a la Virgen María, figura de no desdeñable importancia para los católicos, como bien saben todos Vdes. (hasta los más ateos de entre Vdes., coño, que éste es un país serio, y las novias que se casan en el Juzgado o en el Ayuntamiento de Zaragotham pasan a dejarle el ramo a la Virgen del Pilar). Y es que la CAI tiene sus orígenes en la Acción Social Católica, estructura la explicación de cuya contextura ideológica sería un poco complicada de sintetizar en un blog ameno, desenvuelto y dicharachero como éste. Valga decir que las oficinas de la CAI son, básicamente, naranja-y-marrón. No sé si me explico.


Lo del sábado por la tarde (el concierto fue a una hora tan poco pop como las nueve y media), como ven, pues, apuntaba maneras surrealistas. De entrada, al referido salón se accedía previo pago de quince euros (ocho para los clientes de la CAI, circunstancia que no concurre ni en Hans ni en MBO) y ulterior franqueo del paso por una señora, empleada de la referida entidad de crédito sin duda, a quien, visto su torpe aliño indumentario sólo puedo calificar -pobre mujer, esto no es insulto si no mera constatación- de 'rancia'. Acto seguido uno se tropezaba con un señor de mediana edad (ya no cumpliría los cincuenta), ostensiblemente alopécico, que, embutido en traje-de-tergal-de-empleado-de-caja-de-ahorros, saludaba con una efusividad muy de Acción Católica a Antonio-y-Antonio. Si: dos Antonios: uno, el propio Sr. Chinarro. El otro, un chelista que le acompañaba. Finalmente, uno pasaba a la Sala a sentarse. Oh, aberratio aberrationis en términos pop. Eso sí, muy adecuado para el jubilado -evidentemente, ex-empleado de la Entidad- y señora que asistían al evento, con ciertas dudas, qué duda cabe.

Y es que el concierto fue un dúo de guitarra española y chelo acompañando la sola voz del repetido Sr. Voz que desgranaba versos bien traidos, ingeniosos, hermosamente encabalgados, diestramente escritos, sobre músicas muy, muy simples, aderezadas con un mínimo rasgueo escasamente sofisticado de guitarra, todo ello dormitando sobre el colchón del chelo (sensacionalmente tocado, eso si).


Porque, digámoslo claro, Hans y MBO se fueron el sábado por la tarde a lo que viene siendo un concierto de puritito cantautor. Aute, Labordeta, Paco Ibáñez... y el Sr. Chinarro. Con dos cojones. Pop Indie, lo llaman ahora.


En definitiva, esto es lo que esperábamos:



Y esto, lo que encontramos:

Coñas aparte, el concierto nos gustó. Na' que ver con lo esperado, pero gustó.

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* En honor a la verdad, esto lo he hecho siempre. No es de ahora, empecé a escuchar el Diario Pop ('Baila con tu robot...') o 'Esto no es Hawai...!' hace como veinticinco años.

19 septiembre, 2008

A petición del amable público...

... y reiterando que la página contiene sólo material añejo, que está en revisión, en obras, que no me gusta la decoración (como tampoco el naranja cutre de este bló, pero qué le vamos a hacer, la cybertorpeza es siempre un limitante)...


Disfruten Vdes. de un poco de música clásica: retornen por un instante a los ochenta. Con Vdes., Los Modos.

15 septiembre, 2008

¿Caprichoso, yo?


El pasado fin de semana (es decir, no ayer-y-antier, si no el anterior. Vamos, los días seis y siete) fue una cosa un tanto mixta; la noche del viernes transcurrió desaforada y frívolamente. No puedo contar con detalle esto último: cuando alguien con suficiente ascendiente sobre mí vió como empezaba a anotar en una libretilla detallitos para una posterior redacción, fuí fulgurantemente censurado. Hubo chicas divertidas y juguetonas -even dangerous- y un joven, en particular, sumamente ¿cómo decir? atractivo a decir de las féminas juzgadoras. La cosa terminó bien y sin daños para ninguno de los afectados, he de decir.


