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29 julio, 2007

Neo-naïf, Capote, la Stasi. Wow-Hey!

Vaya por delante: a pesar de la abundancia de cosas que tengo por leer, me he quedado atascado en un tocho veraniego que acabaré como sea, por Tutatis. El artefacto editorial se llama London, y el perpetrante es un tal Rutherfurd, Edward RUTHERFURD, que no fue capaz de contar la historia de la referida ciudad en menos de 1455 páginas (en edición de bolsillo), el muy cabrón. Así que ahí estamos. Y mira que tengo cosas apetecibles a tiro: Middlesex, recomendado por varios de mis atentos lectores (véase la entrada anterior); las Memorias de un soldado de GUDERIAN, libro que acomodará grandemente a herr Carpzovius (que voy leyendo a trocitos, eso sí, por desempalagar del coñazo londinense); un nuevo Sharpe, la Historia de Inglaterra de MAUROIS; un ensayo sobre las responsabilidades de la Wehrmacht en el Holocausto... y mil cosas más. Vaya pena, una sola vida y tantas cosas que hacer y que leer, y que escuchar.

MBO ha descubierto la virtualidad de la Mula, que, como sabéis, no me es en términos generales artefacto grato. no por nada: cada cual que haga lo que quiera, partiendo de la base de que los de la SGAE sólo merecen eso que digo yo cada tanto (palabrita de tres letras que empieza por 'g' y acaba por 's'), pero me sigue dando un cierto palo. MBO, que es más sensata que yo, se ha aferrado a la Nueva Religión del intercambio P2P, y tiene al pecé echando humo, bajando -sobre todo- 'flins' y algunos temas. De momento, tenemos The Quiet Man en versión original, así que maravillosamente. Qué grande es el cine (y John Wayne, btw).

Y de eso quería yo hablar hoy, que hace mucho que no se habla de cine en Vladivostok. La ausencia de la progenie ha dado lugar a que MBO y yo tengamos espacio-tiempo suficiente y vayamos al cine, que es algo que nos gusta mucho y hacemos poco. Tres cosas, tres: Odette, Historia de un crimen (Infamous) y La vida de los otros. Tres hijos deslocalizados, tres: UPMM se encuentra en Sevilla; UPFM, en Huelva; UPFm, en el monte montaraz. Mentiría si no confesase que les echo de menos, pero entre tanto gozamos de la ventaja de la soledad.

No hay analogía alguna entre las tres películas, debo decir. La yuxtaposición, aquí, obedece exclusivamente a eso: a que hemos podido ir a verlas: la última de ellas, por cierto, como consecuencia del fallecimiento de Ulrich Mühe, que ha llevado a los Cines Renoir a reprogramarla en Zaragotham (debió durar cuatro días en cartelera en su exhibición original).

Las dos primeras películas me traen a la memoria a Jean de BRUNHOFF y a Walter CRONKITE, y no sé si porque, cuando pienso en estos films, aparece que al fin tienen algo en común: el análisis de la relación del autor con su obra; de la implicación de la obra con la vida del autor. BRUNHOFF es un poco germen de una tendencia neo-naïf que se pre-sentó (sic) en Amelie; CRONKITE, los sesenta, la crisis de los misiles, el periodista respetable como antítesis de Truman CAPOTE. Entrambos, modelos respetados en sus respectivos negociados.

Odette no es una súper-película, pero me gustó: ella actúa de fábula, y la banda sonora (Josephine BAKER) está muy bien traida. La cinta se ve cargada por esa desaforada cursilería que sólo un francés (o, ya puestos, un belga) puede lucir sin sonrojo. Pastelosilla en el final-demasiado-feliz. Con todo y con eso, está bien verla, y me ha gustado por la relativización de la divinidad intelectual. Y no deja de ser divertida. Neo-naïf, insisto, y recuérdenlo: fue Hans quien puso la etiqueta en 26/07/07.

Historia de un crimen, es, simplemente, sensacional. Debo decir que no ví Capote en su momento, y no sé por tanto qué tal representaba Philip Seymour HOFFMAN al muy histriónico Truman, pero hay que señalar que el tipo éste, Toby JONES, sería, (y el condicional trae causa de la redundancia que evidenciaría otra estatuilla por motivo tan similar) un Oscar. Vaya por delante, además, que en esta película se ve la mejor actuación de la tendencialmente babosilla Sandra BULLOCK. Lo hace de muerte. Y qué decir de los 'secundarios': Sigourney Weaver, Jeff Daniels, Gwyneth Paltrow o Isabella Rossellini. Con dos. Olé con los presupuestos trillonarios. A partir de aquí va el spoiler en rojo, según la costumbre del lugar.

A sangre fría (In cold blood) es uno de los dos iconos midiseculares debidos a Truman CAPOTE, uno de esos escritores americanos mucho más 'oidos' que 'leidos', al menos en España. Fue publicada el año que nací, 1966. El otro es Breakfast at Tiffany's, iconizado por motivos bien diferentes, debidos en buena medida a Santa Audrey HEPBURN, la chica que nos enseñó que si Paul Warjak podía ser sensible y poco, poquísimo práctico (y mandar a hacer gárgaras su aparentemente confortable situación de gigoló de lujo) y enamorarse como un idiota de persona tan dulcemente quebradiza, nosotros mucho más: o sea, exactamente lo contrario de lo que pretendía CAPOTE. De modo que Blake Edwards ganó por goleada a Capote, y Gáliguei a Goulaili. Y es que Henry Mancini y Moon River son mucho Henry Mancini y mucho Moon River. Y el que diga lo contrario no se ha enterado de nada. Personalmente, seré fiel hasta la muerte a la memoria de Holly cantando la canción con su guitarra y, es más, creo que MBO me lo disculpa.

