15 noviembre, 2005

Un día de todos los días.

Iba a titular esto A Day In The Life, por la canción de los Beatles, pero he sido tachado de weird por mi admirado Cranston Snord en otro foro. Así que lo dejamos estar, voy a pasar una temporada a régimen de inglecilidades. Una lástima, es mejor el título que había pensado ab initio, pero, qué le vamos a hacer, soy un influenciable de mierda.
Hoy -como ayer- han sido días de esos: un día en la vida, un día de todos los días. Nada más que mucho trabajo no excesivamente interesante. Dos días ramplones. Peores, pues no he visto apenas a MBO, que anda también de medio lado por obligaciones laborales propias y derivadas. Tremendo. A lo mejor esta noche, a las doce y media o cuando llegue, podemos hablar del estúpido profesor de UPFM que me ha llamado al móvil a interesarse por qué UPFM emplea pegamento Imedio "cuando ya sabe Vd. las connotaciones de ese pegamento". Joder. Joder. Ayer -al menos- pude hacer ciento cincuenta kilometrillos en el apero, con fondo musical de Franz Ferdinand y el Breach de Wallflowers.

Leo a Fred Vargas, un descubrimiento de MBO (que nunca deja de sorprenderme, en general, y con sus hallazgos literarios, en particular).

La Vargas (Fred viene de Fréderique) es escritora fina de policíacas (Polar, que las llaman los galos), género que como es sabido me apasiona, y encima es editada en España por Siruela (cosa que aporta placer estético complementario al literario. Me hace pensar en la novela de los bibliófilos cuya gozosísima lectura -por cierto en algo así como hora y media- debo a Wendy).
Primera prueba, en apenas tres sentadas: Huye rápido, vete lejos. Excelente. Tiene un personaje -que no es el protagonista en rigor, pero si es fundamental: el pregonero- cuya sola introducción en una novela en tiempo presente en sensacional. El argumento es suficientemente complejo para obligar a paños largos de lectura, sin ser engorroso. Tiene, además, un elemento historicista que lógicamente me ha resultado muy atractivo, pero es que, además hace días que no veía en policiaca una descripción del caracter de los secundarios tan acertada, tan fina, tan seductora: me ha gustado poder recrearme en párrafos de ese contenido.

Hoy comía tarde y solo. Tenía una reunión a las 17.00, de manera que he alargado la mañana hasta las 16.00, y me he ido a comer un poco de dieta mac-iterránea. Con mi cuarto de libra, mis piecillas de pollo con salsa barbacoa y cantidades industriales de coca cola dietética, así como Los que van a morir te saludan (otra novela de Mm Vargas) me he sentado en la mesa congelador junto a la ventana. Apenas he podido leer dos paginillas, no me han dejado.
No había nadie. Sólo dos chicas de como dieciséis, diecisiete años. Una estaba leyéndole a la otra un horóscopo del Veinte Minutos, del Metro, algo así. La oyente no entendía nada. La lectora leía a trompicones, cortando las frases a mitad, atorándose en cualquier palabra de más de dos sílabas. Analfabetas funcionales, de verdad. No es que haya escuchado la conversación, simplemente hablaban MUY alto y no había nadie más. Lo tremendo de la conversación es que su contenido (¿?) era el perfecto vacio. Nada. He estado como diez minutos atosigado por el sonido de voces humanas que no transmitían nada, "tía, jo, tía, có"

En un momento determinado, entre cigarro y cigarro (que consumían, inmediatamente después de sendos helados de esos del McDonald's, en medio de una conversación sobre sus respectivos gripazos catarrosos tremebundos que se manifestaban espúticamente de modo constante) una de ellas se ha levantado y me ha preguntado "¿Lleva hora?" justo cuando yo estaba masticando algo. He levantado la muñeca para que pudiese verla en mi reloj, obviamente analógico. "Es que no la entiendo así", me ha dicho. El susto me ha hecho tragar de golpe lo que fuese a riesgo de mi vida. "Si -aghs-, son las -cof,cof- cuatro y cuarto". "Vale".

Me he ido pitando a mi reunión por miedo a empezar a pensar que algo en esas zombies vitales es normal; al menos he podido -contra mi lamentable costumbre- llegar antes que nadie. Llevo toda la tarde administrando cosas que traen causa de análogas zombieidades. Empieza a ser preocupante. Y -lo que es peor- escasamente interesante.

