06 febrero, 2007

Indonesia

Hay quien dice esas cosas de que Quieta Leona habría de tener su propio blog. en esos caso, la susodicha siempre dice eso de 'quita, quita, bicho'.

Lo cierto es que la niña también escribe bien, y como quiera que éste su anfitrión no tiene tiempo, ganas ni ánimo últimamente para actualizar a un ritmo civilizado, aprovechando una inciativa muy 'lorzagirl' procedo a transcribir, con una mínima censura, un e-mail que recién me ha enviado mi amada.

Ñoras, ñores, con Vdes. MBO, a.k.a. Quieta, Leona live from Indonesia (y es que en esta semana tan buena, resulta que MBO hubo de irse a las Indonesias a hacer unas gestiones. Los clientes tienen esas cosas).

Aunque quede un poco largo, os voy contando poco a poco mi "diario de viaje"

Yakarta, día 1 (4 de febrero).
Después de hacer escala en el aeropuerto de Singapur, tomamos nuestro último vuelo a Yakarta, donde teníamos previsto hacer noche, ya que llegábamos demasiado tarde para enlazar con el último vuelo a Surabaya. El sábado leí en el aeropuerto de Frankfurt que Yakarta acababa de sufrir la semana pasada las peores inundaciones de los últimos 5 años, lo cual verificamos en el trayecto desde el aeropuerto al hotel: autopistas anegadas con más de medio metro de agua, carriles enteros cortados y circulación en modo hovercraft durante más de 5 kms, pasando muchísimo miedo por las motos que nos íbamos encontrando haciendo aquaplanning a medio metro de nosotros, con grave riesgo de la vida de sus ocupantes.
Una vez en el Hotel “
Le Grandeur”, nombre pretencioso donde los haya, comprobamos que los indonesios son muy sonrientes pero nada eficaces: tras media hora perdida para hacer el check-in, llegamos a nuestras habitaciones (grandes y cómodas) de la planta 14. La recepcionista modelo “sensual geisha” que nos ha acompañado a nuestras habitaciones (maquillaje perfecto, falda larga y ceñida con gran abertura lateral para lucir pierna, etc., etc.,), me dice al despedirse de mí en mi habitación: “Srta.*****, parece usted una estrella de cine”, lo cual me habría arrancado unas risas de no ser por la auto-consciencia: llevo 32 horas de viaje, 24 horas sin duchar, la cara lavada y un empane mental y físico que no esnormal.
En la habitación compruebo que no han subido nuestras maletas. Aunque sólo llevo una hora en este país, algo me dice que no van a llegar por las buenas y después de 32 horas de viaje, yo solo pienso en una ducha, así es que vuelvo a recepción para descubrir que hay dos mozos tranquilamente sentados junto a nuestras maletas, sin intención de subirlas; les saco de su error y por fin, ducha reparadora.
La operación “
por favor, recomiéndenos un restaurante de comida tailandés donde podamos comer pescado y que no esté lejos del hotel”, acaba en desastre. Los taxistas se niegan a llevarnos porque todo el centro deYakarta está inundado. A todo esto, he podido observar un ejemplar de cucaracha rubia tamaño “paloma de La Haya” pululando tranquilamente por elexterior de la puerta del taxi. Ante la imposibilidad de localizar un restaurante, decidimos pasear un rato y ver si encontramos un sitio apetecible, pero nuevo fracaso: Yakarta es una ciudad “moderna” en el peor sentido de la palabra: nuestro hotel está rodeado por al menos seis gigantescos malls, pero como cierran a las19:30 y ya son las 21:15 hora local (vosotros estaréis comiendo ahora en Zaragotham), las calles están desiertas, salvo por tenderetes de comida; taxis-carricoche herederos de los rickshaws hindúes, pandillas de indonesios de aspecto dudoso y alguna rata que huye de las inundaciones, por lo que opto por insinuarle a [cliente] que todo aquello posiblemente tenga mejor aspecto a la luz del día y que mejor nos volvemos a cenar al hotel (no nos habíamos alejado ni 300 metros). Así lo hacemos y cenamos con un programa de variedades indonesio en la enorme televisión como fondo. Yo, que desde ayer al mediodía no he comido más que bocadillos, mataría por algo de pescado o de verduras, pero ante la cantidad de salsas dudosas que ofrece la carta, opto por una carne y no me equivoco; [cliente] pide el plato de pescado local, que me hace probar ycasi vomito: en una salsa con consistencia de gelatina, flotan unos“noodles” grasientos y encima de ellos unos trozos de pescado prescindibles; su aspecto es repulsivo y su sabor no aporta nada a la cocina mundial. Me estoy muriendo de sueño, así es que acabamos pronto y nos vamos a dormir, no sin antes escribiros esta nota que os enviarécuando pueda conectarme gratis. Buenas noches a todos.

