15 julio, 2006

Grecia y otras cosas

Empecé a escribir esta entrada haciendo anotaciones en las libretillas y con los lapiceros del hotel de Atenas. Cuando me puse a transcribirlo -y por tanto a re-redactarlo- me dí cuenta de que era un auténtico pestiño. Hoy he borrado todo, para ofrecer una síntesis prudentemente breve (y si, sigo siendo Hans a pesar de todo). No se puede estar sin escribir tanto, tanto tiempo: uno odia molestar y el ladrillo que estaba saliendo aburriría a las piedras.

Dicho lo anterior: hay que ir a Atenas. A pesar de que sólo pueda volarse vía Iberia (y por tanto caro y potencialmente huelguizable: nos libramos de las cabronadas seplísticas gracias a volar desde El Prat), a pesar del caos ciudadano de esa ciudad donde lo que se construyó hace treinta siglos es señaladamente más hermoso y armónico que lo que se levantó hace apenas diez años, supongo que vertiendo abundante hormigón sobre zanjas apresuradamente abiertas y aún más velozmente tapadas; a pesar del calor, que tal vez afecte mucho a los yanquis o a los frankfortenses, o a los moscovitas, pero no a nosotros: cuando se viene de la ciudad en medio del desierto, los 40º no son si no una anécdota.

Y a pesar, también, de que si alquilas un VW Polo y lo dejas perfectamente aparcado una noche después de cenar -gloriosamente- en un restaurante en el Pireo al que fuimos con nuestros amigos casaderos, es posible que al día siguiente pierdas media mañana tratando de convencer al funcionario Theothocopoulos Peláez de que no había prohibición alguna en el lugar. Infructousamente, claro: véase: "Good Morning. Do you speak english, please?" "No. Do you speak greek?". Eso si que es arte en la prevención de conflictos, eso si que es un catenaccio argumentativo con dos cojones. Al final, después de entregar 60 EUR de la multa y 65 de la grua, y 0.5 EUR por una incomprensible tasa de devolución de placas de matrícula (¿?), conseguimos recuperar estas últimas (¿concebís método más eficiente de fiscalizara los infractores que no pagan las multas que el de RETIRAR LAS PLACAS de los coches multados?) recibiendo a cambio abundante resguardo de papel de pagos al estado griego.

Condujimos tres días (casi mil quinientos kilómetros) por la Península gozando de la absoluta belleza del monte mediterraneo, MBO lloró -no es matefórico- ante tanta belleza en Delfos, aluciné -otra vez- con la sabiduría de nuestros ancestros al determinar las localizaciones de sus -por ejemplo- teatros en Epidauro, fabulando con un concierto que jamás podría sonar mejor, o descubriendo un lugar como Nauprio, relativamente fuera del circuito usual.. Tomamos el perfecto crucero turisticutre para ver tres islas (no time for better chances). Y, gracias a no sé exactamente qué, tampoco sufrimos demasiado la presencia de turistas standard, salvo quizás visitando la Acrópolis. Estos días, por cierto, he estado reflexionando acerca de la conveniencia o no de la reconstrucción o no de las ruinas, y el modo en que esto se efectúa: luciendo y evidenciando debidamente las intervenciones (postura griega actual) o sometiendo a los materiales a tratamientos para que "lo moderno" no destaque entre lo original (pensamiento, por ejemplo, de Viollet-Le-Duc). La idea no es, creo, baladí, sobre todopensando en el futuro y considerando que las obras maestras de la arquitectura moderna (vale decir, la posterior a la primera guerra mundial), los grandes edificios corporativos, infinitamente más efímeros que los equivalentes de la antiguedad, van sufriendo cada diez años apenas intervenciones profundas que van deformando su esencia original...

Y fue divertido desempolvar los estudios de griego de MBO para leer los carteles de las carreteras en cirílico (aunque muchos de ellos están traducidos, cierto es), sin bien debe decirse que Grecia se rige por el principio de mínima información en general. Los desayunos -salvo, como en todos los hoteles del mundo, el café, que rebauticé como cacocafé- hubiesen satisfecho a Dwalks claramente, no así el comistrajo que nos sirvió Iberia a la ida (pasta de colegio apenas salseada con tomate triturado y pastelillo letal). Por lo demás, en general, en Grecia se come muy bien y más bien barato. Me parecieron peor los Restaurantes de Gran Pretensión (La Estrella Michelín de Atenas, por ejemplo, entregada desde luego por los de la Guide Rouge con MUCHA generosidad) que los sitios más simplitos donde sueles comer cosas a base de materias primas poco sofisticadas tratadas de manera honesta y muy bien de precio. Y aplaudí los retzinas que me tome, y ese sabor balsámico y limpio que cuadra bien con lo que comes. Aunque, curiosamente, no debe tomarse frío.

Y la boda... Ah, la boda. Como primera indicación: qué jodido es bailar sirtaki. Yo, que me pasé toda la semana bailoteando por aquí, allá y acullá, me inhibí al punto en cuanto entró el cuerpo de baile profesional al estradillo-pista de baile que se había instalado en el jardín de la casa de la novia. Joder, qué difícil es hacer eso como Dios manda. Viendo bailar a la novia comprendí que mi amigo va a descubrir la disciplina en su matrimonio: la forma de bailar de una mujer delata su actitud en relación a la dicotomía mando/obediencia.

Nos tocó una divertida mesa con algunos amigos hispanos -paradójicamente no muy animados-, una pareja italobelga (él, a pesar de su condición flamenca, era un tipo muy divertido, y la italianita era rotunda tanto espiritual como físicamente: una mujer oronda y con destreza de seducción, con un poderoso traje azul eléctrico y toda la gracia bailando. Lo mismito, si les recordáis, que los compositores de jingles publicitarios de "Los Amigos de Peter", como acertadamente dijo MBO).

El Comisario Salvo Montalbano (me llevé tres novelas, así como La Concesión de Teléfono, del mismo autor) ha sido mi compañero en este viaje junto con el último Douglas Coupland, JPOD. Me hace gracia coger a éste ahora que lo de la Generación X es historia, y creo que sigue escribiendo bien, muy bien, incluso cuando lo que genera no son si no listas aleatorias, tan escritura automática. Digamos que el tarro le sigue funcionando curiosamente bien a la hora de conectar. Y resulta cachondo eso de que haga un cameo en la novela.

Y no os aburro más: demasiado me he alargado para lo que pretendía. Eso sí, queridos amigos: no me voy sin deciros que ayer, catorce de julio, Hans accedió a su cuarta década. Muchas gracias a aquellos que me felicitásteis vía sms, desde aeropuertos, desde la montaña. Y gracias a los lectores por sobrellevarme a lo largo de buena parte de mi 39º ejercicio.

