08 noviembre, 2005

Ídolos


El caballero de la izquierda es Elliot Murphy, uno de los tipos más brillantes dedicados al rock'n roll desde 1976.

El sábado noche MBO, mi amigo D. (AKA el Ilmo. Sr. Vicedecano) y este su seguro servidor de Vdes. fuimos a un concierto a cargo del expresado maestro acompañado sólo y exclusivamente por el joven Olivier Durand, que es el caballero de la derecha. Ahí me encontré con M., mi viejo compa de fatigas rock (que me contó, lamentablemente, de la imposibilidad de ensayar el domingo. We'll see next one :( )

En fin: en el concierto sólo dos músicos con sendas guitarras acústicas, sólo dos cantantes. La demostración empírica de que el asunto del rock'n roll es fundamentalmente la pasión, no los pedales ni los efectos ni su puta madre. Evidentemente, a mí me gusta EM desde hace muchos años, luego podría estar hablando "sesgadamente". Aseguro que no. Elliot, yank' (naturalmente) que vive en Paris, que ha hecho una preciosa versión de Tom Petty en el homenaje, pequeñitos y personal, hecho por unas cuantas bandas españolas, que colabora con los Stormy Mondays... en fin, que estando perfectamente al nivel de los "supergrandes" se dedica a hacer lo que debe con toda tranquilidad, sin reivindicar su condición de Rock'n roll god, Elliot, insisto, es de lo mejor que queda vivo de la vieja guardia. Y desde luego, incluso en una presentación tan austera, con muchísima más fuerza y potencia que tantos nenes de ahora.

Si podéis ir a verlo, id. Aseguro algo realmente bueno. Y si podéis ir a ver a Paul Collins, que sé que está girando por España en estos momentos, id igualmente. Y buscad "Rock'n Roll girl" por ahí, y escuchadlo. Comprad el "Flyin' high", que acaba de salir. Sólo por ver lo que es el power pop en vivo y en directo y "de a verdad". Grandes, Elliot, Paul.

Un güíken cualquiera (Hans as a single father)

MBO y Hans llevan una temporadita de trabajo que ni para sus peores enemigos desearían. Así las cosas, y con un catarro de grado seis en la escala de Richter, MBO se vio obligada a efectuar diversos desplazamientos por la hispana geografía a lo largo de la pasada semana, rematando con unas maniobras que habían de tener lugar el viernes y el sábado en esa ciudad que dicen ellos que también existe. Fortunately, “se” regresaría el sábado.

Así pues, MBO tomó el automóvil en la mañana del viernes y se fue p’al sureste, cosa que aproveché yo para experimentar cómo se siente una madre trabajadora standard; vamos: hasta el culo de trabajo en el trabajo de fuera de casa, y hasta el culo de trabajo de casa en casa. Niñas: sois las grandes estafadas de la Historia, que lo sepáis (yo ya lo sabía, ojo, pero ha de recalcarse).

Los fines de año y los preveranos son para mí especialmente estresantes. Es como si todo el mundo, frente a la cesura temporal de unas vacaciones o un cambio de dígito, sufriese un a modo de retortijón mental. Ése es el contexto de trabajo.

En cuanto al Home front, me encontraba:
- Con que UPMM está de nuevo severamente adolescente: en síntesis, que no hay Dior (Christian) que le aguante;
- con que las UP’s femeninas han decidido tirar por la vía deportiva (ya entenderéis por qué lo digo);
- con que era imprescindible hacer la compra de productos frescos en volumen suficiente para dar cobertura a este centro de alta densidad poblacional que es Domus Hansis.

Bien.

Hans concluyó con sus dedicaciones laborales mañaneras –iniciadas a las 08.00- a las 16.30, constatando que UPFm debía ser recogida a las 17.30. Llevé mis trajes de verano (it was time!) al tinte, transporté una caja de vino del coche al trastero, hice la compra de carnes, comí. Bueno, comí... en realidad, el Quarterpounder no me lo comí: me lo disparé en la boca; la coke light me la inyecté en vena. Tiempo total de almuerzo, siete minutos (cronometrado).

Con la lengua fuera llegué a la parada de UPFm, profiriendo por lo bajini los juramentos preceptivos, pues, efectivamente, el bus apareció cuando lo tuvo a bien. Enganché a UPFm (llamémosle, en lo sucesivo, B, que va a ser más sintético) y me la llevé a comprar los hojaldritos -o cosa parecida- de tous les vendredis. Regresé al hogar, preparé la merienda y me fui a organizar no recuerdo qué. En ocho minutos que falté, la dulce B. había conseguido:

- transformar su hojaldre-con-chocolate en el trasunto de un personaje de Star Trek que no se hubiese corporeizado adecuadamente después de un teletransporte de Scotty. A tal fin, B. se había servido del hábil procedimiento de ponerlo cinco minutos o así en el microondas (¿Onda, corpúsculo? Da igual: ahora, carbón), y
- tratar de camuflar el efecto de su perniciosa actitud mediante abundantes kleenex.

