17 octubre, 2005

Domus Hansis I. (Con un anexo: "Patologías masculinas I: Idiocia unifamiliaris")

[Intro: vaya por delante que cada uno se suicida como quiere (imperativo categórico haseático) y que lo que seguidamente se cuenta sólo es una apreciación en relación conmigo mismo. Es muy probable que haya gente para quien el unifamiliar sea una solución sabia, sensata, grata. Not for me, be sure about it]

MBO y Hans casaron jóvenes, como resulta relativamente obvio, y se fueron a vivir a uno de esos sitios a los que jamás Hans hubiese pensado en ir a vivir en Zaragotham. No es un sitio especialmente "malo". Es más bien un sitio sin gracia ninguna. Trato de pensar cual es el equivalente matritense (dada la abrumadora presencia de capitalinos en la blogosfera); podría ser Chamberí, pero Chamberí tiene cierto encanto, y esto no. Soy incapaz de transponerlo a Barcelona (lo advierto por la no menos abrumadora presencia de barceloneses en la blogosfera y por el debido equilibrio).

Digamos que me perdió una apreciación parcial del inmueble; éramos dos, y me guié por la constatación de que era un dúplex grandecito, con dos plazas de garaje, con el piso de arriba abuhardillado (un dormitorio de buenas dimensiones y un estudio coquetón en que se instaló un amueblamiento-de-librerías-hasta-el-techo-abuhardillado muy chulo y aparente, donde, reconozcámoslo, yo pensaba que iba a escribir la Gran Novela Europea Del Principio Del Siglo XXI) y con la posibilidad, en la planta de abajo, de tirar una pared y juntando un dormitorio hacernos una cocina con office chulísima, que fue siempre la envidia de todos nuestros amigos. Mi casa estaba bien. El sitio concreto de Zaragotham en que se ubicaba, no.

La llegada de los niños puso de manifiesto que nuestro encantador piso grandísimo para dos se hacía progresivamente insuficiente, evolucionando hasta casi-enano, y además se carecía de parques&jardines ad hoc a proximité. Esto es imprescindible con progenie, se lo digo por si no lo saben.

En aquel momento sufrí un síndrome que luego he sabido habitual entre los machos de la especie en esta compleja era: la idiocia unifamiliaris, en su variedad más virulenta: Idiocia unifamiliaris cum autopromotionis. En esta variedad, no sólo resulta que un urbanita puro y duro (yo, paradigmáticamente) osa pensar que
a) va a estar muy bien segar la hierba del jardicillo de la entrada, y;
b) dicho jardincito de la entrada estará muy bien con un prunus pisardi (sea eso lo que fuere);
c) Además de todo eso, y visto lo que hay en oferta en el mercado inmobiliario, sufre la pulsión del buscador de cuevas adecuadas (cro magnon puro, señores!), y grita: AUTOPROMOCIÓN!!!!!!!!!!.

Y compra suelo. Y busca arquitecto, y discute sobre volumenes. Y solicita licencias, encarga proyectos de telecomunicaciones, busca botelleros para la bodega y fabula con cómo albergará dicha bodega ("pequeña-pero-de-verdad-para-guarda-no-para-meriendas-horteras") sus más preciados caldos, valúa las ventajas de cada uno de los elementos de la alternativa foso/estudio de ensayo-y-grabación, diseña la neolibrería de muchosmetrosdealtura que cubrirá la pared de doble idem, elige interruptores megamodernos...

Hice todo eso, he de confesarlo. Lo hicimos, en rigor, tanto MBO como yo.

En un momento determinado me entró el sentido común (única vacuna conocida contra la idiocia unifamiliaris variedad autopromotionis) y, en medio de la debacle arquitectural, ingenieril, de estudios geotécnicos, etc, etc, concluí que "mientras tanto" no sería mala idea buscar una casa más grande en el centro (donde yo había vivido toda mi vida prematrimonial), irnos alquilados el par de años que quedaba hasta la conclusión de la obra...

MBO aplicó en ese momento su tesis Campaña de Rusia, y operó como suele: empezó a buscar y visitar con rigor germánico, uno tras otro, todos los pisos que cumplían los requerimientos preestablecidos.

Y, un día del verano, por la mañana, me llamó y me dijo -cual si en un bolero viviésemos-:"ven".

Entré al piso. Un décimo con tres ventanas en el salón, la mejor de las skylines posibles proporcionada por un tal décimo con la orientación correcta en Zaragotham. Y unos ciento setenta metros de urbana belleza.

El urbanita que soy cayó rendido con armas y bagajes ante tanta y tan céntrica hermosura. Ese mismo mediodía nos tiramos en plancha sobre los arrendadores y les hicimos firmar, casi con violencia, el correspondiente contrato de arrendamiento.

Claro, en aquel momento yo pensaba todavía en las virtudes de tener un garaje para tres coches, poder -Ah, envidiadísimo Juan...- afinar los carburadores de un clásico deportivo (el centro-centro de Zaragotham hace que incluso la mierda-plaza-parking-actual-para-un-solo-coche sea un lujo cósmico). Pero también es cierto que mi yo-esquizoide (más bien quadrophenico, en realidad, por modtivos obvios;-D) veía con muy buenos ojos los anocheceres con la skyline de fondo y no acababa de ver qué tal se viviría sin su diaria dosis de asfalto inmediato.