01 julio, 2006

I'm leavin' on a Jet Plane...

Pues bueno, pues muy bien: una -otra- semana en que me ha sido imposible escribir una sola entrada para este su Blog, por la sobrecarga de trabajo que pesa sobre esta dependencia (a ATT le sonará el soniquete de las palabras en cursiva), entre cuyos elementos componentes -de la sobrecarga-, y no el menos importante, ha estado la preparación, cálculos y redacción de las declaraciones fiscales del ejercicio cerrado a 31/12/05 correspondientes a Hans y MBO (y a los Augustos Padres de Hans también, todo hay que decirlo).

Les evitaré a Vdes. los juramentos y blasfemias que iba profiriendo a lo largo del tecleo de la declaración del IRPF y, lo que es mucho más importante, les ahorraré el coñazo de entrada que iba pergeñando conforme avanzaba por las páginas de la nauseabunda declaración: quién coño puede creerse seriamente las cósmicas chorradas del socialismo científico (juás!) que propician el nacimiento de la socialdemocracia, y con ello la tributación severa, y la inconmensurable aberración del gravísimo gravamen de las rentas del trabajo, "serán cabrones, su puta madre, total para malgastarlo todo en idioteces, y encima pasado mañana el carnet por puntos, más les valdría dedicarse a resolver problemas reales, pero qué va, cómo van a hacer eso si no sirven para nada más que para dar pan, circo y promulgar medidas demagógicas, hijoputas, llegan al coche oficial y joden con radares en las autopistas, pero eso sí, medidas serias en la mierda de red REDIA de carreteras, ni una, malnacidos, sólo para recaudar, y el XXX% de mi tiempo, que podría dedicar a estar con mi familia, o leyendo, o tocando, lo qtengo que dedicar a trabajar para mantener la Administración más incompetente -joder, qué redundancia- del Universo...". Otro día, con más sosiego, si eso, les largaré el discursillo liberal. Hoy no procede. Hace demasiado calor para soflamas. En todo caso el hostión ha sido de lo más desagradable.

Vamos, veran Vdes. que no estoy debidamente sosegado, máxime si se toma en consideración el hecho de que UPFm está en un Summer Camp a ver si mejora (juás!) su inglés, que hoy mismo hemos dejado hoy a UPMM y UPFM en Reus en el avión a Dublín -y nos hemos metido un arroz de bogavante en Cambrils que temblaba el misterio, BTW-, que MBO y yo estamos solos, y que el lunes nos vamos una semanita a Grecia.

Y nos vamos a Grecia porque resulta -¿conté esto ya?- que mi amigo E., con quien compartí mis tres años y pico de carrera docente en la Universidad (él fue más listo: se quedó en la Magna Mater hasta llegar a Doctor, luego Profesor Titular y seguidamente usufructuario de una excedencia por Servicios Especiales que está pasando allende nuestras fronteras en un destino chollo cósmico) contrae -por segunda vez- con su ya esposa, María, pero esta vez por el rito ortodoxo (la primera fue por el Rito Católico en la Basílica del Pilar. Talmente que sus Majestades, oiga). Y si, señores: nos vamos a disfrutar de una Gran Boda Griega. La cosa promete: ya os contaré. De momento he comprado una Guía adecuada y espero alquilar un coche -convertible if affordable- para recorrer la Península hasta el día de la boda propiamente tal. Y me desasosiega no saber si una boda de noche en Atenas exige, como en el resto del Mundo Civilizado, traje oscuro, o es razonable lo del Lino color tostado (tentador llevarme el panamá, pero tal vez algo excesivo. Un poco demasiado colonial, quizás). A ver si consigo evitar el exceso de retzina.

No menos importante que lo anterior en orden a fundamentar un razonable estado de ánimo es el hecho de que la parte III de las Obras en Domus Hansis se perpetra a lo largo de la semanita en que no estamos (jisjisjisjis): el acuchillado (urghs!) del parquet del resto de la casa una vez concluídas las Grandes Obras de Albañilería (la mayúscula no es casual). Se queda V., nuestra amable colaboradora hogareña, supervisando. No creo que se beba mi whisky ni que organice grandes orgías en casa por la noche, francamente, pero lo cierto es que como se come semejante marrón, hasta se lo perdonaría.

Temo que tampoco en esta semana 27 que comienza pasado mañana podré escribir mis tres entradas semanales. Qué desastre. Espero me disculpen y que no dejen de visitarme. Cuídenseme mucho, pónganse protección solar 30 y beban mucho agua para prevenir la deshidratación. En Zaragotham estamos hoy a 38 grados. Dios.

Guten nacht.

26 junio, 2006

We're gonna have a party-party!

Reflexionando acerca de los sucesos del pasado sábado 24, llegaba, en la amanecida del domingo -a eso de las 12.00-, a la conclusión de que en realidad, lo de la fiesta no fue para tanto.

Lo que pasa es que luego he reflexionado más. Y en fin. Cierto es que quien espere historias de vissio y depravaçao, relatos de orgias en el jardín, rayas de cocaína y billetes de quinientos euros enrolladitos y tal se llevará una severa decepción. Nada de eso hubo.

Si que hubo rock'n roll, sin embargo. Y, según todo el feed-back que he recibido, una GRAN fiesta.

En fin: cronología. El viernes a la tarde me junté un par de horitas con el amigo Iñaki a pergeñar el repertorio de lo que se iba a tocar el sábado. El teclista de los Green Apples ya había indicado que no podría tocar con ellos por compromisos previos, de manera que se trataba de apoyar algo a la banda, y ¿qué mejor apoyo que el del propio anfitrión de la fiesta? En plancha que me tiré, a la vista de la oportunidad. Nos pegamos, como digo, un par de horas seleccionando temas de los discos de Beatles hasta Revolver, y seguidamente me fuí a cortar el pelo para no parecer el Rey León on stage.

El sábado por la mañana amaneció "contenido". Vamos, "nubes y claros", que dicen los servicios meteorológicos de las estaciones de esquí. Cargué las dotaciones alcojólicas a que me refería en mi entrada anterior (cajas y cajas de producto tóxico amontonadas en mi despacho. En términos de imagen frente a mis chicos, muy pero que muy mal), el amplificador y -al final- la Stratocaster, y me dirigí a la escena del protocrimen.