(23:45 h en Yakarta, 17:45 h. en Zgz).Yakarta-¿Surabaya?, día 2 (5 de febrero)

Después de dormir como una bendita, suena el despertador a las 6:50.Resulta curioso mirar el reloj (que no he sido capaz de cambiar a la hora local, qué inútil soy, Dios Mío) y comprobar que sólo son las 12:50 de lanoche en casa. Unos se van a dormir y otros se levantan, c´est la vie…El desayuno ofrece toda clase de posibilidades indonesias, pero mi estómago no está para experimentos a estas horas, así que me limito a unos pseudo-huevos fritos, tostada y café con zumo. Tras mucho dudar, añado una fruta, que me da un poco de repelús porque ya estaba cortada y servida, algo totalmente contrario a las normas internacionales de prevención de la gastroenteritis, pero me animo pensando que estoy en un hotel de 4 estrellas en Yakarta y que llevo dos días sin probar la fruta. Mañana veremos los resultados. Tras el check-out, operación de apariencia sencilla pero de complicada gestión en Indonesia, al parecer (Por favor, ¿puede expedirme la factura al nombre de la empresa que consta en esta tarjeta…? Me temo que no puedo hacerlo sin consultarlo a contabilidad, señora.. Bien, déjelo estar), tomamos un taxi para hacer un poco de turismo (nos desaconsejan vivamente andar, pues las calles están inundadas y nosotros, como buenos occidentales, ponemos en duda esas advertencias –“exagerados!”- y comprobamos cómo los vehículos de 2, 3 y 4 ruedas pueden convertirse perfectamente en anfibios: espero que salgan las fotos que he tomado desde el taxi, pero el agua nos llegaba a la puerta, el caos de la circulación era tremendo, con gente andando con el agua por las rodillas, motos haciendo acqua-planning, gente sacándole partido a las inundaciones vendiendo barcas de goma a los sufridos conductores y los cruces…
Bueno, en los cruces yo cerraba los ojos para prevenir el infarto (ojos que no ven… infarto que evitan), pues veía cómo desde todos los puntos cardinales venían miles de motos, coches, taxis, carricoches, autobuses, camionetas y cualquier cosa susceptible de ser propulsada sobre algún número indeterminado de ruedas, y allí nadie reblaba, en el último momento todos hacen un hábil quiebro y no pasa nada… He reflexionado mucho en ese trayecto sobre las normas de seguridad viales en nuestro país. Creo que proporcionalmente, el caos provoca menos accidentes.
Tras ver la Catedral católica –Nota histórica: al parecer, en Indonesia la Iglesia Católica contribuyó destacadamente a la Independencia respecto de los holandeses-, pastiche infame por fuera, de estilo pseudo-gótico con cemento imitando piedra, pero con un bonito artesonado de madera por dentro, intentamos ver la Gran Mezquita que estaba enfrente, con capacidad para 400.000 fieles, pero estaba cerrada. Antes de proseguir, inciso: para ir de la Catedral a la Mezquita sólo hay que cruzar la avenida. Parece sencillo desde nuestra mentalidad occidental, pero a mí la operación me ha costado 20 minutos, mientras que
[cliente], que ha venido unas 10 veces a Indonesia, ha cruzado sin pensárselo, al tiempo que yo le gritaba que no he venido a las Antípodas a morir atropellada. Hace unos días leí no sé donde que la primera causa de muerte de turistas en países del Tercer Mundo es el atropello, y os juro que me lo creo: no existen pasos de peatones, no hay semáforos –y cuando los hay no funcionan- y en todo momento hay unos doscientos vehículos de toda cilindrada y pelaje que vienen a toda leche desde todos los puntos… El infierno.
Hasta ahora no he mencionado el calor: no hará más de 28/30 ºC, pero no se parece a nada que yo conozca; la humedad es terrible y la sensación de ahogo, de laxitud de todos mis músculos y de que me voy a morir de sed en cualquier momento, me tiene frita.
En estas condiciones vamos a visitar el Monumento Nacional, otro pastiche infame en forma de obelisco con llama dorada en su cima, que encierra un Museo con la Historia de Indonesia en un centenar de dioramas mal iluminados y a cuya cúspide se puede subir; esto me anima, pues a mí siempre me gusta subir a lo alto. Desde allí disfrutamos de una panorámica de Yakarta, ciudad inmensa cuyos límites no se aprecian y fea de narices: rascacielos y chabolas frente a frente, suciedad, miseria y decrepitud por todos lados.

Me ha salido una rozadura, tengo sed, estoy sudando y quiero largarme ya de Yakarta, así que convenzo a [cliente] para volver al hotel y marcharnos al aeropuerto cuanto antes, alegando que las inundaciones nos van acomplicar los trayectos, como así es, en efecto. Tras recoger las maletas, volvemos a disfrutar de un trayecto “anfibio” al aeropuerto, donde conseguimos cambiar nuestros billetes para adelantar el vuelo a Surabaya, lo cual parecía una idea excelente al principio, pero fue un inmenso error, como se demostró más tarde.