En fin: abronqué someramente, abrí la ventana, fregué el microondas –mal, según como me hizo ver al día siguiente MBO que es mucho más cuidadosa- y traté de resolver el entuerto.

Llegó UPMM (llamémosle, en lo sucesivo, J, por la ya citada deseable sinteticidad). Diversos mumbles adolescentes de contenido ininteligible. Abandoné por el momento el intento de comunicación –tenía prisa- y me fui a la compra de verduras. Me acerqué al Rincón del Gourmet del Corte Inglés y compré alguna pijada (y el Dehesa La Granja 1999, tempranillo 100%, que había probado en Madrid, del que os hablé el otro día, y que en casa me decepcionó. Snif).

Volví a casa a todos gas, para la cosa de la cena, y me encontré con E., su protoesposa y otro amigo. E. fue compañero mío cuando ambos dábamos (impartíamos) clase en la Facultad. Él fue listo –o más bien, tuvo la paciencia y el aguante necesarios-, se quedó, mutó en profesor titular y acto seguido se fue bien lejos (“Al Boss que le aguante quien lo tenga por conveniente”) de Zaragotham con un “destino especial” de esos buenos, buenos. Como va a casar con joven extranjera, vinieron a casa y nos bebimos algo de tinto; la progenie se comió en el mientras tanto la pizza king size que les tenía comprometida. Mis amigos se fueron relativamente rápido, y yo me quedé fregando copas, claro.

Al día siguiente me tuve que levantar (a las 07.15, JODER, JODER) porque UPFM (en lo sucesivo, M, etc.) tenía partido a las 08.30. La llevé. Ví el partido (afortunadamente, era de basket). Ganaron. Volví a casa. Verifiqué el último tramo de abastos (la cosa más de supermercado normal). Recogí a B. La llevé a su propio partido de si misma. También de basket. Perdieron (o, como más exactamente le dijo a su madre luego: “No hemos perdido, mamá: nos han machacado!”).

Después de comer hube de llevar a M. a casa de sus abuelos (que coincide que son mis padres) y a B. a casa de una amiga.

Y por fin, a las 21.30, nos fuimos MBO y yo al concierto de Elliot Murphy, que comentaré en otro lugar. En definitiva: salvando el ratito del vino del viernes, el primer momento en que hice algo realmente apetecible tuvo lugar por la noche del sábado. Vamos, que me sentí totalmente mujer.

04 noviembre, 2005

The Kids are allright

Si. El de la Rickenbacker es Hans.

La foto no es demasiado antigua. Es un concierto de hace un año y pico, quizá dos, que de algún modo trataba de revitalizar el espíritu de una Zaragotham en que en 1984 se organizó -como tantas otras ciudades- un superconcierto, cincuenta grupos, tres días seguidos, exposiciones de arte, teatro, cómix, de todo. Lo organizamos entre apenas quince tipos, y fue muy divertido. Mis interacciones pop en los furctíferos años siguientes vivieron en buena medida de las rentas de lo que y de quienes conocí durante los cuatro o cinco meses que duró la organización de aquello.

Ahora estoy fuera de circuito, claro, pero cuando organizaron este concierto homenaje nos llamaron, pudimos volver a juntarnos (salvo a mis dos queridos baterías; P., que ha pasado a ligas superiores y con buen sentido no quería hacer, tras de la batería, revivals posdatados en casi veinte años, y G. porque hace años que dejó las baquetas, que no la música), y volvimos a pasárnoslo de puta madre, a salir a escena como las motos (como vespas), a quedarnos con las ganas de seguir tocando muchos más temas.

Quien nunca ha subido a un escenario no tiene ni idea de la sensación a que me estoy refiriendo.

Después de ese concierto, he hecho alguna cosa más (el homenaje a John Lennon & George Harrison, por ejemplo, haciendo versiones de mis queridos Fab Four, un concerto que se celebra anualmente en el aniversario de sus muertes).
Y casi, casi todos los días, a pesar de que estoy fuera del circuito como te digo, deseo volver a tocar mis, nuestros temas en un escenario, con veinte mil vatios, con focos sacando sudor a grifo abierto, con la banda.

M. me ha llamado. M. cumple cuarenta dentro de nada. M. quiere volver a tocar, al menos un poco. Hans y M. van a hacer algo. Los chicos están bien.

