19 abril, 2006

When I was... (y II)

(Prosigue)
Lunes, diez de abril: Después de muy satisfactoria dormición, después de desayunar bien de fruta, y, esta vez sí, el tan deseado b/pretzel, y con idea de adquirir una idea general de la ciudad nos montamos en un bus con un guía de origen argentino (aunque a efectos de lo que voy a contar podría haber sido perfectamente turcomano, surafricano o taiwanés. O español, desde luego), especimen cuya condición racista (tendríais que oir las afirmaciones acerca de los habitantes del Bronx o de Harlem, si bien estos últimos ya casi alcanzaban la condición de semi-humanos) sólo se veía superada por su machismo desaforado (al pasar por delante de Tiffany's le faltó tiempo para decir las previsibles tontadas acerca del "Paraíso para las Damas, Infierno de los Cabasheros"), cosas ambas que no se veían especialmente aplacadas por su voluntad de dedicar demasiado tiempo a recomendarnos tiendas para hacer compras, apuntar dónde vive el actor Peláez o a cuánto está el m2 de piso en determinado punto de la Quinta Avenida (BTW, no demasiado asombroso para el españolito medio).

Recorrimos nuevamente el lateral oeste de Central Park, llegando hasta Harlem, bajando por la Quinta hasta Broadway y llegando finalmente -después de haber disfrutado nuestro primer atasco neoyorkino- a la Zona Cero. Aquí es donde yo debería introducir la reflexión filosófica acerca de esta civilización que elimina, a diferencia de las anteriores, la Ruina (las ruinas) arquitectónicas, eliminando toda traza de lo que hubo, pero me abstengo, que ya está siendo esto suficientemente largo

Allí huimos de las garras del galteríano individuo, para coger (perdón: en este caso tomar) el Ferry a Staten Island, ida y vuelta, pasando por delante de la Estatua de la Libertad, y pasando en términos absolutos de Ellis Island. Miss Liberty, la verdad, no me sorprendió gran cosa. Me gustó mucho la travesía, y el absurdo ése de tener que bajarte por una puerta para montar seguidamente por la otra y así poder regresar, todo ello a sorprendente coste cero. Por lo demás irrelevante. En esa tesitura, y una vez de vuelta en Manhattan, optamos por irnos hacia el Village, a Bleecker St. a intentar comer en algún sitio majete de los que nos había recomendado, por ejemplo, Dama Delicata aka Gachas. En llegando a dicho área ya fuí viendo que me encontraba francamente mal: tenía un dolor horroroso en la parte baja de la espalda o superior de la pierna derecha; vamos, por simplificar, en lo que viene siendo propiamente el culo, subsección nalga derecha. Esto sería muy gracioso de contar, si no fuese porque hacia las 15.30 no podía sentarme: comer fue un suplicio, pues me tenía que levantar cada cinco minutos (cierto es que la Minestrone del lugar estaba de escándalo; no así el Chianti, que era de los de modelo gaseosizable, pero, claro, no había Casera). Tan tremendamente dolorido estaba que, a pesar de que pasé -y aún entré- en una tienda donde había una Grestch de las de verdad -americana- por aproximadamente unos 3/5 de su precio en la Patria, no tuve ánimos para probarla (y comprarla). Exactamente igual que la de la foto, mardita sea.

Volvimos al hotel en un taxi -el viaje si que fue el horror, y no lo de El Corazón de las Tinieblas- y mientras MBO se iba a dar una vuelta traté de descansar, pero era imposible: estar tumbado era dolorosísimo, como también estar sentado.

Lo más lamentable es que nos habíamos ido de Zaragotham con entradas reservadas para ver La Traviata en la Metropolitan Opera House, y, siendo perfectamente consciente de que no iba a poder estar sentado tres horas, hube de renunciar a la representación. Conforme la tarde iba pasando iba estando cada vez peor, al punto que, hacia las 18.00, comprendí que la cosa era más seria que simple sobrecarga por cansancio, y opté por llamar a un médico. No os aburriré con los dimes y diretes administrativos con las compañías de seguros médicos que estas cosas conllevan por muy dorada que sea la tarjeta correspondiente (aquí iban unos juramentos que he omitido). Valga con decir que, como tres horas después de empezar el proceso, y sufriendo very, very acute pain, vi entrar en mi habitación del hotel al señó dotó. Soy incapaz de recordar el nombre, pero vamos, podría haber sido Rabindranath Tagore o asín. Hizo los exámenes, palpaciones -castas- y observaciones oportunas y concluyó diciendome que se trataba de un espasmo muscular, a efectos de cuya relajación me aplicó un jeringazo king size de calmante y recetándome un par de prescripciones tremebundas que MBO compró al día siguiente bajo la severa observación de la farmaceutica, que se las vendió sólo previo juramento de ser (ella) persona de buena familia, intachable moralidad y casada por la Iglesia con el paciente (yo), en unos tubitos como ése que emplea el Dr. House para llevar sus pirulillas. Por cierto, sospecho que una de las dos que me endosó este tipo era exactamente lo que toma el citado Greg para calmar los dolores de su pierna. Si no son tal, desde luego, son las que emplean para calmar las penas de los elefantes con dolor de colmillos.