Un día, MBO me espetó "De esta casa sólo me sacas con los pies por delante". Urghs. Desmoronóse la fantasía chalética: mi yo-en-mí (Chequéense Vdes. Sein und Zeit para captar eso) volvió a su ser: "Pero ¿te has vuelto idiota? ¿Un chalet? ¡¿Segar?!". Mi ser consciente repasó mi nunca escrito ensayo "Aproximación a las causas de divorcio, I: De la obtención de nueva vivienda conyugal/familiar mediante autopromoción".

Sin embargo, uno (que alguna cosita ha negociado en su vida), se veía en la tesitura de:

a) Deshacerse del suelo, los proyectos, las licencias;
b) Convencer a la propiedad del citado piso de que le interesaría enajenarlo (no explicarle que a mí me interesaba comprarlo), pactar un precio civilizado, obtener financiación, formalizar la escritura pública de compraventa, y -last, but not least-
c) Convencer a la progenie de que no nos íbamos al chalet.

Urghs, claro.

(Continuará)

12 comentarios:

négligé dijo...

Lo del chalet es un coñacito, a no ser que tengas jardinero. El nuestro en Coruña se llamaba sr. Avelino y era un manazas. Pero el césped lo cortabamos airgamboy y yo al módico precio de 500 pelas parte de arriba, 500 la de abajo.
Lo del chalet es un coñazo, en serio

Hans dijo...

Gracias por el apoyo motal, Negligé... no se vayan todavía, aún hay más ;-D

Xurri dijo...

Si egggqueee... a quién se le ocurre, hombre, la unifamiliar, pudiendo habitar 170 metros en el centro...

Qué ganas de tomar el sol junto a una tapia maldiciendo la barbacoa del vecino, los adorables chillidos histéricos de sus UP varios en el jardín y el ruido de la motosierra repasando el seto.

Y esas lumbalgias del cesped...
Y esas gonartalgias de las escaleras upstairs & downstairs... y esa manía de las UP de bajar a la bodega para fiestorros cuando no estás, o de aparcar apoyada en el apero GLS la bici (jo, no te pongas así, que es que tenía prisa). Y la canasta en el tabique exterior de la cocina, para amargarle a Paola el prosecco mientras guisa...

Todo ello en el supuesto que jamás acabasen las obras y no hubiese que recurrir a la trata de blancas o similar para satisfacer los pagos.

No hombre, no. Piso en el centro, va usted a parar.

Eride dijo...

Lo de la progenie está chupado. Nene, de aquí a X tiempo vas a querer salir con los amigotes y la moto por encima de mi cadáver (me defenderé con el de tu madre, que lo sepas). ¿Quieres tener que volverte cuando acabe el telediario, que es la única hora en la que pienso ir a por ti?

Exagerada dijo...

No sabes cómo me suena esta historia, jajajajajajaja!!!! Increíbles semejanzas guapo. Increíbles.

juan dijo...

aaayyy esos problemas de las clases acomodadas. Todo lo que dices es cierto como la vida misma, y no menos cierto es que la que tiene razón es tu santa. los chalets, a no ser que sean de tamaño demencial, con foso y dragón y un ejército de servidores dispuestos a escardar un cebollino al menor gesto, no sirven para nada. Viva el asfalto, la polución y las vecinas que se cambian de ropa con las persianas bajadas.

Hans dijo...

Nah, nah de clases acomodadas, como se explicitará en la parte II. Eso sí, acierta V. de pleno con la descripción de único "chalecito" admisible, y sobre todo con la dotación de recursos humanos imprescindibles para su debida atención y mantenimiento.

e-jay dijo...

Ahora dispongo de una terracilla con unos m2 de césped y me da por saco cada vez que lo veo.
Cambiaba mi terraza por un ventanal al Retiro ya!!
Y me temo que si perteneces a las clases acomodadas, aunque no quieras.

dwalks dijo...

yo, como futuro (pesados de la promotora mediante) propietario de un miniapartamento de unos cuarenta metros útiles en una zona de Madrid que no es ni mala ni buena, concebido para una copulenta vida de soltero, esperemos que unas cuantas vecesvecesveces, y onanista, supongo que otras muchas, me declaro incompetente para opinar sobre tu situación

Hang Tucker dijo...

Hans, por favor... me decepcionas. MBO tiene un voto más.

Hans dijo...

Xurri: sí. Lo sé. No doubt, tienes razón. Esta entrada constituye en sí un momento de autoironía coreana (digamos "¿cómo pude ser tan canelo?"). Eso sí, si alguna UP osase apoyar la bici sobre el apero practicaría el vuelo libre desde el décimo, ¿Ves tú? Utilidades insospechadas de la urbanidad bien entendida.

Eh, eh, Don Hang, que MBO tuvo parte de culpa en el comienzo de la locura unifamiliárica, y fui en realidad yo quien inició la puesta de coto a tamaño desafuero.

Eride, hablaremos de las "amotos" en otro lugar. Urghs.

Exagerada, querida... ¿y conseguiste tú salir del lio? ¿Eins? ¿Eins?

Ah, Juan: supongo que te referías a las persianas SUBIDAS ;-D

E-Jay, como hablaba hace unos días con otro muy querido contertulio de esta esquina de la blogosfera, ha de entenderse la opulencia como aquello que habilita para NO VOLVER A TRABAJAR. Y eso, para mí (nosotros), es absolutamente imposible (por al menos tres contundentes razones. Estoy seguro que Dwalks, por ejemplo, tiene muchos menos problemas)

No se pierdan la segunda parte!

Exagerada dijo...

Pero Hans, guapo, si estoy justo en el medio... Esperaba tus respuestas para copiarlas!!!!