02 noviembre, 2005

Domus Hansis III. La Drôle de guerre

(Intro: La Drôle de guerre es el periodo que media entre el inicio de la segunda guerra mundial en 1º de septiembre de 1939 y el inicio de la fulgurante invasión de Francia por la Wehrmacht. Los franceses, movilizados después de la Invasión de Polonia por los alemanes como consecuencia del sistema de alianzas Polonia-Gran Bretaña-Francia, se enfrentan desde su Linea Maginot a los Alemanes, aposentados al otro lado de la frontera, sin de momento cruzar tiros tan apenas. Ese periodo, la “guerra de broma” concluirá cuando los alemanes se “pongan a ello” a modo, e invadan y deshagan el statu quo francés en apenas tres semanas demoledoras).

Y si, en efecto, regresamos el domingo a mitad de tarde para que Hans pudiese, como primera providencia, blasfemar en estéreo porque el tono azul grisáceo que había seleccionado cuidadosísimamente había devenido azul claro sin más, acaso con sombra de gris, lo justito, justito para no caer en el azul marica ilusión de cuarto de niño pequeño. En fin, no hay remedio y así se queda, más que nada porque NO QUIERO UN OPERARIO MÁS EN MI CASA… de momento, vid infra.

Acto seguido, Hans comprobó que las grandes librerías que tenía en su estudio (antiguo estudio, snif, perdón :’-( ) habían de ser desmontadas in integrum para poder llevarlas hasta su nueva ubicación. Y si, señores, si. Tengo un nuevo estudio, sólo que en lugar de dar a esa skyline que ya glosé aquí, y que se ha apalancado UPFm, pasa a tener vista sobre una luna o patio. Menos mal que hay un cachito de cielo por ahí arriba que se ve. Ventajas de los áticos.

En fin, eso: que tengo nuevo estudio en nuevo lugar, pero para llegar a él tuve que desmontarme las citadas pesadísimas estructuras con riesgo de mi integridad física y acabando como a las doce de la noche del domingo. Arghs. Monday morning my back was fücken.

El lunes no hubo puenting (debo ser el único) pero para compensar me pegué TODO EL PUTO MARTES reordenando la totalidad de los volúmenes de mi biblioteca extraída de mi ex estudio. El horror. Cierto es que colaboró la progenie, y por ello se verificaron clasificaciones alfabéticas graciosas: “Papá, ¿D. H. Lawrence es en la ‘H’?”, o Valera clasificado por la “J”, pero no por la de Juan si no por la de Jiménez (Pepita) o “Papá, ¿Somerset Maugham va en la ‘s’ o en la ‘m’?”, así como cesiones técnicas al final cuando los huecos, pre-marcados por UPFm con cartelitos a-b-c-d-e-f-g-h (etc) rebosaban, sobre todo en la “m” o en la “s”, dejando casi vacuo el de la “q”, a salvo Quevedo o la “z”, transfiriendo, para aligerar presiones, cosas muy dudosas a ese batiburrillo que bajo el epígrafe “Ensayos-Historia-Política-Derecho Internacional-Filosofía-etc” ha quedado en estantería aparte, o extrayendo de la zona de libros en inglés o francés cosas para dicho cajón-de-sastre (o cajón-desastre). Esa parte (que es de mi control y manejo exclusivo) es, naturalmente, la que ha quedado sin orden alfabético, y no creo que consiga engañar a los tres jóvenes para que colaboren. Vaya week-end me espera.

Quedó agrupada la SF toda ella, todos los Patrick O’Brian (la totalidad de las novelas de Aubrey/Maturin), todo Donna Leon, todas las aventuras de Richard Sharpe (by Bernard Cornwell), todos los thrillers (si, queridos lectores: Ludlum, Forsythe, Crichton, Follett: de eso hay en mi librería, y la mayor parte de ellos los leí con gran placer; no así los del abyecto Dan Brown que a punto estuvieron de ir a la basura).

Reordené los Cairos y aparté los cómix más killer bajo la mirada crítica de MBO que me recordaba que una portada onanista del Víbora no era el mejor material a presencia infantil; arropé amoroso la integridad de las Historias de Tintín (junto con el País de los Soviets, la reedición de las primeras versiones, y el Arte Alfa), como también los Blake & Mortimer…
Me queda para el sábado la reorganización dee las cien mil revistas de coches. No sé qué demonios hacer con ellas (¿puede interesarle a alguien el cubicaje del motor DOHC del Fiesta XR2 de 1985, por ejemplo? ¿Necesitaré ese dato algún día? Lo cierto es que me resisto a basurizarlas, al revés que MBO, que tiene muy claro cuál es el destino adecuado de todo ello salvo -muy concesivamente- como mucho el último año de Automóvil y los Motor Clásico) .