En fin, a lo que iba: la película cuenta cómo CAPOTE se inventa el género de novela de no ficción (non-fiction novel), a partir del asesinato a sangre fría de una familia entera (cuatro personas) en un pueblín de Kansas, avanzando desde el floreo ambiental de la alta sociedad de Nueva York de mediados de los sesenta (glorioso el tratamiento de la confidencialidad falsamente solicitada por las interfectas), hasta su confrontación, primero, con el ambiente provinciano y pacato de la aldehuela de Kansas, donde podrá lucir su destreza seductora con unos y otras, y con los asesinos, después, con quienes no valdrán sus aleteos: sólo pasar a status:reality le servirá a Truman para entrar (en sus celdas, en su manera de sentir, en su vida, en sus miserias, en su desgraciado existir -sobre todo en el de Perry Smith-), y seguidamente desgarrarse. La cosa culmina cuando les cuelgan. Aunque es una especie de pasaje recurrente en la cinematografía comprometida americana desde hace ya bastantes años, creo que la imagen del ahorcamiento del primero de los asesinos podría exhibirse en los Colegios e Institutos patrios de hoy en día, llenos de gente que considera que la pena de muerte es algo adecuado.

Grande yo al salir y decirle a MBO 'cuánto se parece el actor que hace de Perry al último James Bond'. En fin: que la pelicula es la puta bomba y que hay que verla, y seguidamente comprarse alguna cosa -alguna novela- del biografiado.

Tercer largometraje disfrutado estos días de noviazgo revisitado (por cierto, que la cena de antier en el Aldaba, con un Montecillo Gran Reserva 1994 y con todo lo que al amparo de esa botella se ventiló, por contundente que fuera, fue un valor en sí mismo. Grande MBO) ha sido La vida de los otros. El cine alemán tiene su aquél, o al menos siempre lo ha tenido para mí. Como primera medida, y para confrontarla (sólo desde un punto de vista argumental. Estéticamente la cosa es de otro modo) deberán Vdes. poner entre sus referentes Good-bye, Lenin, que de algún modo es el reverso luminoso de esta película. De esta extraordinaria película. Donde G-B L es jocosa, aquí la cosa es sórdida, triste. A la salida hablábamos MBO y yo acerca del hecho de que el retrato fílmico a toro pasado de toda dictadura tiende a ser gris, muy gris, cosa que, a mi juicio, no coincide con la realidad: la gente tiende a buscar sus ámbitos de felicidad más allá de lo público, y por dura que sea la represión, las personas se ubican en paraisos personales, o, acaso, familiares. Para MBO el retrato que ofrece La vida de los otros es gris porque la RDA (DDR) es gris, y eso no hay Dios que lo resuelva. Y es cierto: Pankow era gris: mucho. Una de las fortunas que he tenido en mi vida es conocer la DDR, Checoslovaquia y Yugoslavia antes de. Spoilearé seguidamente, como siempre en rojo.

La película refiere cómo al Capitán Gerd Wiesler (HGW XX/7), de la Stasi, le es encomendada la vigilancia de un dramaturgo, cuya novia es pretendida por un ministro del Gobierno. La constatación de la manifiesta injusticia de tal hecho y la ignominia que supone convertir al Escudo y la Espada del Socialismo en una alcahueta poderosa, torturadora y cruel, hace que nuestro héroe vaya evolucionando de la más profunda convicción socialista a una demoledora puesta en cuestión de ideales. Gerd salvará al dramaturgo con torpeza en un primer momento -desencadenando, así, la tragedia- y con arrojo y autoexposición después. Hay un remate, un último segundo de la película, que me gusta: 'Es para mí'. Todo el círculo se cierra, y el capitán, hombre honesto, se ve de algún modo recompensado.

La historia no es ni nueva ni original. Lo novedoso es el contexto en que se expone: ni el poder, ni la riqueza ni la belleza que se muestran llegaría a un 5.5 sobre diez en nuestra escala de valoración de magnitudes de semejantes referentes, y estamos hablando de 1984. Es un año que recuerdo, y sé que las cosas, aquí, no eran así: aquí ya había color (y me refiero a las tres cosas). Realmente, me ha encantado que me suministren otra argumentación más para defender la idea de que las memorias históricas recentísimamente pretendidas por gentuza con torticeras voluntades (o familiares de perjudicados que se dejan manipular) no son si no idioteces: dejémonos en paz. Las historias inmediatamente anteriores a 1990 han sido apart(c)adas en Alemania. Es necesario. ¿Para qué coño revolvemos historias de 1936, si no para distraer nuestra atención de cosas realmente importantes?.

De todos modos, lo realmente importante es que la película es fantástica, y su banda sonora tiene, exactamente, el tono de gris rata que hace falta, salvo cuando suena la sonata para un hombre bueno, en cuyo momento es, simplemente, muy inquietante. Muy para poner de manifiesto la excepción, muy para golpearnos con la sensación exacta de miedo que el hombre bueno pasará en entornos de miseria moral.

Id a verlas. Sobre todo la segunda y la tercera, de veras.