Al día siguiente nos fuimos a MAD a una boda. El programa de la operación era brillante: AVE a la hora de comer, llegar, minisiesta, ceremonia en una capillita de Las Rozas talmente que si estuviese en el Corn Belt en los USA (sensacional el coro gospel, btw), cena y copas en el propio hotel en que descansábamos. El domingo el plan era parecido pero al revés (comiendo de nuevo en el AVE y sesteando at home).


A pesar de la trasnochada, el tal domingo nos levantamos con renovadas fuerzas, tan renovadas que me estalló un vaso (llamado a contener zumo de naranja natural) en la mano, lo que sirvió para teñir el suelo del buffet de rojo y para que hubiésemos de pasar parte de la mañana dominical en el Gregorio Marañón, manteniendo yo un intercambio de opiniones con la médico de guardia, que concluyó con mi palma de la mano izquierda (nota del autor: soy zurdo) repujada con dos puntos de color azul. Muy fashion. Cuando llegamos a Zaragotham aquella tarde mi hijo aprovechó para salir de su general mutismo y señalar 'parece que, en efecto, el gimnasio te está sirviendo para algo, pero cuida, no sigas escachando vasos'. Hiena.


La semana pasada (es decir, la que concluyó ayer) transcurrió entre que toreaba consecuencias desaforadas de esa no-crisis (a decir del demoníaco Zapatitos) que estamos sufriendo, y dió en concluir mediante un fin de semana no desdeñable. El sábado tarde y noche lo pasamos en La Expo (bebiendo más de lo razonable, he de reconocer. Conforme a mi norma de comportamiento, no deben beberse cocktails antes del anochecer; sin embargo, a las ocho y cuarto estábamos tomando Negronis y Martinis en la terracita de Italia, escuchando a un excelente cuarteto de Jazz), viendo a Calamaro (ahí la cosa pasó a cerveza. Cerveza nepalí. Lo juro) y rematando en el Pabellón de México (margaritas, los demás, y reposado con sangrita y lima, yo).


Y bueno, como ayer por la mañana me quitaron los puntos, y como carpe diem (con dos), decidí que era imprescindible. Mis hijos me tildaron de caprichoso. Los muy perros. Yo sólo sé que me alegro de no haber perdido la movilidad de la siniestra, de manera que, ad celebrationem causa, ha sido inevitable hacerme con ella.

Justo de ese color, justo de ese modelo. Y suena de cojones. Y qué ensayo, ayer tarde, con el nuevo apero. Que lo sepan Vdes.: no tardaré en en colgar la dirección del correspondiente MySpace, en el cual figurarán pormenorizadamente detallados lugar, hora y fecha del bolo del regreso de Los Modos.

Cuídenseme.

29 agosto, 2008

Ah, las libertades en Cuba...


Esto es, jurídicamente, una de las cosas más sensacionales que he visto en mi vida: Gorki AGUILA, cantante de la banda cubana de Punk Rock también cubana PORNO PARA RICARDO (la web está capada hoy, por cierto; otro enlace de interés aquí) fue detenido en su momento e iba a ser juzgado hoy por peligrosidad social predelictiva. Supérenme ese concepto tan fino. Parece que la cosa se debe a que la referida banda tiene, entre otros, un bonito tema llamado El coma andante, y eso parece ser una cosa muy mala en términos de riesgo para la sociedad comunista y la Revolución y todas esas cosas. Cuatro añitos de trena pueden clavarle al pobre Gorki.

Eso sí, los eternos pelmazos (Pablo MILANÉS y Silvio RODRÍGUEZ, que -justo es reconocerlo- tanto material proporcionaron para el canturreo guitarril de anocheceres posadolescentes) no han querido manifestarse al respecto.

La verdad es que el asunto me hace pensar: ¿qué les hubiese pasado a los HOMBRES G, con su aleccionador tema Matar a Castro? ¿Ablación de genitales en la plaza pública y reclusión de por vida con trabajos forzados?

Ahí dejo formulada la pregunta. Me voy con MBO a cenar a las Playas del Ebro, mit zwei. Pasen un buen fin de semana.