Dediqué la mañana a ordenar el biotopo y sobre todo a despejar de muebles las zonas cubiertas. Optimista sin embargo dejé un par de grandes mesas, una tumbona y un par de cómodos sillones en el exterior, en el ánimo -ingenuo- de conjurar la lluvia. Una especie de envite a los Dioses: "Coño, no mandéis lluvia, que está ya todo montado para que haga sol en mi fiesta!". Infructuoso, claro. No se puede dejar llevar uno por el animismo de baja intensidad.

Por ser más exacto hay que describir el lugar de Autos. Compónganse Vdes.: una finca de 1.000 m2 dividida en dos zonas aproximadamente iguales a diferente altura: la mitad de "abajo" es un jardín y una superficie adoquinada para aparcar, con sus arbolitos y esas cosas. La mitad de arriba, a la que se accede por una escalera grandota -pero peligrosa para bajarla borracho, también es cierto- se subdivide en dos mitades, a su vez: una zona dedicada a piscina y otra que es propiamente el chalet, de una sola altura, la mitad del cual es un amplio porche -casi la mitad de la edificación- cerrado por una cristalera practicable.

Continúo. A las 16.30 estaba de nuevo en el chalet con Michel para preparar alguna cosilla que tocaríamos juntos. El cielo seguía aguantando, pero poco. En un momento determinado, tanta contención se fue al garete y comprendí que "novamoamojá". Michel regreso a Zaragotham a buscar a su bella esposa y yo me quedé esperando a que llegase catering y banda... que llegaron, naturalmente, todos casi juntos: primero dos camareros, luego cocineros y ayudantes y luego los Green Apples. El camarero "jefe" procedió deshacer todo lo que yo había hecho y montado por la mañana y a reorganizarlo a su modo (nota mental: no volver a tomar decisiones de esas). La lluvia iba arreciando. Hans, todo optimismo, contestaba las llamadas a su móvil diciendo "No, bueno, si, llueve, pero parece que va despejando allí al fondo", mientras Elena, una camarera RuRu (rubiarumana) se partía de risa cada vez que lo escuchaba. La muy jodida.

Si regresamos a la composición de lugar que hacía más arriba, se darán cuenta Vdes. que 75 personas, una barra para servir copas y unos camareros circulantes funcionan bastante bien sobre 1000 m2. También sobre 450 (500 de arriba menos los 50 m2 de la piscina: de momento no tenemos ni camareros ni invitados con escafandra autónoma, y tocar bajo el agua tiene un desagradable efecto electrocutor), si nadie se queda en el jardín. Pero si han de meterse TODOS entre el porche (100 m2 en números redondos) y en el salón de la casa (pequeño, apenas 25 m2); si la cocina debe contener a todos los operarios que no se pueden valer del patio de atrás como desahogo; si sólo resulta operativo uno de los lavabos porque el uso del otro exige atravesar una cortina de agua torrencial de lluvia... señores, entonces tenemos la tradicional "Fiesta-saco-de-gatos".

Entre 19.30 y 21.00 estuvimos montando el escenario al fondo del porche, en el lado opuesto a la barra. MBO llega a las 20.00 como una Princesa. Preciosa. A las 21.30, justo en un momento en que no llovía, mis invitados que son muy puntuales -y el autobús que había contratado para evitar accidentes que lo fue aún más- empezaron a llegar. Estábamos en ese momento terminando de probar sonido, y justo fue para cortar el último acorde y empezar a recibir gente y regalos (me sentí un poco como en "El Padrino", cuanto Marlon Brando, con ocasión de la boda del hijo mayor, recibe los obsequios de sus diversos protegidos). Muchos y preciosos presentes, incluyendo un cuadro y una litografía preciosa y una pequeña escultura francamente hermosa. Y claro, vino, mucho vino -mucho y excelente- y en especial una botella de Viña Pomal Gran Reserva 1966 que me hizo mucha ilusión y que no sé de dónde demonios ha podido sacar Fabiola... Coco me regaló un Chorus ElectroHarmonix formidable que me hizo mucha ilusión (no me enrollo con la cuestión técnica: es un pedal de efecto para la guitarra muy vintage, muy, muy de mi estilo). La sensación que tanto MBO como yo tuvimos y tenemos es que todo el mundo se esforzó en regalarnos cosas que nos iban a gustar; todo el mundo pensó, nadie hizo regalos "de compromiso". Y es muy de agradecer, la verdad.

A las 21.45 la lluvia arreció y TODO el mundo hubo de meterse al porche y a la casa. El chef, un argentino de Mendoza que merecería una descripción personalizada (vaya figura, oigan) concluyó que empezaba a producir en grandes cantidades y a sacar platos.

En ese momento se fue la luz.

75 personas en el referido porche, la cocina a todo gas (mentira: a toda electricidad, pues es ELÉCTRICA y el horno que trajeron lo era igualmente) y una banda a punto de empezar un concierto -eléctrico, por supuesto- SIN ELECTRICIDAD. Glorioso. Pasa, además, que Don Hans Senior hizo sustituir el sistema eléctrico hace unas fechas y, en un momento determinado, me dí cuenta de que NO SABÍA DÓNDE ESTABAN LOS PLOMOS.

Momentos de mucho miedo, que decía Goma Espuma.

Afortunadamente, el sentido común de Hans le hizo localizar rápidamente el cuadro eléctrico y la causa del salto y reiniciar, no sin que antes nuestros invitados cantasen a fuertes voces lo de Cumpleaños Feliz. Un par de cortes eléctricos más -muy breves y rápidamente resueltos- y ya no hubo más problema. Al menos desde fuera: sé que Jorge, el citado cocinero argentino, estuvo a punto de cortarse las venas con un cuchillo de esos japonenes con e que estaba haciendo juliana de verduras. He sabido más tarde que alguna de las cositas que deberían haber sido servidas no pudieron serlo por esos cortes. En fin.

22.30. Empieza el concierto. Subimos. Enchufo la Strato a mi Hughes & Kettner que -esta vez- no fallará.

02.30. Dejo de tocar. Muerto. Estoy muerto. Después de hora y media acompañando a los Green Apples, Michel y yo hemos hecho algunos temas nuestros, así como La Chica de Ayer y Ojos de Perdida y luego han seguido los Green (y yo con ellos), y seguirán hasta las 03.00 o 03.15. Sube Carmen París y canta algo, sube Coco y acompaña algunos temas. Michel está enganchado al micro como si le fuese en ello la vida. Pero a las 02.30 me pregunto yo... ¿cómo han podido pasar cuatro horas? Entre tanto han servido una cena (en algún momento me he comido un rissotto de boletus bastante bueno, por ejemplo, una brocheta de pollo teriyaki, una de esas cucharitas de cerámica con jamón y chèvre, unas croquetas recien hechas de bacalao ahumado, muy sabrosas...), ha DESAPARECIDO la cerveza en un tiempo récord (ni idea de dónde han salido, hacia las 00.00, un montón de cajas del maltolupuloso producto; luego me enteraré de la odisea del encargado que volvió a Zaragotham a buscarla, reventó el coche por la carretera y hubo de sacar de la cama a un colaborador para que fuese a buscarle -con mucha cerveza-) y no he podido probar una tarta de chocolate que me habían hecho ex-profeso: no ha llegado al escenario, donde parece que me hayan clavado.