Martes, 11 de abril.- Todo el día absolutamente drogado. No exagero: dormí TODA la mañana (cierto es que después de haber llamado una noche toledana) y me levanté sólo para comer algo a una cuadra del hotel. Por la tarde, three quarters de lo mismo. En los escasos ratos conscientes me dediqué a leer novelas de Mankell y del Fusilero Sharpe que, afortunadamente, me había llevado, conforme a mi costumbre de llevar siempre lectura de sobra. No abrí, sin embargo, el último Mendoza, que la adorable Wendy nos regaló la noche de antes de la partida. No tenía demasiados ánimos.

Miércoles, 12 de abril.- Sólo parcialmente recuperado, siempre en estado de semi-dopaje concluí al despertar que esto no podía ser, y me levanté, e iniciamos la que había de ser la shopping morning. Lo que pasa es que en ese estado no se está en lo que se está, y al final, salvo dos pares de 501 que nos ciñen a MBO y a mí el (en mi caso dolorido) trasero muy adecuadamente y una baraja profesional de bridge (válida igualmente para el Continental, que es a lo que jugamos con la progenie) que junto con unas fichas de casino compré en una tienda absurda del SoHo en que sólo vendían eso y mesas de Black Jack (¿?), apenas adquirimos nada; dos gafas de sol para la bella MBO, chulas, buenas y tiradas en el Gallery21 que nos recomendó Kurt, y poca cosa más. Y eso que ibamos absolutamente gimmetwo. En fin, paseamos por el SoHo hasta el Midtown, y después de comer (no muy allá) visitamos la Grand Central Station y el Empire State Building (y si: la vista es imprescindible) . El día acabó tomando, en una coctelería al lado del edificio de la ONU, un Bloody Mary (manifiestamente mejorable. Algo decepcionante, la verdad) y un Manhattan.

Jueves, 13 de abril.- A mi me pasa que tengo algunas aficiones insospechadas en estos tiempos de buenrrollito y tal. Entre otras, los aviones, en particular los de combate, y más en general los cacharritos bélicos. Diré, eso sí, que soy de una generación en que eso no es demasiado infrecuente (tengo un amigo profesor de alemán que dice que la diferencia entre los nacidos en los sesenta y los posteriores, setenteros y ochenteros, es que nosotros siempre sabíamos al menos eso de Feldgrau, Luft(waffe), (Kampf)wagen, aunque fuese sólo por las maquetas que hicimos en su momento o por las novelas de Sven Hassel). Como consecuencia de ello... ¿cómo iba yo a dejar de visitar el Intrepid?.

Se trata de un portaaviones anclado a orillas del Hudson, en cuya cubierta se exhiben casi veinte aparatos de combate incluído el mítico Blackbird, junto con un submarino nuclear y una gabarra en que hay posado un Concorde, todo lo cual conforma un museo bastante interesante para aquellos a quienes les interesen ese tipo de asuntos. Tiene un par de simuladores de vuelo chulos y bastantes piezas -además de las aeronaves- muy merecibles (insisto, si hay interés previo). Eso si, el tufillo ideológico de todos los discursillos en las proyecciones y tal es tremebundo: el Intrepid fue alcanzado por un kamikaze en la Segunda Guerra Mundial, causando bajas; sirvió también en Viet-Nam; y, como dicen reiteradamente en la visita, su última misión fue constituirse en oficina provisional del FBI cuando el Ataque a las Torres Gemelas. Poco recomendable para según que sensibilidades políticas. Os dejo el enlace por si a alguien le interesa http://www.intrepidmuseum.org/

Y ya. Después de eso tan apenas quedó tiempo para comer algo y volver al hotel a recoger las maletas, y volver a Newark, y coger otro avión, y cenar bandejitas, y llegar a MAD, y coger un AVE y dormirme en el acto tan cual me senté con los sedantes-para-elefantes, y llegar a Zaragotham, con nuestros ninios (sic) que estaban absolutamente estupendos; UPFm y UPMM han estado en el Sur con mi querida suegra, y han hecho más o menos lo que les ha dado la real gana. UPFM se ha ido a un campus de basket donde ha triunfado abundantemente.