27 agosto, 2008

Una de Pérez- Reverte

De todos es conocido mi aprecio por A. P.-R. y por la mayor parte de su obra; creo que ya tengo dicho que los domingos mi lectura de periódicos suele iniciarse por la de su columna en El Semanal del Oregon's Herald. Algún amiguete periodista me dijo alguna vez que, a título personal, es una persona poco conveniente. No juzgo a la persona, no le conozco. Sólo pondero su obra, y lo que he visto de ella (que es todo lo que tiene forma de libro y un porcentaje importante de sus artículos de prensa) me satisface. En particular, coincido bastante con su visión de La Patria, de mis compatriotas y de los políticos. Y con alguna cosa más. Por ejemplo, con la reflejada en este texto que tomo de Dura Lex). Me he permitido remarcar en negrita los puntos a mi juicio más relevantes del asunto. Sólo puedo lamentar que A. P.-R. haya dejado de tocar lo nauseabundo de la manipulación política que los nazionanistas hacen del problema del lenguaje (problema que no existe en la calle), ni refiere el desperdicio de recursos que supone primar artificialmente el uso -y la enseñanza forzada- de los idiomas diferenciales, ni la discriminación funcionarial -en las oposiciones para acceso de médicos a Osakidetza, el servicio vasco de salud, puntúa más saber batúa que ser Doctor en Medicina; fuente, aquí- .

Pero bueno, todo esto es menor: mi pesimismo general en cuanto a las cosas de la Patria, a la peor calidad de la cosa pública globalmente considerada, mi abominación por que respecta al Estado de las Autonomías se vuelve más y más gris cuando veo la que se viene encima económicamente hablando. Y encima, en manos de esta colección. Oh, Dios mio...


Mi propio manifiesto (I). Por Arturo Pérez Reverte


A ciertos amigos les ha extrañado que el arriba firmante, que presume de cazar solo, se adhiriese al Manifiesto de la Lengua Común. Y no me sorprende. Nunca antes firmé manifiesto alguno. Cuando leí éste por primera vez, ya publicado, ni siquiera me satisfizo cómo estaba escrito. Pero era el que había, y yo estaba de acuerdo en lo sustancial. Así que mandé mi firma. Otros lo hicieron, y ha sido instructivo comprobar cómo en la movida posterior algún ilustre se ha retractado de modo más bien rastrero. Ése no es mi caso: sostengo lo que firmé. No porque estime que el manifiesto consiga nada, claro. Lo hice porque lo creí mi obligación. Por fastidiar, más que nada. Y en eso sigo.


No es verdad que en España corra peligro la lengua castellana, conocida como español en todo el mundo. Al contrario. En el País Vasco, Galicia y Cataluña, la gente se relaciona con normalidad en dos idiomas. Basta con observar lo que los libreros de allí, nacionalistas o no, tienen en los escaparates. O viajar por los Estados Unidos con las orejas limpias. El español, lengua potente, se come el mundo sin pelar. Quien no lo domine, allá él. No sólo pierde una herramienta admirable, sino también cuanto ese idioma dejó en la memoria escrita de la Humanidad. Reducirlo todo a mero símbolo de imposición nacional sobre lenguas minoritarias es hacer excesivo honor al nacionalismo extremo español, tan analfabeto como el autonómico. Esta lengua es universal, enorme, generosa, compartida por razas diversas mucho más allá de las catetas reducciones chauvinistas.


La cuestión es otra. Firmé porque estoy harto de cagaditas de rata en el arroz. Detesto cualquier nacionalismo radical: lo mismo el de arriba España que el de viva mi pueblo y su patrona. Durante toda mi vida he viajado y leído libros. También vi llenarse muchas fosas comunes a causa del fanatismo, la incultura y la ruindad. En mis novelas históricas intento siempre, con humor o amargura, devolver las cosas a su sitio y centrarme donde debo: en el torpe, cruel y desconcertado ser humano. Pero hay un nacionalismo en el que milito sin complejos: el de la lengua que comparto, no sólo con los españoles, sino con 450 millones de personas capaces, si se lo proponen, de leer el Quijote en su escritura original. Amo esa lengua-nación con pasión extrema. Cuando me hicieron académico de la RAE acepté batirme por ella cuando fuera necesario. Y eso hago ahora. Que se mueran los feos.