He visto a la gente enfrente mio bailar y bailar y bailar (señaladamente a MBO, a Ana y a algunas de nuestras fans de toda la vida), y hoy he sabido que, de hecho, cuando dejó de llover, la gente también bailaba fuera del porche.

A las 02.30 la gente está bebiendo pelotazos con contundencia, pero efectivamente sólo caerá menos del 50% de los alcoholes "gordos"; nadie habrá tomado Bailey's (tome V. nota, MissDamaDelicata: prejuicios tontos tienen como consecuencia que dos botellas de ese producto infame seguirá per secula seculorum en los anaqueles del chalet de mis padres); la cerveza ha volado (primera y casi segunda entrega entera) y un par de cajas de vino tinto y el blanco, también. No veo a nadie borracho, sin embargo.

Nadie ha caido a la piscina. Nadie ha maltratado animales (racionales o irracionales). No se han visto chicas -o chicos- llorando de desamor. No hay vomitonas por las esquinas.

Ayer domingo me acerque a ver los desperfectos, y son perfectamente mínimos, ilimitada suciedad aparte (mi Augusta Madre no tuvo mejor idea que poner en su momento un suelo blanco níveo en el chalet, tan estético como dudosamente práctico. Y anteayer, mucho más. Odio ese terrazo gris asqueroso, pero supongo que es mucho más sufridito).

Y yo tengo, a priori, la sensación de que hay cuatro horas que se me han perdido, entre las diez y media y las dos y media de la noche del sábado al domingo. Y luego me doy cuenta de que no. De que, a lo mejor, mi autorregalo de cumpleaños -y el regalo de MBO para mí- fue hacer una fiesta para tocar durante cuatro horas para mis amigos, y darme cuenta de que sigo siendo capaz de hacerlo con solvencia. A pesar -o gracias a- los cuarenta.

The Kid is Allright ;-D
P.S.: No tengo fotos, pero supongo que las tendré, antes o después y espero poder colgarlas (en su caso con flores sobre la cara, Would ;-D). Algún flash vi entre brumas de rock'n roll.

23 junio, 2006

Ready, steady, go!

Pues bueno, pues muy bien. Llega el fin de semana de San Juan. De hecho ESTA es la Noche de San Juan. Como me decía esta tarde mi amigo Alex, que es quien desde hace unos 20 años me corta el pelo, ésta es una noche mágica. Mágica y más en concreto -al menos en la edición 2006- húmeda: el cielo está viendo a ver si cae o no sobre nuestras cabezas [(c) Goscinny-Uderzo]. Personal y egoistamente, entiendo que convendría que así fuese, dado que mañana MBO y yo celebramos en el chalet de mis padres nuestra 40's birthday party, y convendrá que la cosa esté despejada: una cosa es que la gente borracha se caiga a la piscina y se moje; otra muy diferente es que llegue, se cale con la lluvia y se emborrache para amortiguar el impacto del remojón y o la destrucción del peinado-de-peluquería.

He seleccionado un tinto adecuado (un Rioja, Campillo Reserva 2001) en cantidad suficiente. Creo. El albariño me inquieta, tal vez sea insuficiente. A lo mejor mañana me hago con un par de cajas de Verdejo de Rueda, que entra bien fresquito. Cerveza, c.s.p., que dicen los químicos farmacéuticos. O no. No sé. Creo que me haré con un retén adicional. Johnnie Walker Black Label y Bombay: doce y doce botellas. Más que suficiente. Si nos bebemos todo eso habrá algún coma etílico. Hay limones para los yintónix (no tenemos edad de beber chapuzas). Como viene una rusa hay Stolichnaya (tópico y lugar común); como hay niñas (+18, no se me inquieten), hay Bailey's (item más). No más: he evitado basuras complementarias, manzanitas o melocotones pútridoalcojólicos impropios de un caballero. Dudo, sin embargo, acerca de si encargar algo de un ron adecuado, Havana Club, Brugal... No bebo de eso y no sé.

La gente del catering me ha confirmado que estará en tiempo y forma. El autobús esperará a nuestros invitados quince minutos de reloj en el centro de Zaragotham. He estado ensayando temas con mi amigo Iñaki durante la tarde, y el show estará operativo hacia las 19.30. Y para rematar la tarde, me he cortado el pelo. Mañana trabajaré con Michel -que como buen amigo está igual de nervioso o más que el anfitrión- y repasaremos sonidos, texturas, viejos temas y nueva ola. Es gracioso, esta mañana trataba de explicarle a un chavalín porqué desde 1978 hasta 1990 se publican algunos de los mejores discos de la Historia, y quién es Elvis Costello, o Tom Petty, o por qué Atlantic City es un supertemazo, o por qué Blitzkrieg Bop no es sólo una canción para saltar.

Hay setenta y tantas personas esperando el pistoletazo de salida. Y el cielo está viendo a ver si rima exactamente con la primera de las Grandes Fiestas que hice en el chalet, allá en 1985, y que han creado la tradición de que "Es que las Fiestas de Hans... son las Fiestas de Hans". En aquella Fiesta, que organizamos mi amigo D. y yo, se cayó el cielo, con un camino de acceso no asfaltado que convirtió mi 2cv6ct de la época en un vehículo anfibio. Y la gente a la Piscina. Y al día siguiente la gente durmiendo por ahí: una tumbona instalada en el techo de un r5. Y mucha ropa interior abandonada por debajo de las hamacas del jardín. No merece la pena ahora hablar de todas las demás, aunque, en 1990, hice la más importante de todas. Aquella en que conseguí convencer a MBO de que, en realidad, para qué seguir por la vida cada uno por nuestro lado, si era evidente que no debía ser así. Es decir, convencerla de lo que yo sabía desde una mañana de Diciembre de 1989 en que MBO cruzó por delante de mi coche en la Calle María de Molina de Madrid. Conseguí convencerla de eso mientras administrábamos una crisis internacional porque mi amigo el héroe había dejado de lado a la chica californiana en beneficio de una rusa blanca (el muro no había caido), mientras los tres irlandeses amigos de no sé quién se bebían ellos solos el cajón de Guinness que se habían traido (amanecieron los tres apoyados cada uno en el hombro del otro, contra la pared) y mientras Yolanda, la novia de mi bajista, una de las chicas más guapas que podríais imaginar, con el pelo al cero, se bebía una botella de tequila mientras M., la novia anterior de dicho bajista, lloraba las ausencias. K., el objeto de tanto deseo, bailaba con The Ramones.