Esta reordenación me ha servido también para darme cuenta de que ciertos libros que –malhaya la hora- dejé, no regresaron ni regresaran jamás. Joder. Entre ellos y que recuerde –cabreado- ahora, los Schwejk de Hasek, cawen tó.

Dicho todo lo anterior, y considerando que esta mañana los transportistas se han llevado los muebles sobrantes, y que el lunes que viene traen las nuevas instalaciones de las niñas, y dado que el salón ya NO es un capitoné inmóvil, creo que puedo descansar… eso sí, hasta junio que viene. MBO ha conceptuado que tal será el momento perfecto para afrontar la reforma íntegra de nuestro dormitorio, del salón y del recibidor, así como para la total gestión parketera (unos 110 m2 de acuchillado, así, a palmos). Sabiéndolo me siento totalmente Armée de l’Air frente a una Luftwaffe de operarios que, esta vez sí, muy veraniegamente, acabarán conmigo. Voy a ver si en la droguería de la esquina me hacen un precio para un cutter cortavenas adecuadamente afilado.

Por cierto: entre ayer y hoy he cruzado el rubicón de las mil visitas en este su bló. Estoy entusiasmad-do (Snörre dixit)

Country houses

Como consecuencia de su reiterada mención en este bló, resulta ya sobradamente conocida mi urbanicidad. Así las cosas, que Hans tome libre y voluntariamente, sin coacción alguna, la decisión de pasar un güiken en una casa rural es hecho que forzosamente despertará la sorpresa de mis escasos pero selectos lectores.

Pero sí: el viernes 28, por la tarde, después de discutir un poco con MBO (recuerden: Domus Hansis seguía en estado de sitio, caos, polvo) y de instruir a los pintores acerca del tono exacto de azul grisáceo que deseaba para nuestro dormitorio, Hans y MBO acudieron al colegio de la progenie para su oportuno recogimiento.

La progenie va, traditio traditionis, al mismo colegio al que fuimos mi hermano, mi padre, mi tio, mi abuelo paterno y yo, hasta la enésima generación, BTW. Así, entre que esperábamos la salida de la progenie, saludé a uno de mis condiscípulos de hasta los 17 cuyo apellido recordaba perfectamente, pero a quien llamé Juan (y no Javier, urghs) después de que se dirigiese a mí todo amable –comercial de banca- “¿Qué tal, Hans? Cuánto tiempo...!!!! Que ya tienes tres hijos? Dios mio, Dios mio...” Etc. O tempora, o mores. Maldita memoria...

Recogidos que fueron los tres delincuentes infantiles nos dirigimos (ubíquense, las 18.15) a nuestro destino a unos doscientos klicks de ZAZ. Recuérdese que estamos en la tarde del 28 de octubre. La tarde perfecta para salir a la N-II a hacer millas. La N-II es el paradigma de la autovía de los años del pelotazo: está hecha con el culo (en efecto: diría yo que los ingenieros, inadecuadamente retribuidos después de los maletinazos, se limitaban a introducir un portaminas 0.5 en el ojete y menear éste: de ahí resulta la traza de la N-II desde Zaragotham hasta Wal-Al-Ajh-Arah) y no tiene solución (lo sé de buena tinta). Si a eso le adicionamos bien de camiones [incomprensible, tanto anuncio catastrofista de tráfico (Zyklon-B para Pere Navarro, ya!) y no paralizan los convoyes inmensos], bien de turismos malconducidos por mamonzuelos aferrados al volante defecándose de miedo y cuatro y mitad de lluvias diversas... quedará definido el panorama rutero inmenso que disfrutuve el viernes tarde/noche.

Pasamos por delante de Saúca, cosa que me recordó una mención al “Goyo” en el blog de Juan; se nos cayó el cielo asterixíanamente cuando ya estábamos en la carretera secundaria correspondiente (una tormenta desaforada en zona de secarral tremebundo suele tener como efecto que las carreteras se convierten en temibles sumideros. MBO lo pasó mal); y llegamos, finalmente, a Molingordo.

En Molingordo quedamos una vez al año (más o menos) con quienes fueron compañeros de estudios de MBO y sus cónyuges, hoy dispersos por aquí y por allá. Voy pues en condición de cónyuge.

Es un grupo curioso; entre otros un altísimo directivo de compañía transnacional, bastante nacionalista catalán; un ingeniero consultor freelance muy brillante, un tanto “quemado” después de haber dirigido un par de grandes empresas, bastante conservador; un compañero de MBO que dejó su carrera profesional para meterse en negocios que no salieron demasiado bien pero que afortunadamente está levantando cabeza; otro compañero de MBO que ha seguido rigurosa y brillantemente la trayectoria lógica después de la Universidad; niños numerosos pero no demasiado agresivos, merci Dieu. Planean sobre todos nosotros problemas parecidos, que incluyen la m/paternidad, la jodida compaginación de vida personal y profesional...