Quien afirme que el bilingüismo es normal en las autonomías españolas con lengua propia, miente por la gola. La calle es bilingüe, por supuesto. Ahí no hay problemas de convivencia, porque la gente no es imbécil ni malvada, ni tiene la poca vergüenza de nuestra clase política. La Administración, la Sanidad, la Educación, son otra cosa. En algunos lugares no se puede escolarizar a los niños también en lengua española. Ojo. No digo escolarizar sólo en lengua española, sino en un sistema equilibrado. Bilingüe. Ocurre, además, que todo ciudadano español necesita allí el idioma local para ejercer ciertos derechos sin exponerse a una multa, una desatención o un insulto. Métanse en una página de Internet de la Generalidad sin saber catalán, por ejemplo. De cumplirse el propósito nacionalista, quien dentro de un par de generaciones pretenda moverse en instancias oficiales por todo el territorio español, deberá apañárselas en cuatro idiomas como mínimo. Eso es un disparate. Según la Constitución, que está por encima de estatutos y de pasteleos, cualquier español tiene derecho a usar la lengua que desee, pero sólo está obligado a conocer una: el castellano. Lengua común por una razón práctica: en España la hablamos todos. Las otras, no. Son respetabilísimas, pero no comunes. Serán sólo locales, autonómicas o como queramos llamarlas, mientras los países o naciones que las hablan no consigan su independencia. Cuando eso ocurra, cualquier español tendrá la obligación, la necesidad y el gusto, supongo, de conocerlas si viaja o se instala allí. En el extranjero. Pero todavía no es el caso.


Y aquí me tienen. Desestabilizando la cohesión social. Fanático de la lengua del Imperio, ya saben. Tufillo franquista: esa palabra clave, vademécum de los golfos y los imbéciles. La puta España del amigo Rubianes. Etcétera. Así que hoy, con su permiso, yo también me cisco en las patrias grandes y en las chicas, en las lenguas –incluida la mía– y en las banderas, sean las que sean, cuando se usan como camuflaje de la poca vergüenza. Porque no es la lengua, naturalmente. Ése es el pretexto. De lo que se trata es de adoctrinar a las nuevas generaciones en la mezquindad de la parcelita. Léanse los libros de texto, maldita sea. Algunos incluso están en español. Lo que más revienta son dos cosas: que nos tomen por tontos, y la peña de golfos que, por simple toma y daca, les sigue la corriente. Pero de ellos hablaremos la semana que viene.

16 agosto, 2008

1179

El guarismo intitulante corresponde al número de páginas de cierto producto literarioide que me he chupado en estos días.

Mis veranos, en los últimos años, suelen vestirse, siquiera parcialmente, del azul del Atlántico, un azul teñido del sabor rosáceo de las gambas de Huelva y de la languidez de lecturas sesteadas.

La saturación del sprint final juliano ha hecho que esa 'parte de mis vacaciones' pase a ser, al menos de momento 'casi la totalidad de mis vacaciones'. En el fluir pues de esta clase de tiempo flojo Hans se dedica, cómo no, a leer en cantidades industriales, item más. Por tanto, un prius de las vacaciones es saquear alguna librería. De la razzia de ese viernes, uno de agosto se siguió la adquisición de unas cuantas novelas (Lorenzo SILVA, La niebla y la doncella, Noviembre sin violetas y La Isla del fin de la suerte; Bernard CORNWELL, El triunfo de Sharpe) y un par de libros no ficción: Habíamos ganado la guerra, de Esther TUSQUETS -unas a modo de memorias de esta señora, relativas a sus primeros años, que, a pesar de que estilisticamente es un tanto torpe, lucen un contenido muy interesante; a destacar los datos sobre la Falange de mediados de los cincuenta- y Hazañas y chapuzas bélicas, de Gary BRECHER, un libro francamente interesante, muy poco políticamente correcto, muy documentado y un tanto gamberro que gustará a todos los aficionados a la cosa militar. Por cierto, que éste se lo debo a Jesús Hernández.