9 comentarios:

Xurri dijo...

Tomo nota de las recomendaciones literarias. Esta y la otra.

Casi me atraganto con el desayuno-comida-merienda-cena (un prodigio de economía cronológica) que estoy tomando mientras leo a las 09:36 PM del 15 de Nov un blog colgado a las 10:00 PM del 15 de Nov -en el cual, pasmosamente, dos tías no saben leer el reloj.

Creo que tampoco entiendo nada... ¿será la mala alimentación? ¿o la hora digital, que no acabo de pillar??? Serán las secuelas de un día habitual...

Barrio sésamo tenía su función pedagógica, está claro.

Hans dijo...

Yo simplificaría mis inquietudes, querida Xurri: la cosa está escrita como a las 20.00 así, así que algo he debido romper par que haya salido a las 22.00. In dubio pro cybertorpeza, o sea.
Besos.

Palabra: GTOXYR. Gin toxic/gran turismo omologato/gy rapid

Exagerada dijo...

Llevo toda la tarde administrando cosas que traen causa de análogas zombieidades????????????
Anda, Hans, dime esto en inglés que así no lo entinedo, anda, porfaplis, jo tío, o sea, traslatemelo.

Wendyqueridaluzdemivida dijo...

Me declaro analfabeta funcional, jo, tío: "Ten en cuenta que es mucho más importante que te conozcas a ti mismo que darte a conocer a los demás. Reflexiona".

No, no son sabias palabras de Confucio, es el horóscopo del MetroMadrid y el que lo ha escrito es un jubilado muy listo que cree haber descubierto la rueda.

Ahora me debato entre los Cuentos de Canterbury y El hombre que fue jueves...

Eso, eso ¿¿zombiedades??

juan dijo...

menos mal que te he leido porque estaba a punto de hacer una compra en mi habitual librería online cuando me he dado cuenta de que se me habia olvidado el libro de Madame Tirite o como se diga en francés.
De todas maneras, lo que me extraña de tu comida con las dos troncas esas es que no te hayas puesto tan contento pensando lo que molas tú en comparación. A mi me dan ganas de hincarme de rodillas y cantar salmos.

Hans dijo...

Exagerada, Wendy,

Como sabéis, en este blog se mantienen pocos secretos -más bien, discreciones- acerca del autor (que coincide que soy yo).
Uno de esos es aquello a lo que Hans se dedica profesionalmente.
En la tradición internáutica pre-blogger de "Hans", éste decía ser vendedor de coches de segunda mano en un pueblecito 75 millas al suroeste de la Capital de New Hampshire (Dover), pueblecito naturalmente inexistente que denominé "Vladivostok", inventándome que dicho nombre obedecía a la generosa emigración de origen ruso del lugar.

En otros casos he dicho (sin faltar estrictamente a la verdad) que era músico, más exactamente guitarrista de una banda de rock'n roll.

Al final siempre acababa contando la verdad (esas cosas sólo eran divertidas un rato)

Lo que pasa es que aquí no me apetece hablar -de momento- acerca de aquello a que me dedico, y eso impide que os pueda explicar qué es lo que hice hacer con precisión.

Zombieidades son cosas que hacen los seres humanos que se comportan como zombis. Actos tendencialmente poco "espabilaos".

Juan, tienes razón, pero pierde cuidado: los zombies no son conscientes de su lamentabilidad, antes bien todo lo contrario. Eso los hace tan peligrosos.

Pasaba por aqui dijo...

He llegado a su blog por casualidad y me ha parecido muy interesante. Sin embargo, como antiguo usuario de pegamento Imedio (su olor me trae recuerdos de aquellos tiempos en los que la Playstation no existía) no consigo entender qué connotaciones puede tener.

Hang Tucker dijo...

Pues mal hecho, Hans. Hoy leí un editorial que decía "todos debemos asumir nuestras responsabilidades... etc." De manera tal que ahí mismo debieras tomarte el tiempo necesario para enseñarle a interpretar las agujas a esas niñas. No es bueno que anden por ahí sin saber eso.

Hans dijo...

P.P.A.: Muy agradecido. Yo tampoco entiendo las connotaciones. Tiendo a pensar que el profesor debería más bien dejar sus propias drogas o tomarse la pastillita roja.

Y Hang: Si, y luego me denuncian por abuso de menores y, muy a la americana, me sacan la panoja que no tengo. Quita, quita.