El finde transcurrió agradabilísimamente, pues todos los debates que se plantearon en los ratos de sofá (numerosos) se produjeron racional, correcta, educadísimamente. Me gustó la explicación de uno de los matrimonios, tradicionalmente votantes del pepé, que explicaban cómo, después de que Ánsar hiciese el acto de fe belicista irakí concluyeron que les parecía intolerable y que desde luego no iban a votarle, y cómo no cedieron sin embargo al chantaje integrista; me gustó ver como Ll. hablaba del Estatut sin apasionamientos, constatando lo que subyace al texto y su origen, y lo que piensa que la gente piensa en Cataluña; me encantó ver cómo todo el mundo se abstuvo de bromas tontas al respecto. Todo esto me hizo pensar una vez más que “Qué gran pueblo si tuviese buen Señor”, que somos mucho mejores que los aberrantes gobernantes que nos han tocado en suerte.

Por lo demás, tranquilidad plenaria, más que nada porque todos saben ya que yo, en güiken, duermo si me dejan, y nadie se toma, gracias a Dios, la molestia de esperarme (y yo no me molesto tampoco en hacer como que me despierto pronto). Además me había llevado “Una Historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie” (Juan Eslava Galán, altamente recomendable a pesar de que no coincido con él en muchas cosas, y a pesar de que, en el fondo, escora un tanto prisáicamente) y el último Philip Roth, “Conjura contra América” del cual estoy a punto de dar cuenta. Os enlazo esto pues hace un par de apreciaciones en relación con esta novela que no están mal, y, lo que es más importante, tiene una serie de links muy ilustrativos.

Considerando mi intensa dedicación a la lectura, como quiera que en Molingordo nos organizan unos excelsos vermouths en los jardines, y dado que mi rato de contacto con la campiña fue adecuadamente limitado, no he sufrido roncha alguna debida al exceso de Natura.

No puedo dejar de mencionar el chasco del pobre Ll. que había traido expresamente una botella de un interesante Riesling austriaco cerrada con tapón de cristal sellado con cápsula de aluminio para hacerme hablar a mí, cuya cápsula colapsó en el congelador, rompiéndose, permitiéndome así poner mi famosa cara tsk-tsk-tsk de suficiencia tipo "siejke-donde-haya-un-corcho-bueno-que-se-quiten-estas-moderneces".

Volvimos el domingo a las 19.00 pues había que seguir destrincherizando Domus Hansis. Pero eso lo explicaré en entrada ad hoc.

31 octubre, 2005

Belle

Belle se estira ligeramente, semirecostada en uno de los sillones del salón del lucernario del Palace. Se ha quitado sus grandes gafas de sol, aletea mirando de abajo-arriba salvo cuando pregunta, momento en que sus ojos oscuros y grandísimos no pueden ocultar que inquiere: periodista, investiga y analiza para desechar la información prescindible. Es vibrante, y sin embargo toma la taza de café con leche con elegante firmeza de persona bien educada que es.

La conversación fluye con Belle, que se desenvuelve perfectamente –estoy seguro- en cualquier contexto. Adivino que fuma, pero la bronquitis que arrastra la tiene fuera de esa competición, ahora. Paternal, le recomiendo que visite al médico. Bromea con ello como una Margarita Gaultier de la nueva era, con una imagen tan impecable como discreta, breve, conscientemente naïf.

El sol atraviesa la vidriera del techo, y hablamos de Historia del siglo dieciocho, de Prensa del veintiuno, de dónde salimos, saltamos entre anécdotas y datos. Es gracioso, no hay lugar a la crítica literaria, más propia del escrito tal vez, aunque hablamos de Philip Roth.

Belle parece haber gozado de la luz de la mañana de fin de semana, y del viento en la cara, y aprueba el sonido de la Gymnopedie de Eric Satie: hay tonos y tonos para los teléfonos.

Ha sido un placer conocer a Belle. Es una suerte conocer mujeres inteligentes, cultas, ingeniosas, hermosas.

27 octubre, 2005

Nègre i blanc.

Como sabéis, la vendimia terminó, y ya se está elaborando.