Ya es conocido en este foro mi gusto por la serie del Fusilero Sharpe. Creo que en Gran Bretaña se llegó a rodar una serie de televisión con guiones basados en tales novelas. Considerando lo cuidadosos que son los ingleses con las películas históricas y el aprecio especial que tienen por las primeras dos décadas del XIX estoy seguro que merecerá la pena ver los capítulos en cuestión. De momento no las he conseguido, sin embargo.

Por lo demás, convendrá antes o después dedicar algún comentario más cuidadoso al Sr. SILVA, que desde luego tiene todo el arte cuando escribe material de la serie Bevilaqua. Si buscáis policiaca patria de buena calidad, héla aquí.

En fin, el material que he citado me duró apenas una semana. El tochazo a que me refiero en el título, empero, no es ninguno de los volúmenes que he referido por ahí arriba. No. Debo anticipar que cayó en tres sentadas; una de iniciación, unas 150 paginillas, y otra de remate, las treinta o cuarente últimas. El resto corresponde a una noche en blanco. Y es que este tipo de productos tienen, cómo negarlo, su puntillo, y el tiempo es mucho más desperdiciable en vacaciones. Va a ser como una especie de quarterpounder with cheese, supongo. Quién no cae de cuando en cuando.

En fin, a lo que iba: éste es peor. El antecedente del tochazo lo leí, recién publicado en España, hace casi veinte años, después de sufrir una severa operación: regalo hecho para aligerar la convalecencia, aquél lo leí con gusto, y sigo pensando que es ingenioso y está francamente bien trabado. Éste de hoy, no. Es, insisto, un tocho, sin más. Entretiene de aquellas maneras, pero mucho menos, de veras, que cualquiera de las novelas antes citadas. Copia, sin más, el 'alma' de su 'primera parte', pero carece de su gracia, y abusa, para tramarse, de esa especie de 'doble contramarcha' que aplica a sus protagonistas: reitera sistemáticamente una estructura consistente en que después de un tiempo de penurias profundas, les 'salen' un par de cosas bien, 'levantan cabeza', y acto seguido, el destino, a través del Malo-Malísimo de Manual les aplica un severo correctivo: un buen hostión, bien canalla. Y eso, una y otra vez, encabalgando capítulos. El M-M M, por cierto, suele ser un secundario esbozado con escasa diligencia de nombre absurdo: por ejemplo, Philemon.

Y es que si, señores, si. Me he chapuzado de pueblo y me he tragado Un mundo sin fin, de Ken FOLLET y ahora puedo decirlo con conocimiento de causa: Ahórrense el esfuerzo.

18 julio, 2008

De Ciudad Real al 'Ángel Azul'



No sé si le pasa a todo el mundo. Cuando salgo de casa por la mañana se me activa una especie de selector mental de canciones random y hace que suene un tema. Hoy ha sido Marliese, una canción de FISCHER Z, banda a la que -de seguro- no conocerá ni el 15% de mis lectores usuales (básicamente, por una cuestión de edad), canción que invariablemente me lleva a Frau Dietrich, que es una señora que -como es natural y propio para un hombre de bien- siempre me ha gustado mucho.

Y no sé por qué hoy también se me ha cruzado en el camino el bló de Almodóvar. A Peeeeeeeeeeedro no le tenía yo especial simpatía, pero la cosa quedó bien definida cuando constaté su absoluta indecencia ética a través de sus manifestaciones el día del bombazo de la estación de Atocha (todavía estoy esperando que la progresía razonable (¿?) le aplique el correctivo que merece).

Hoy aún es peor la cosa. Ser indigno como es, hoy espeta esto:

Sin la luz con la que Von Sternberg iluminó el rostro de Marlene, Marlene nunca hubiera sido la Dietrich, se habría quedado en una chica socarrona tirando a gordita.

