09 mayo, 2006

Telegrama desde la trinchera.



Pues si, señores: el albañilado vino, vio y venció (ergo destruyó). Logró, dejando caer cascotes a peso, picar el cristalino barniz del parquet (recuerden, amigos: acuchillado hace apenas un año). También ha logrado que mis paredes tengan un si es no es bosnio-kosovar en algunos puntos: ya sabéis: esas paredes con superposiciones de resto de papel pintado -debido a anteriores propietarios: odio el papelpintao- a cachos, ladrillo apenas enyesado en fino tan adecuado para pintar un fresco como sugirió MBO, tonos diversos de pinturas de sucesivas capas... Muy desasosegante.

Después de la destructiva intervención de mi brigadilla de destrucción, ha llegado o carpinteiro mais cachuçudo do mondo mondial, que está sembrando mi casa de armarios mientras man tiene mi dormitorio sin puerta (una cosa parfois inconfortable por cierto).

He adobado tanta desazón leyendo el nuevo Mendoza, que concluí anoche, como a las dos -en medio de desvelos no debidos, en honor a la verdad, a la puta obra- con un sabor de boca no exactamente malo. Acre. La novela es mediocre, no más. Entre la presencia de la ex-Yugoslavia a domicilio, un par de cuestiones más que no es del caso comentar aquí y la lectura en curso, no está uno muy animado, para qué mentir.

Pero bueno, gira il mondo, gira. Hablemos de la novela. Tampoco esta vez, según mi costumbre, os desguazaré el argumento de Mauricio y las elecciones primarias; si que diré que es más bien plano, simple, y, lo que es peor, desprovisto de posibilidades de generar sorpresa: desde el momento en que el prota dirige la primera mirada a La Porritos (a unas treinta paginillas del principio) está ya todo sentenciado. Y cuando digo todo es TODO.

Lo malo, en realidad, es la decepción que me produce mi por tantos motivos admirado Eduardo Mendoza, uno de los escritores vivos más brillantes del panorama patrio y un hombre con cuyos puntos de vista coincido en muchas ocasiones.

Admiro sobre y ante todo su capacidad de descripción -personas y ámbitos- que admiro; eso vale sobre todo para la formidable La Ciudad de los Prodigios, pero no menos para Nueva York, que es lo que realmente debería uno leer antes de viajar a esa ciudad. Calculaba anoche yo cuándo cayó en mis manos ese último volumen; debe ser hace un par de veranos, y lo leí con ansia, sobre todo porque Mendoza describe ahí parajes potenciales para mi, no imágenes reales. A Mendoza, insisto, le hace formidable novelista su capacidad de descripción, y como os digo, yo la conocía refiriéndose a espacios realmente mios -señaladamente, BCN-; en el NY, sin embargo, me proporciona fotos de espacios que me eran ajenos .

En cuanto a la descripción de caracteres y hechos, pues qué voy a decir que no se sepa: quien no haya leido La verdad sobre el caso Savolta se ha perdido algo excepcional, sin más

Pero es que, además, EM es un tipo con una vis cómica sin parangón en la literatura española después de la generación Codorniz. Sin noticias de Gurb es, simplemente, la mejor, en términos absolutos, novela humorística escrita después de la muerte de Franco. Pero no hay que dejar de lado El Misterio de la cripta embrujada y El laberinto de las aceitunas, que tienen también su dosis cachonda.

Para acabar, nadie podrá dudar de la capacidad analítica precisa, atinada, con la justa dosis de humildad, de que dispone Mendoza. Si os interesa la teoría literia en zapatillas de andar por casa -y lo digo en el mejor sentido-, aquí os dejo un artículo suyo acerca de, precisamente, la Novela (y su momificada condición)

El problema es que -y sobre todo por el tono marroncillo, como de ese color que tenía la pana de los asientos de algunos Chrysler/Talbot de finales de los setenta-principios de los ochenta, que impregna el relato- la cosa se parece mucho más a un Vizcaíno Casas (sin gota alguna del humor cuartelero que tanto gustaba al citado laboralista) que a Huxley contrapuntesco.

Habla el Maestro Mendoza en su nueva novela de un periodo histórico que no me gusta demasiado; habla de unos personajes bastante inverosímiles (cfr. la metafísica imposibilidad de que una chica mona y con el culo bonito se llame Clotilde); incurre en errores de continuidad y precisión técnica tontos pero indignos de alguien como él (y que me cabrean mucho, dado que refieren a asuntos automovilisticos y a cosa pofesioná de lo mio, y en esos temas soy muy sensible).

Hasta el título se queda atragantado en un punto medio entre Beatriz y los Cuerpos Celestes (novela debida a esa gran amiga de tantos lectores de este blog) y El disputado voto del señor Cayo (que sugeriría subtitular como La peor novela de Delibes). Y no es porque no lo haya intentado: a pesar de la anécdota política de las primeras cien páginas, aquí las elecciones no son las de urna y tal, y primarias se refiere a la primariedad que hace que los tipos seamos básicamente seres simples. Apunta, pero no da.

Os reiréis, pero tengo la sensación, casi, de que ha sentido la necesidad de escribir una novela seria-y-amarga por motivos ajenos a él. Coño! Esto me suena!

12 comentarios:

sue dijo...

Entonces, ¿aconsejas no leerlo? Lo digo porque, verás, desde hace años tengo la fea costumbre de regalar a los demás los libros que me quiero leer yo. Es fea, pero muy práctica para mi economía, y el homenajeado no tiene por qué enterarse.