Ayer tuve una reunión de asunto no vitivinícola que se celebró sin embargo en una bodega, concluyendo con un almuerzo cuidadosamente vinificado: un blanco Macabeo para empezar; Los Planos 2003 a continuación (mirad la ficha de cata y la referencia del Wine Advocate, a quien deberían dársele dos tortas en general, pero en esta ocasión tiene razón; Corona de Aragón Garnacha 2004, seguidamente, y un Monasterio de las Viñas Gran Reserva que estaba también muy rico para concluir. El resto de la mesa tomó moscatel para acompañar el postre (yo paso de esas cosas).

La cosa se remató con una cata (en el sentido estricto, buchitos breves, desechándolo seguidamente. Si no, ya podéis imaginar que hubiésemos acabado inadmisiblemente, y estábamos trabajando) de cinco varietales tintos y uno blanco de los que saldrán los coupages de la añada 2005. Shyrah, Merlot, Cabernet Sauvignon, Garnacha y Tempranillo. Macabeo. En pura rama, sin filtrar, puritito zumo de uva que ha convertido el azúcar en alcohol. Alguno de ellos exquisito (en particular me sorprendió, aunque soy mucho más de tintos, el blanco, que estando completamente turbio, estaba delicioso).

Sigue sorprendiéndome el vino, como el pan, como el queso. ¿A quién coño se le pudo ocurrir fermentar la resulta de mezclar con agua el grano molturado, fermentarlo, y adicionarlo a más masa de esa para seguidamente hornearla? ¿Cómo se le ocurrió a alguien que después de la fermentación maloláctica (que no es que tenga un aroma muy fino) saldría algo tan sublime como el vino? ¿Y el queso? ¿Quién pensó que la leche mega-estropeada daría lugar a algo TAN rico?

Y lo que me sorprende más es... ¿cómo es posible que en razón de las palabras de un tipo AMERICANO (pronúnciese con cierto desprecio marginal) se modifiquen tendencias y se establezcan los paradigmas MUNDIALES del vino? El otro día, en cierto restaurante en Zaragotham donde se come bastante bien, y, sobre todo, se bebe vino fantásticamente (tiene una amplísima bodega desde hace muchos años y va dando salida a añadas absolutamente fuera de mercado a precios civilizados: vinos de 1965, 70, 74... han caido ahí sin daño de nuestros bolsillos, y, como están conservados formidablemente bien, hemos salido muy satisfechos en un 85% de las ocasiones) el sommelier quejoso decía que todo el modelo de tintos con madera al estilo rioja clásico, con perspectiva de guarda de diez años o más tiende a desaparecer. Los vinos que hoy se elaboran, los que se consumen usualmente, son vinos de MUY mala conservación.

Parte de la culpa es de los turpérrimos paladares yanks que por de$agradable$ motivo$ constityen demanda buscadísima por la oferta, que es, así, mal dirigida, y, al no tener ni puta idea, necesitan TAMBIÉN de gurús vinícolas; por ejemplo, y sobre todo, Robert Parker.

Otro elemento del desastre es que se está haciendo vino en Australia, Suráfrica, Chile y Argentina, en explotaciones inmensas y mecanizables, siguiendo modelos poco europeos. Al final, el paradigma de vino para demasiada gente no es el francés, italiano o español, si no esas cosas tan poco europea (algunas excelsas, por cierto: Guelbenzu, una empresa MUY inteligente, se ha montado una bodega en Chile y hace una cosa que se llama Guelbenzu Hoppe con una uva que jamás probé -hasta el lunes-, la Carmenere y que está muy rico, extraño y cítrico. Encima es sensato en precio)

Esto es muy peligroso. Tanta biodiversidad y tanta leche y se olvidan de la parte más importante de la misma. Os imagináis un mundo en que SÓLO hubiese quesitos de loncha de esos tan americanos? O sólo pan de molde? Urghs...

25 octubre, 2005

Domus Hansis II. Paradiso temporalmente infernal.

Quedamos, pues, en que Hans, ubicado en el zentrum zaragothamano se enfrentaba a un triple frente de debate:
a) Arrendadores de fermosos pisos centriurbanos;
b) Compradores de suelo;
c) La progenie.

Dios, que en realidad es bueno, y la LAU*, que es muy jodida pa' los propietarios, se pusieron del lado de Hans. Como también se puso el no menos jodido régimen jurídico económico de las separaciones matrimoniales entre propietarios de fermosos pisos centriurbanos.

Vamos, que "enderrepente" mi Landlord y mi Landlady consideraron que "casi que vendían el piso"**: alucinen Vdes., sin casi no haber dicho nada (en una conversación de café mínima, yo había hecho una mención completamente lateral) me encuentro con que la contraparte es vendedora. Cirios a la Virgen. Brindises diversos. Jolgorio y francachela en Chez Hans.