INTERMEZZO: BALI El vuelo que debería haber despegado a las 15:00 lo hace a las 15:45. A unos 10 minutos de nuestro destino, nos informan por megafonía de que el tifón que ha asolado Yakarta está sobre Surabaya y que no podemos aterrizar, por lo que nos llevan…. A BALI!!!!En otras circunstancias, hubiera dado saltos de alegría… Bali, también llamada “la isla de los Dioses” por su belleza, pero claro, no es este el plan. Aterrizamos en Bali y al menos disfrutamos de una hermosísima panorámica de la isla desde el aire, con playas bellísimas, volcanes azules rodeados de nubes, casas maravillosas…. Y una pista de aterrizaje ENANA que acaba en el mar. Por un momento pensé que estar a punto de morir dos veces en un día es un plan de lo más chungo, pero el piloto consigue frenar el avión a tiempo y veinte minutos después –sin salir del avión-, nos informan de que volvemos a Surabaya. Tras otro trayecto infame en medio de una lluvia brutal, llegamos al hotel: después de 5 vuelos en dos días, esta vez sí que sí: el Shangri-La es un hotel estupendo, donde ya en la recepción comprobamos lo que es el lujo asiático: mientras hacemos el check-in, nos dan unas toallas impregnadas en perfume para que nos limpiemos las manos.
Mi habitación está en el piso 17 y es inmensa y llena de lujos, entre ellos, una bandeja de frutas tropicales para mí solita, así que no me voy a quejar.
[cliente] me mete prisa pero como estoy hasta las narices (y aún no hemos empezado atrabajar), decido que me tomo una hora entera para ducharme y, ya de mejor humor, bajo a reunirme con él y con [cliente adjunto], el [horticultor de pequeñas plantas de jardín] que llevará todo el peso de la reunión mañana y que lleva 3 días aquí…Una hora después [cliente adjunto] no ha aparecido y el bueno de [cliente]–su jefe- no se ha traído su teléfono (sin palabras). Después de varias llamadas, me contesta la novia indonesia de [cliente adjunto] diciéndome que éste está enfermo. Lo primero que pienso es que han tenido un accidente de coche, algo lógico después de lo que llevo visto hoy, pero no, [cliente adjunto] ha cogido la gripeindonesia, por lo que me voy a cenar con [cliente] al buffet del hotel.

[Dwalks, Would], esto va por vosotros: hubierais disfrutado de lo lindo en este buffet, no sólo era bonito y bueno, sino también abundante: la sección de postres incluía todo tipo de helados, golosinas, pasteles y fruta cortada y pinchada para mojar en una salsa de chocolate que manaba de una fuente… Im-presionante. Mañana bajaré a hacerle fotos. Yo he comido un pescado buenísimo que me han dicho que era carpa, ahumados, sushi, unos embutidos muy buenos y unas ensaladas diversas sobre las que no me he atrevido a investigar. No está mal, teniendo en cuenta que hoy no he comido desde el desayuno, pues nos hemos saltado la comida.Y bueno, me he bajado al lobby a chupar gratis la conexión wi-fi deInternet, porque en mi habitación pretenden cobrarme 6 $ por hora deconexión… LADRONES...


En fin, lo mejor de todo es que MBO acaba de llamarme para decirme que mañana, gracias a su impar destreza en las gestiones de este tipo, inicia el regreso.
Yo quería hablaros de Dreamgirls, de este fin de semana de muchos coches en Zaragotham, de algún libro que estoy leyendo... pero me puede la sobrecarga de trabajo y la -para qué eufemismos- mala hostia general. Así que de momento no.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Impagable relato.

Felicite a la presidencia de mi parte, y de parte de la paloma de la Haya.

Impagable.

Ah, y le debes a QL un viaje a Bali.

Hans dijo...

Ah, el encanto de la The Hague's Pidgeon, conocida también como cow-pidgeon...

Y si, probablemente lo de Bali haya que planteárselo. Algún día. Yo, de momento, quiero volver a NYC.

mila dijo...

Menos mal que el asunto mejora un poco hacia el final, sobre todo en lo que se refiere a temas gastronómicos...
Dile a la autora que sus fidedignas descripciones me han decidido a atrasar unos tres puestos Indonesia de la lista de "viajes pendientes".
Y deséale buen regreso.
Pd.
vaaaaa, dinos algo de dreamgirls, que será divertido.

Hans dijo...

Bueno, lo cierto es que en el último momento MBO se puso malísima y el viaje de regreso ha sido un pelín puñetero.
Ya está en Zaragotham, gracias a Dios.
Por lo demás, querida Mila, MBO habrá leído esto ya.
Ya escribiré de Dreamgirls :-D