El regreso de un viaje tan sensacional (no veo la hora de volver a NYC, demasiadas cosas han quedado a medio hacer máxime después de perder día y medio por causas de salud) hace que me olvide de lo CARO QUE LO ESTOY PAGANDO esta semana. Me es igual: he estado fuera del mundo una semana y eso no tiene precio. Fuera del mundo... y en Nueva York. Sólo puedo acabar esto (tal vez coñazo, largo, tedioso o quizá sólo excesivamente descriptivo, como me decía MBO anoche) diciendoos a todos: ID. Es imprescindible. Tanto como París o Londres.

10 comentarios:

mmm dijo...

voy a ir en agosto...tengo unas ganas...ahhhhhhh...te preguntaré un montón de cosas...para ir preparándome...ah...hola...me he colado!!!

arbusto el guerrero dijo...

Me da la impresión de que la blogosfera esperaba un mayor tufo anti-americano en tu narración: mala suerte para ellos. Lo cierto es que todo el mundo que va por NY habla bien de la ciudad.

A la espera de nuevas entregas,
atentamente
Arbusto el Guerrero.

Hans dijo...

Wilkomenn, MMM. Ya sabía que te ibas a NYC en Agosto (de hecho, hasta con quién! ;-)). Tencantará.
Curiosa observación, querido WBush... En fin, ya sabes: si tal es la percepción exterior, o bien yo me explico mal, bien el receptor no se empana. Y es que aquí el medio NO es el mensaje :D

juan dijo...

qué puñeta lo del espasmo o lo que sea, nada peor que encontrarse mal estando de viaje. Me alegra ver que habéis pasado olímpicamente de los consejos que os di (bastante bebido) la noche antes de iros. La próxima la podemos montar en el mismo NY que ya ves que no es tan dificil ni tan caro ni tan ná. Solo un poco doloroso.

Awake at last dijo...

Siempre he dicho que los relajantes musculares son la sustancia más peligrosa después del peyote y el tinto de verano, XDDDDD

Besos!

kurt dijo...

sí, vayamos todos a Manhattan a celebrar lo que sea. No sé... podemos conmemorar el vigésimo aniversario de la pérdida del virgo de Paris Hilton (eso es en septiembre del 2007) o el aniversario de boda de Alberti y la bruja aquella. Celebremos lo que sea.
¿Cómo se me pudo olvidar recomendarte el Intrepid, si es una pasada??!!!!
Y que putada lo de tu jamacuco muscular ese.

sue dijo...

Me solidarizo. Yo soy especialista en enfermar cuando viajo y es una enorme putada. En cambio, cuando estoy currando, como una rosa, oiga.

dwalks dijo...

gran crónica, la verdad es que contar con un hombre como tú, amante del lujo de detalles, es utilísimo para este tipo de eventos. cuando vaya a ny me la imprimo fijo.

respecto a tu dolor de bullacas, yo he tenido bastante suerte con la salud siempre, poque mira que he ido a sitios raros y solo. lo más similar fue una vez que, estando en Montreal haciendo unas cosas, me atiborré de comida tai callejera, con el resultado de el dolor de estómago más espantoso que he sentido nunca durante un día entero, con sus correspondientes retorcimientos y agonías durante un día, qué malo me puse. es lo peor encontrarse mal lejos de casa.

Sr. D dijo...

Querido Hans,

¿Ha pensado usted en dedicarse profesionalmente a crear guias de viaje?. En estos tiempos confusos, se lo recomiendo, y que tiemble la competencia. Yo, por mi parte, ya he descubierto a que voy a dedicarme cuando abandone mi actual estado de esclavitud: una vez manumitido, me haré catador profesional de drymartinis. Le recomiendo los del Calima, en esta tierra, que le espera con los brazos abiertos.

Xurri dijo...

Ayyyyy qué mala suerte, con la de días laborables y aburridos que hay para tener un dolor de (con perdón) culo, va a ser justamente cuanto menos falta hace, en el corasón del mundo, NY, NY.

Chico, que mala suerte. ¿Pasará algo con los planetas?

Y ese globo de analgésicos, qué te debieron dar????
en fin, menos mal que al menos algo pudiste difrutar del viaje.