Ah, pero ahí está la espantosa modernidad del dinero. El valor en el mercado de un piso como el que nos ocupa es cosa jodida. A propuesta de Landlady, hablo con el Landlord, todo un señor para quien estas incómodas cuestiones económicas no deben enturbiar una relación entre caballeros. Me da un precio. Nuevos cirios a la Virgen. Más brindises diversos, Jolgorio y francachela, nuevamente Chez Hans.

Landlady descubre el ofrecimiento de Landlord y dice que de eso, nada. Que eso es poco. Momentos de tensión. Debate. Indicación por parte de Hans (muy elegantemente, natürlich) relativa a la virtualidad de la prórroga automática de los contratos de arrendamiento de vivienda a CINCO AÑAZOS.

Acuerdo. Por tercera vez, cirios a la Virgen, brindises diversos, Jolgorio y francachela. Comienzo de la debacle financiera, claro: Hans empieza a no dormir por las noches, 50% por la felicidad de la nueva casa, 50% por la pregunta "¿Cómo coño pago yo esto?". Puta burbuja inmobiliaria, urghs.

Y sin embargo es precisamente la jodida burbuja inmobiliaria la que acude en ayuda de Hans. El suelo ése en que otrora pensó en plantar sus reales Hans' family, así como Hans' Cars y Hans' electric guitars ha incrementado su valor...

En fin, no entraremos en sucios asuntos crematísticos: Hans está endedeudado hasta las cejas hasta el día del juicio final por la tarde, peeeeeeeeeeeeeero no ha tenido que empeñar además una libra de su carne, gracias al concurso de la venta del terrenito, pues un amable promotor me ha quitado de las manos:
a) el terrenito;
b) el proyectito;
c) el divorcio de MBO y Hans que hubiese sido segura consecuencia de la iniciación de las obras del jodido chalete (sic).

Y dirán Vdes. "Hans exagera en cuanto a "c""

Y no. Miaja. No exagera miaja. Prueba de ello es la tensión dialéctica en chez Hans estos días. Hay OBRAS DE REACONDICIONAMIENTO DE NIDO EN CHEZ HANS. Me uno así a Dwalks a quien golpean los mismos embates de la adusta fortuna. Urghs.

El pisito de constante mención dispone de inmenso salón, de un ala separada donde estaba (sigh, snif) mi estudio y el cuarto de juegos de la progenie (estructura perfecta: no se les oía a ellos de día, y a mi no se me oía de noche cuando estaba tocando). Aparte de ello, había un dormitorio para las dos niñas, otro para UPMM, nuestro dormitorio y esas cosas tipo lavabos y cocina que no entran en el pack a que me estoy refiriendo.

Pues bien, para mi desgracia por tantos conceptos, UPFM se está haciendo mayor, y de ello se deriva la necesidad de cuarto independiente. Así pues, se queda con el cuarto de juegos. Y, de rebote, UPFm se queda con el estudio. Urghs. Acabó la paz e independencia del pater familias. Y no sólo porque el aislamiento de la progenie ruidosa se acabó y porque Hans se quede sin estudio. Es porque (ay!) hay que hacer obras. ESTOY EN PLENAS OBRAS. Cambiar radiadores. Acuchillar parquet (EL HORROR, SEÑORES, EL HORROR). Cambiar instalaciones eléctricas. Sustituir ventanas y cerramientos exteriores. Pintar.

Vamos, que MBO y yo no nos mordemos entre tanta suciedad y desastre (mi salón de casi 50 m2 se ha convertido en puto guardamuebles y mi dormitorio está recubierto de polvo par tout) porque somos muy civilizados.

Si a eso se adicionan cantidades ingentes de trabajo... Sí. Creo que esta es de esas ocasiones en que uno piensa en cortarse las venas por tres lugares bien diferenciados en orden a asegurar una rápida salida de este mundo cruel en que hay obreros ruidosos y ensuciantes, y demasiado trabajo, y poca comprensión, y JODEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEERRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Y todas esas cosas. Pero no hay problema. Resurgiré de mis cenizas cual Ave Fénix. Lo que no sé es -sigh!- cuándo.

Besos y abrazos.


* LAU: Ley de arrendamientos urbanos.
** A la sazón yo desconocía la causa.

Interludio cuasi vacuo.

Que si, que soy la ruina caracolera, que no tengo ni vergüenza, ni pundonor, ni puntillo, tanta tontada informática (siendo el cybertorpe que soy) para, a la hora de la verdad, a la hora de hacer lo que (tal vez, a lo mejor, en cierta medida, teóricamente) SÍ que sé hacer -escribir-, quedarme en seco.