En cada una de mis Fiestas he pasado la noche anterior dando vueltas a problemas de organización. Hoy tengo menos de esos. Creo que tengo los flancos débiles controlados, en buena medida. Sin embargo, jamás sabes si una Fiesta ha sido redonda hasta que se acaba. Tal vez el domingo pueda deciros algo. Realmente mi duda más profunda, ahora, es si tocar mañana con la Stratocaster o con la Rickenbacker.
Guten Nacht.

20 junio, 2006

Por Amor al Comercio (y al bebercio)

En otro tiempo la celebración de la Junta General que tuve el viernes pasado llevaba aparejada la ingesta de cantidades dudosamente recomendables de etílicos diversos, para celebrar las excelentes cuentas anuales and so on.

Este año, gracias a Dios y a la prudencia que le da a uno ir teniendo una edad -y tener que volver a Zaragotham en coche desde el lugar de celebración-, condujo a sólo algo de tinto con la comida y un gin tonic en el Rock and Blues, un garito zaragothamano de mucho merecimiento al que deberíais acudir cuando vengáis por la Siempre Inmortal Ciudad. Si eso ya os llevo yo.

El findesemana ha transcurrido en la bella villa de Castro Urdiales, donde se come y se bebe más o menos igual de bien que en la Guggenheimiana Ciudad que está a veintipocos kilómetros al este de ahí. Mis cuñados bautizaban al neonato Pablito, en una ceremonia bastante hermosa -desde el punto de vista de un católico- que concluyó con una breve procesión del Corpus alrededor de la preciosa Iglesia del pueblo, que lo corona y se ve rodeada por tres de sus cuatro lindes por el Mar. Por cierto que mis cuñaos organizaron el bautizo antes de que naciese el niño, un alarde de organización francamente infrecuente.

Como actor gracioso en el espectáculo, el Sacristán, que dirigió manu militari la organización del evento -se bautizaban unos diez niños- y que expulsó con cajas destempladas, casi como Cristo a los Mercaderes del Templo, a una guiri -de manual, del modelo semisenecto: no menos de sesenta, pelo corto pajizo y desaliñado, bermuda florida, camiseta de tirantes de imposibles tonos fucsias-rosas-naranjas, las tetas -perdón- por el ombligo, roja cangrejo y haciendo fotos de las vidrieras desde el pasillo de la Nave Central la desfachatez característica de quien no respeta nada. El Sacristán no le pegó una hostia -curiosa coincidencia- por milagro. No puedo asegurar que dicho Sacristán, de acuerdo con la tradición, no se pimplase el Vino de Consagrar: lo cierto es que dejó encerrados a dos paisanos una vez concluida la ceremonia.


Me ha gustado este fin de semana alojarme en un chalet precioso a la orilla de la playa, y caminar bajo esa brumilla tan cantábrica con MBO y los pequeños delincuentes, y escuchar a UPMM formular -joder con la química- y repasar la tabla periódica con su tío el boticario, y tomarme la -quizás- mejor merluza que he tomado en mi vida, y beber gin tónics en una terraza con 1/6 de la Ginebra estándar porque yo lo valgo, y comerme unas almejas exquisitas. Todo, como véis, de lo más espiritual.

Y ¿qué ha leido Hans? Veamos. Andrea CAMILLERI es mi autor de referencia este fin de semana: dos novelas que compré el jueves, y que han caido entre el viernes y el domingo, La Ópera de Vigàta (desopilante, de partirse en dos) y La Temporada de Caza (buenísima también). En la Sicilia midisecular (del XIX), sociología contundente de las costumbres de la tierra (nada que ver con el resto de Italia), ambientación excelsa en ambos casos. Mejor la primera por lo alucinante del relato. Fantásticas las dos porque ¿para qué quiere uno realismo mágico-pestiñoso hispanoamericano si basta con las historias reales sucedidas bien cerca de nuestras costas? Máxime si se cuentan con auténtica gracia no exenta de retranca. Me gustó mucho el material Montalbano, pero esto -dos libros breves, de bolsillo, apenas siete euros cada uno- debe tenerse muy en cuenta.

Sigo de italianos. Ayer MBO me regaló una novela del para mí desconocido Carlo LUCARELLI: El Comisario Di Luca. Se trata de una recopilación de tres relatos que tienen como protagonista a dicho Comisario y que describen hechos más o menos concatenados temporalmente: el primero de ellos acontece en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial cuando los partisanos comunistas están ya haciendo de las suyas por Italia; el Comisario, policía profesional que se ha visto obligado a pasar una temporada en una brigada política, pero que está exento de actuaciones ilegales-torturadoras-asesinas por cuentas de los fascistas, hace su última actuación investigadora dando solución a un crimen con tufillo extraño pero finalmente de lo más pedestre; cosa matizadamente parecida sucede en el segundo relato, que refiere a hechos que tendrán lugar cuando Di Luca está tratando de huir de la represión de los presuntos colaboracionistas a cargo de los comunistas. No puedo dar, obviamente, más detalles, pero he de decir que me está resultando, dentro del punto gris y ciertamente lóbrego -el color de estos relatos no deja de ser algo neorrelista, un poco Roma, città apperta- interesantísimo. Veo que no sólo en España hay imbéciles que mutatis mutandis siguen tratando de buscar tres pies al gato y volver a pasar facturas -cuyos giros están evidentemente vencidos- por las animaladas que falangistas y comunistas despacharon entre 1936-1939. El brillante tono irónico con que el autor se refiere a los heróicos partisanos comunistas que resuelven expeditivamente diversas cuestiones me ha gustado mucho.

Y me ha gustado mucho también la descripción del miedo del Policía, de sus arcadas, no específicamente causado o causadas por la persecución de los vengadores -o no sólo-. Di Luca pasa miedo cuando y como lo pasarías tú o lo pasaría yo y sospecho -desde la experiencia- que el autor está siendo absolutamente autobiográfico. Por el lado de la ternura, hay un retrato apenas esbozado de la virulenta belleza de una joven que ha cometido el error de yacer con un alemán, con los resultados capilares que son de prever.

En fin: navego por esta complicada Semana, con la vista puesta en el sábado :-D. Guten Morgen.