Hoy no se trata de hacer una valoración ética de Almodóvar, quien, siendo crudos, podríamos definir éticamente por lo que fue siempre: una marica* mala de Calzada de Calatrava. A efectos de un tal juicio -ético, insisto- sería por cierto irrelevante que haya hecho algunas buenas películas hace ya bastantes años. Aquí quiero simplemente ponderar su capacidad de percepción estética. ¿Puede ser el gran gurú de la sensibilidad española quien espeta semejante aberración? ¿O simplemente nos encontramos con un telepredicador socarroncete-plano-y-gordo (paradójicamente) de lo hispanocutre?.

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* Y vaya por delante que su orientación sexual (como la de todo el mundo, por cierto) me resulta absolutamente irrelevante. Una marica mala es un tipo muy concreto de persona en la que lo menos importante es de quién se enamora o con quién practica sexo.

17 julio, 2008

Orgullo y perjuicio

Para explicar lo del orgullo debe señalarse que sabido es que todo Mod es por esencia hombre orgulloso de sí. También está dicho que del orgullo y del recuerdo todo lo que puede salir es bueno (1).

Así que este su anfitrión estuvo anoche en el concierto de Paul WELLER. WELLER, The Modfather, el líder de The JAM, uno de mis grupos favoritos de todos los tiempos, el líder de STYLE COUNCIL, una de las bandas más elegantes que navegaron por los ochenta, autor de algunas de las mejores canciones power pop de la historia y tipo de notable honestidad (sin perjuicio de ser mayormente bermejuelo), que, además lleva los cincuenta tacos con mucha donosura, dejó las cosas claras: el puto amo del escenario, a pesar de que no se prodigó con muchos temas de su antigua banda. Sólo Eton Rifles, que es un auténtico himno generacional.

El concierto se celebró en el Anfiteatro de la Expo (obsérvese que todavía no se había mencionado en Vladivostok el Suceso Del Año de la Inmortal Ciudad) en una noche estupenda y con buena temperatura. Además de que el concierto fue grato por sí mismo, me lo pasé bien porque fuí a verlo con Ludwig, mi querido hermano. Mano a mano. Previamente nos pasamos por cierta sidrería donde nos embutimos un muy conveniente chuletoncito fileteado, unos chipirones a la andaluza y unas anchoas en hielo, regadas con una botella de Roda I del 2001 (el recopón). Una cena completamente Montignac, ça se voit. De ese modo enjaezados, entramos al concierto, siendo rápidamente conscientes de que formábamos parte del 5% de personas que sabían a qué iban ahí. El otro 95% no tenía ni puta idea de quién era el rubio del escenario, pero vamos, todo el mundo estaba muy contento, y había borrachos de esos que se atan la cazadora a la cintura y bailan con grandes aspavientos, movimientos espasmódicos y gran riesgo de acometimiento a quienes les rodean.

La cosa es que el concierto se regó de cerveza. Con intensidad.

Y luego no hubo más remedio que pasarse por el Blue Note y tomarse un Gin & Tonic de Citadelle (una ginebra muy bien ponderada en los medios sobre la que, de momento, me reservo la opinión) y terminar de arreglar el mundo, y concluir que en realidad deberíamos habernos dedicado ambos al rock'n roll. Ludwig es un buen teclista y un no desdeñable guitarrista. Un chico Telecaster, no sé si me explico, que debe a su hermano mayor -que coincide que soy yo- su Fender Telecaster, su primera réplica de Tele y su guitarra acústica, mi preciosa Fender Catalina negra que le regalé cuando me fuí de casa de mis padres.

En fin, que para explicar lo del perjuicio no hace falta evocar a Jane AUSTEN. Basta con señalar que esta mañana se me han puesto de punta las consumiciones de ayer, y he recordado que antier cumplí 42 (cosa que celebré -hablando de todo un poco- cenando en el pabellón de Francia de la Expo y cantando La Marsellaise. Y sí, Iván, si: algo afrancesados si que es uno...). Y que hay que ir teniendo medida si al día siguiente es día de hacienda.
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(1) Los FLECHAZOS, No voy a cambiar