El domingo pasado fue el día de la madre y estuve a punto de adquirir "Mauricio". Finalmente me decanté por Auster y ese cuento inédito de Capote con el que sus herederos quieren ahora sanear sus finanzas. Pero me reservaba a EM para el cumpleaños de mi padre, que es dentro de un par de semanas. Si me dices que no merece la pena pienso otro regalo :^)

ATT dijo...

Jolín, pues me produces un gran chasco, querido Hans.
Mi relación con EM ha sido hasta ahora de simple y llana admiración, y ardía en deseos de pillar este último libro.
Bueno, qué coño, lo leeré igualmente, y descubriré así si he de seguir tu criterio en futuras ocasiones.

Wendyqueridaluzdemivida dijo...

Bueno... había que leerlo ¿verdad? Pero sí, la verdad es que es un poco decepcionante... una pena, mi Mendoza...

Pepa dijo...

¡¡¡Qué crítico de opinión he descubiertooo a raíz de un mediocre libro!!!
¿Podrías hacer un shortlist de recomendaciones?? En serio, tengo poco tiempo libre y he perdido un gran hábito de lectura...
Merci bien!!

Flameau dijo...

Lo triste es que Eduardo Mendoza tire por la borda el respeto del que se había hecho acreedor, carrera hacia abajo que ya empecé apercibirle en "El tocador de señoras", que me lo leí en un banco en la puerta de El Corte Inglés de Puerto Banús, el mismo dia que llegó para su venta, de ansioso que estaba de leerlo. Como dices, se ha dejado caer por el lado facil de la parodia. Me quedo en la relectura de lo anterior y no pongo un duro en la mesa para "Mauricio".

Hans dijo...

Había que leerlo sin duda, Nuria, máxime considerando lo que agradecí el regalo.

Sue, si me preguntas si aconsejo no leerlo, la respuesta es más bien sí (SI que aconsejo NO leerlo :D): creo que es mediocre, y hay millones de libros excelentes que comprar-y-leer, pero el punto de vista de ATT me parece muy bien: digamos que puede servir de fiel contraste a futuro :D.

Gracias por valorar tanto mi criterio, Pepa :D A ver si recopilo cosas interesantes de los últimos tiempos (aunque a lo largo de estas páginas hay bastantes menciones a favor y en contra de libros diversos)

Hans dijo...

Ah, y bienvenido/a, Flameau.

Exagerada dijo...

Qué pena, no? Mendoza siempre ha sido un placer...
Besos

Xurri dijo...

Pues vaya, no siendo original - que no lo es en el grado superlativo de otros libros suyos- a mi me ha valido la pena leerlo, y es más - ay ay ay - que me ha gustado, joools....

Me gusta ese tonillo irónico continuo de Mendoza, ese cachondeillo que se gasta con la tradición argumental de "incursiones literarias sesudas y naturalistas ensalzando los contrastes entre el proletariado y el pijerío progre", tipo Montalbán en Los Mares del Sur, tipo Últimas tardes con Teresa de Marsé, y otros, por poner dos muy típicos, pues que quieres, como el rollo burguesía progresista acomodada catalana a mi me da un poco de risa ya de por sí, pues aprecio ese descojono velado que se gasta Mendoza. Además me entretiene.

Y encuentro impagables los monólogos de declaración de principios de Mauricio al inicio del libro. Especialmente la perorata a Clotilde cuando se conocen, frente a un cuadro.

Eso sí, el argumento tiene su punto friki-esperpéntico: la porritos es excesiva. Y el cura. Es que es Mendoza. Claro.

Pero concedo, no es su mejor libro: no. Ha escrito cosas mejores: sí. El cénit fue en la ciudad de los prodigios?... no sé. Fue en Gurb?? mmm... no sé. Beneficio de la duda.
Nadie habla del piloto Horacio Dos, supongo que si me hizo tanta gracia es porque soy medio treki y trabajo en una empresa privada. Con esos antecedentes seguramente gusta más.

Y ahora abro el paraguas y, ale, a recibir!!!
BTW: está claro, Hans, que en literatura no coincidimos ;o)

Awake at last dijo...

Es demencial el poder que ejercen las editoriales sobre sus escritores, :-/

Besos!

Hans dijo...
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Hans dijo...

Apreciada Exagerada, creo que en eso estamos todos de acuerdo. Eduardo Mendoza, a diferencia de, por ejemplo, Pérez-Reverte (o Cela, o Umbral o la Echevarría) es un tipo que concita simpatías personales y afectos literarios. Eso es lo que lo hace más jodido, si me permites decirlo así.

Querida Xurri, un único matiz: a mi también me encanta cómo se descojona de determinadas cretineces soi dissant burguesoprogresistocatalanas, pero me parece muy mal dejar que "se me meta en el bolsillo" haciéndome guiños de ese tipo.
La Morritos es directamente insostenible, y los dos revolucionarios de tercera, B son personajes mal definidos. Mal. Eso, por no hablar de la operación estelar sáfica Michelle/Clotilde después de la prueba del vestido de boda (y hasta aquí puedo leer, no quiero hacer spoilers literarios). Yo, supongo, soy un fósil, pero como que no me cuadra nada. Será morbosísimo, pero es demasiado inverosímil.

Awake, cierto. Pero a ver si el problema no son las editoriales si no los propios autores. A mi juicio, nada peor que la autocensura, como ya dije en su momento.