P.S.: Creo que ayer hubo algo de lo del pelotón y tal, en que jugaba España. Lo noté por la INMENSA afluencia de hijos de puta con tamtams, bongós y otros instrumentos de percusión a la Plaza al lado de la que vivo y a la que da mi dormitorio donde ayer, a las 23.30m, trataba yo de dormir. Infructuosamente, desde luego. A ver cuándo acaba la puta mierda esa, joder.

15 junio, 2006

HEMOS CUMPLIDO UN AÑO.

Pues eso: que Noticias desde Vladivostok ha cumplido un año (de hecho, lo hizo el pasado día 12), cosa ésta de la que no me hubiese dado cuenta si no fuese por que Diguox ha contado que ItWalks ha cumplido dos.

En mi condición de cybertorpe diré que he tratado de contar las entradas que llevo escritas, pero había que hacerlo a mano y he pasado; ya no os digo contar los comentarios que sería otro tinglao. (Estoy seguro que hay un modo automático de contar todo eso, pero me da pereza alparcear en Blogger, no sea que toque lo que no debo y me cargue algo.) Pero vamos, bastantes -entradas- y muchos y muy apreciados -comentarios-.

Así que todo formidable: la entrada más breve de todo este blog con la única finalidad de que me dejéis mensajitos felicitándome por tanta constancia inconstante (hasta yo estoy sorprendido).

14 junio, 2006

Islas Canarias, Islas Canarias...

Joder... entra uno aquí y casi se encuentra telarañas. Qué falta de cumplimiento del programa de actuación blogger. Qué vergüenza, Hans, qué vergüenza.

Bueno, vamos a ver. Aparte de zozobras anímicas que no vienen al caso como vengo diciendo, esta larga ausencia (desde hace más de una semana, cuatro de junio, señor...), el pasado jueves éste su anfitrión y la joven & bella MBO se fueron a Tenerife dado que yo tenía un Cónclave de, digamos, la Asociación de Kapellmeisteren de las Corporaciones Provinciales de Asentadores de Plantas de Jardín. Vamos: como si fuésemos médicos, talmente: cuatro sesiones científicas entre jueves y sábado. Olé.

Y allí que nos fuimos, vía BCN, dado que volar desde Barajas a Los Rodeos es un poco pestiño dadas las horas temerarias a las que sale el vión (sic) y lo pésimo de la Nacional Palito Palito dirección MAD desde Zaragotham. Bajo la sabia y puntual dirección de MBO nos despertamos a la hora adecuada, cogimos el coche en tiempo y forma y llegamos con dos horas de tiempo al Prat, que es un aeropuerto muy bueno de gestionar, por cierto. Cuando a las 09.00 pedí una cerveza para acompañar un bocadillito de jamón y MBO me miró raro, comprendí que estaba definitivamente deshorado. Eso de levantarse tan temprano...

El vuelo me sirvió para darme cuenta la condición de destino turístico-insérsico privilegiado de Tenerife, y para poder tomar nota, también, de que hay ancianas que no callan ni debajo del agua. Dios mío, que locuacidad sin límites la de las tres señoras que se sentaron tras de nosotros: tres horas de cháchara sin descanso. Por cierto que dada la naturaleza del pasaje, el Airbus A320 evidenció una severa carencia de lavabos para tanta próstata agilizada (sólo dos a popa. Lavabos, no próstatas; de esas había muchas más).

Llegado que hubimos, constatamos que la organización del evento era como muy canaria. El Kapellmeister tinerfeño no tenía todavía (a dos horas del inicio del Cónclave) programa impreso, aunque me confirmó que sí había ponentes (sintetizaré: dos muy buenos y dos prescindibles, y no os contaré las materias por no aburrir, que esta función mía de Kapellmeister no tiene nada de carisma, me temo); aparte de eso, cometió el error tre-me-bun-do de no buscar un alojamiento adecuado desde el punto de vista de los acompañantes: sospecho que se trataba del único hotel de Canarias carente de una buena piscina con que solazarse mientras los sufridos (jurljurl) congresistas eramos ilustrados acerca de nuevas técnicas profesionales.

Cierto es que Santa Cruz no es gran cosa como ciudad; baste decir que Hans, urbanita paradigmático, disfrutó mucho más con la vista de la naturaleza -vid infra- que con los paseos ciudadanos en sí. Si que es cierto que se entreveran inadmisibles ejemplos de construcción desarrollista con edificios con un si es no es colonial, y que hay alguna construcción merecible, pero por el mismo tono de la frase constataréis que estoy haciendo algún esfuerzo por encontrar flancos visualmente agradables.

Me encantó, eso sí, el Auditorio, obra de Calatrava, que ha concitado los odios de parte de la población canaria dado su coste desmesurado. El edificio es imponente y la acústica sensacional: disfrutamos -menos MBO que yo, dada su antiwagnerianidad- de la Sinfonía en Do y de tres fragmentos de Tristán e Isolda y del Ocaso de los Dioses (Isoldes Liebestod, Brunhildes Selbstopferung y la Marcha Funeral de Sigfrido) a cargo de la Sinfónica de Tenerife y de la soprano Nadine Secunde. Simplifiquemos: yo no soy un connaisseur fino de la materia y tal vez soy fácil de contentar, pero creo que Orquesta y Soprano lo hicieron francamente bien.

No salimos gran cosa de noche: me fuí con un trancazo importante y volvimos con dos: el mío y el de MBO. Punto a favor: se bebió muy poco. Nos llevaron a un chiringo, llamado Mulan, bastante prestacional, en el que sinencambio me perpetraron un yintóxic de Nordic Mist AZUL -puagh- con Bombay Sapphire -doble puagh- que parecía, talmente, un pelotazo de Cristasol. Y sabía casi igual.. Por lo demás nos llevaron también a un garito de músicas salsero-bachatero-reguetónicas que casi me produce una arcada. Debimos durar quince minutos en el local, y huimos no sin antes verificar el durísimo hecho de que hay gente que se sabe las letras de las canciones esas...

En cuanto a la cosa de comer... pues hombre, en mejores plazas hemos toreado. Probé el muy prescindible gofio (que ya puedo definir, simplemente, como el efecto de tostar unas palomitas de maiz previamente pasadas por una Thermomix y empotrarlo en toda mesa para adicionar a casi cualquier plato; Dios mío, qué cosas llegan a hacer y qué mal aspecto le da a todo) y algunos platillos de la comida canaria que no pasarán a formar parte de mi memoria gastronómica. En cuanto a los vinos de Tacoronte Acentejo, probamos uno tinto, El Lomo Barrica que a pesar de su nombre indigno no estaba mal, y un par de blancos más destacables para tomar fresquitos y tal: Viña Norte era uno de ellos (no tengo la nota del otro) .