En mi descargo diré que ANTES y DESPUÉS del findesemanatotal [(c) Imágenes de Archivo, 1984] he estado -y sigo estando- hasta las cejas de trabajo. El otro día, cierta blogera colateral me decía "Pero... ¿tú en que trabajas, para empezar a las 08.15 y acabar a las 03.00?" Y era cierto, había trabajado, con una sola interrupción brevísima, de 35 minutos, para ir a comer algo y volver a la mina, casi diecinueve horas. La cosa ha "flojao", que dicen por aquí, pero sigue parecido. Urghs. Volviendo de una reunión que he tenido a setenta km. de Zaragotham pensaba en la cantidad de llamadas -importantes: personales, no de trabajo- que tengo sin corresponder.

Y en ese contexto navega como buenamente puede mi pobre bló. Ayer lo abrí, cotilleé a los demás (cfr. columna derecha: hay muchos y muy buenos blogs ahí linkados), hice algún comment brecve (atención: lo de breve lo ha dicho Hans, ergo debe ser puesto en entredicho, ya se sabe que el problema con éste es que diga que "no ha sido breve". Eso implica la Britannica, o "asín".) y cerré el chiringo.

Habréis observado que la bella Dra. B me imputa por ahí abajo haberme ido de traca al rompeolas de todas las Españas. Y así fue, en efecto. No pude coordinarme debidamente con algunas personas con quienes me hubiese gustado quedar (lo que me hace pensar que debería ser obligatorio poner un dirección de e-mail válida en estos artefactos, para poder tratar de conectar, aunque luego le den a uno calabazas), peeeeeeeeeero al menos conocí el fantástico Susan Club, garito con innúmeras virtudes, las menos importantes de las cuales no son precisamente sus responsables: Pablo, Vanesa y Paul (al ínclito Juan, lider espiritual indudable del lugar, no se le pudo conocer malgré-moi. Estaba ocupado en más altas cuestiones, no doubt. Entren Vdes. en su blog para más información). En cuanto al referido Paul, además, resulta que es no sólo coctelero de nota, si no aún más brillante músico power pop, una de cuyas canciones es una de mis bandas sonoras mentales permanentes. Vamos, que soy súper-fans (sic).

Por lo que respecta al lugar (la cosa física, las paredes, la decoración, las lámparas, esas cosas) es MUY chulo, además, y está en una ubicación perfecta para los pobres chicos de provincias; vamos, que perderse para llegar al Susan exige una carencia neuronal importante (no tener más de dos neuronas, diría yo: la locomotriz y la de respirar).

Como no tengo medida, y además iba en plan científico, después de haber cenado opíparamente en La Saga con un amigo non-blogger (haré nota expresa del tinto, un auténtico invento que debn Vdes. probary que no conocía), me dirigí a la Calle La Reina, donde se encuentra el "susanclús, donde beber es un plus", y me endosé dos martinis, uno a cargo de Vane y otro a cargo de Paul. De referencia el hecho de que el primero de los dos fue preparado dos veces, al no quedar convencida la joven de la idoneidad del mismo (tenía razón). Lo tiró y volvió a empezar. Me pareció perfecto. Coincidí con el insigne Cranston Snord, constatando las simetrías espirituales existentes (tanto que compramos ambos a un tiempo copias del EXCELSO Flyin' High del maestro Collins, por ejemplo), y, cuando Mr. Snord se fue con sus compromisos precedentemente adquiridos, me pasé al Del Diego, para incumplir con premeditación & alevosía una norma que he seguido rigurosamente toda mi vida: nunca más de dos martinis. Pero claro, recuerden que estaba científico yo, y había que hacer trabajo de campo para llegar a conclusiones acerca de la "Martinización de los laterales de la Gran Vía".

Y oigan, tan viejo no debo estar: al día siguiente estaba como un reloj.

Seguiremos informando: este horror laboral en el que vivo me impide más que esta (juasjuas) sucinta nota.

Besos y abrazos desde Zaragotham.

18 octubre, 2005

HE SIDO CAPAZ DE PONER UN CONTADOR...!!!!!

Aunque haya caido donde le ha convenido, claro. NPI de por qué está allí abajo, a la derecha, todo soso en azul clarito (pelín moñas) sobre marino foncé, y no arriba o a la izquierda. Tampoco he podido poner alrededor algo del tipo "A esta estación acudieron X ferroviarios", o tontada análoga. Pero bueno, ya me vale. Orgulloso estoy. Lanzao que eres, Hans. Fiera. Que luego lo mismo puedes dejar de guardarte internet en un diskette. Genio. Bilgueits.

N. del A.: Gracias mil a La Doctora B por su colaboración en la materia informándome de dónde conseguir el contador y la cosa de las estadísticas, tan divertidas ellas (StatCounter, por si le interesa a alguien)