Como decía más arriba, tuvimos ocasión de hacer una visita al Teide muy cumplidita, acompañados por la que en términos absolutos es la mejor guía que he disfrutado en mi vida: una persona de una cultura cósmica que abarcaba TODO: economía, historia, política, ciencias, plantas, animales, geología... y todo ello con una dulcísima voz canaria perfectamente impostada. Si tuviese que elegir un motivo para ir a Tenerife, queridos amigos, sería ese: el Teide. Eso de subir a tres mil quinientos metros tiene su aquel (en breve excursión me desfondé antes de lo que sería sensato incluso para mí). Muy bonito lo del mar de nubes, muy hermosa la vegetación autóctona a lo largo de toda la subida, encantadora la idea de que los observatorios los estén pagando desde ahí fuera y disfrutemos de un 20% de horas de observación por la patilla... No, sin bromas, merece la pena. Mucho.

Para concluir, que sepáis que ya hay un nuevo libro de Donna Leon, Veneno de Cristal, que ha amenizado los interludios del viajecito en cuestión. No es opinión unánime de la doctrina (traducción: a MBO no le ha gustado nada), pero a mí me ha parecido muy bueno. He mezclado su lectura con la de Crónicas desde Berlín, un libro de recopilación de artículos periodísticos escritos entre 1930 y 1936 por Eugenio Xammar, un reportero del que Josep Plá dijo que era la persona más inteligente que había conocido. Recomendabilísimo, sobre todo por relativizar tantas inocencias pretendidas.

Guten Morgen!

04 junio, 2006

Sáaaaaaaaaabado a la noche...

Dilectos lectores, esta mañana, si bien ligeramente perjudicado, estoy muy contento. Ayer noche tuvimos fiestuki de cumpleaños (40 años, como viene siendo usual) de nuestra amiga Ana, a quien su Santo preparó una fiesta sorpresa en un restaurante a las afueras de Zaragotham. En efecto, la celebrante y Su Santo salieron de casa, recogieron a un par de amigos, cogieron el coche y cuando Ana se quiso dar cuenta estaba entrando en una sala lleeeena de gente que le cantaba eso de japiberdei, afortunadamente rematado por el Birthday de los Beatles tocado con potencia y decisión por nuestros amigos los Green Apples. Lagrimita, esnif.

El colectivo humano presente era peculiar, reunido sobre todo en torno a las viejas amigas de la homenajeada. Pensándolo ahora con mi 32% (vid infra), creo que apenas hablé con tres personas aparte la celebrante, su Santo, MBO, Michel y su mujer. Y eso que en perspectiva creo que había más gente que conocía de la que percibí a primera vista. Y es que las chicas cambian mucho entre los veinte y los cuarenta (salvo MBO, que es un pimpollo reventón y sigue estando igualita).

El lugar de perpetración del festejo es uno de esos sitios de tomar costillas a la brasa. Cuando entramos por la puerta, justo antes de que llegase Ana, y de disponernos de modo que no se nos viese desde fuera, nos recibió un porche cerrado acristalado (ayer el viento en Zaragotham podía hacer volar un elefante de tamaño medio) con muchas mesitas llenas de lo que podríamos definir como una merienda de cumpleaños de los 14, ligeramente aggiornada; no había bonys ni bucaneros, pero en su lugar había unos espárragos muy ricos. Quiere sonarme que había cacahuetes y también ganchitos, pero no podría jurarlo. Unas croquetas (perdón, cocletas) muy ricas. También empanadillas. Vamos, que me teleretrotransporté en el tiempo a las fiestas del Club del Colegio de 1980, casi. MBO, que lleva algunas semanas "a plan" (gran expresión muy andaluza: "estar a plan") como consecuencia de la operación belleza y salud 2006 (de modo completamente innecesario, pero no hay nada que hacer cuando a esta chica se le mete algo en la cabezota. Parece más aragonesa que andaluza, qué terquedad) implementó una modalidad original de dieta: espárragos y alcojol (sic). Esta mañana me señalaba que ayer había perdido otro kilo. Curioso.

Como ya he indicado, la fiesta fue amenizada por los Green Apples, de manera que -obviamente- Michel y yo acabamos subiendo a ejecutar unos bailables. Como siempre que me quitan el micro de delante, a fuer de inmodesto diré que mis guitarreos fueron muy satisfactorios para los demás y para mí. Debería pensar en ello y dejar de una vez de preocuparme tanto por las voces (las mías). De donde no hay no se puede sacar... Qué buenas versiones de You really got me, Light my fire y Satisfaction, btw.

Fue curioso porque el concierto fue casi como si hubiese sido para nosotros cuatro: MBO, Michel, su Santa y yo. La gente interactuó más bien poco. Nosotros nos lo pasamos (perdón, Digüox: nos lo pasemos) de miedo. Encima, como resulta que el marido de la celebrante es Degé de una compañía de autobuses no tuvimos que tomarnos la molestia de ser brutalmente sancionados por conducción etílica: a la hora que nos convino, un autobús megamoderno nos teletransportó a casa sanos y salvos. Qué bien, eso. Ahí dejamos al resto de la concurrencia mucho más feliz con música de lata (incluyendo Tarde de Fiesta de Karina, por cierto, urghs) que con la música en directo de altísima calidad que recién se nos había administrado. No entiendo a la gente.

Bajas de la noche: tengo la palma de la mano derecha como un pimiento morrón: el manejo excesivamente entusiasta de la pandereta en Drive my car hizo que me autolesionase. ¿Habéis visto alguna vez un moratón en una palma de mano? ¿Seré cafre? (duele, juro que duele). Y aparte de eso, mi cabeza funciona al 32% de su rendimiento estándar. Debe ser algo que tomé...

29 mayo, 2006

Más cosas de ninios... y un poquito de turismo

Pues bueno... Este fin de semana podría haber sido formidable, de no ser por dos cosas; una, que comentaré más abajo, y otra de la que no hablaré.

[Antes de nada, he de decir que adoro a mi mujer, que soy un hombre afortunado, y que espero que vuestros respectivos cónyuges/compañeros-compañeras (aquí si que es imprescindible el uso de ambos géneros) sean para vosotros lo que ella es para mí. La única felicidad real es la proporcionada por quien está a nuestro lado en ese modo. Ñigoñigoñigo, osea. Y es que qué pedazo de mujer, MBO]

Bueno, a lo que iba. Este fin de semana hemos huido de las paredes serbobosnias de nuestro hogar en dirección a la feraz campiña, en su modalidad Ribera del Matarraña, destino éste que os recomiendo siempre y cuando no vayáis como nosotros, es decir con niños; y no hablo de los míos, que al fin y al cabo son buena gente y tienen una edad y unas maneras, en general, que les hacen bastante presentables para la convivencia con adultos en sentido amplio y con nosotros (MBO y yo) en particular. Hablo de los dos niños-bestias de mis amigos T. y A, de siete y dos años y medio de edad.

Es inexacto, lo de niños bestias. Son un par de malcriados infames, y la malcrianza se debe al hecho de que mis dos amigos curran un montón fuera de casa: él se pega la semana viajando, y ella tiene también unos requerimientos laborales tan exigentes que hacen que los niños coman y pasen casi toda la tarde de todos los días laborables en casa de sus abuelos, padres de ella, que naturalmente (y como debe ser) calman los cabreos consentidos de los monstruitos concediéndoles todos los caprichos. Lo que menos quieren los padres, cuando llegan, a casa, es actuar como ogros con sus hijos. Así que miel sobre hojuelas, mala conciencia sobre niño caprichoso: la niña y el niño hacen lo que les sale de las narices, no hacen caso a nadie, gritan. Gritan MUCHO. Y es imposible, por ejemplo, que, en una mesa mixta niños adultos, se sienten en la esquina de los niños: "quieroconmamáaaaaaaaaaaaaaa". Os excuso el desagradable incidente de las guarrerías del vastaguito a la hora del desayuno.

Lo patético ha sido que como consecuencia de la tiranía infantil apenas hemos tenido -no exagero- diez minutos de conversación tranquila, porque además de malcriantes mis amigos son padres agobiados, siempre inquietos con que el niño pequeño (una polvorilla, nunca inmóvil) se rompa los dientes contra el suelo.

La reflexión, en general, sería que vaya desastre de organización social hemos pergeñado entre todos que obliga a que las cosas sean así. Lo que pasa es que MBO y yo trabajamos, probablemente, más aún, y no por ello toleramos ciertas cosas. Y nuestros dolores de cabeza (y nuestros lloros, qué coño) nos cuesta. Exagerada se reía en los comments de la anterior entrada acerca de "los que tienen en sus manos las pautas correctas de la educación de los hijos". Dios me libre de pensar así. Digamos que lo que conozco es el paradigma negativo: sé, cada día más, lo que NO hay que hacer.

Dicho todo lo anterior -de muy escaso interés para la mayor parte de vosotros, libres de prole-, describo nuestro fin de semana. Clima caluroso pero agradable, por cierto.

La Comarca del Matarraña está en Teruel, algo más allá de Alcañiz, de manera que se llega desde Zaragotham en apenas hora y media por la Carretera de Castellón. Dicha comarca tiene diversos atractivos (sin contar con la glosa de su excelencia semi-mágica, a cargo de Fernando Sánchez-Dragó), que incluyen una naturaleza hermosísima (y ojo: lo he dicho yo, Hans I el Urbanita) y diversos establecimientos hoteleros con encanto -en el sentido estricto de la expresión, no utilizada al estilo El Pais- así como un nivel de cocina francamente bueno. Además de ello, muy cerca se encuentra Cretas, una esquinita de la provincia donde hay una bodega que embotella tres o cuatro referencias y entre ellas el exquisito Venta D'Aubert que os recomiendo. No es muy fácil de encontrar porque la producción es limitada, pero merece la pena retener el nombre y buscarlo en vuestra bodega de cabecera. Igualmente en la zona se encuentra la Torre del Visco, un hotel de la cadena Relais et Chateaux donde realmente se descansa. Una preciosidad gestionada por un par de británicos, agente de cambio y bolsa él según la leyenda, que huyeron del mundanal ruïdo llegando a este punto para comprar un viejo molino y rehabilitarlo como hotel con muy, muy buen gusto.

Como nuestra amiga terminaba de trabajar a las 13.00 del sábado, la recogimos y salimos dirección La Fresneda, donde comimos en el Restaurante Matarraña; ese lugar es la segunda opción en esta población que acoge El Convent, otro agradabilísimo hotel -con excelsa cocina- de la comarca, construido sobre un convento (como es obvio). El tal Matarraña, empero, no desmerece. Los precios, sensatos.

De ahí fuimos al hotel donde nos alojábamos, la Parada del Comte, un sitio también muy hermoso, muy tranquilo, que no es si no una antigua estación de Ferrocarril de Vía Estrecha que hizo suya un antiguo ejecutivo de RENFE adquiriéndola de tal organismo y rehabilitándola. Una lástima que la piscina estuviese impracticable: me las prometía muy felices yo de que los niños se atornillasen a la líquida superficie azul y dejasen de dar la barrila; no siendo posible, nos dieron la puta brasa con contundencia: no hubo tranquilidad suficiente para tomar la cervecita preceptiva y hablar con sosiego a la fresquita terracera. La cena en el propio hotel no estuvo a la altura de lo habitual en la zona. En general, diría del lugar -en que dormía por primera vez- que, estando bien, no vale lo que cuesta.

MBO había programado para la mañana del domingo una excursión por la zona con un par de todoterrenos saliendo de Beceite, otro de los pueblos de la comarca. Los guías, un par de chavales a quien seguro irá muy bien su negocio turístico, comprendieron rápidamente que encerrar en un coche durante tres horas a esos cafres-en-miniatura iba a ser simplemente insufrible, de manera que después de una pequeña aproximación a lo que es propiamente la ribera, aparcamos los vehículos y emprendimos una excursión, una caminata a la altura de las capacidades de Hans -forzosamente limitadas- de un par de horitas siguiendo el curso del límpido rio Matarraña. Hacía calor, pero fue muy agradable. Acabamos tomando La Cerveza -con mayúsculas: qué rica estaba- y comiendo en La Fon del Pas muy bien también (ah, qué crêpes de setas, Dios mio).

En Beceite está también la Galería de Arte de Gema Noguera, galerista y artista. Fue ahí donde vimos hace ya algunos años, por primera vez, una exposición amplia de ese escultor que tanto me gusta y del que he hablado alguna vez aquí. Tiempo más tarde, en una exposición en Zaragotham, compré un par de láminas de ella francamente hermosas; Gema es hija de un industrial papelero (Beceite tuvo diversas fábricas de papel en tiempos) y ha reconvertido la antigua fábrica en Galería de Arte, pero, además, ella misma crea obras con diferentes texturas de papel, mínimas inscripciones... grata, táctil, azul. La presencia de la delincuencia de pequeña cilindrada propiedad de mis amigos impidió una nueva visita. Damn'!

En fin, ese ha sido nuestro güiken. Si tenéis oportunidad de ir a esa zona, no os lo perdáis. Merece la pena.

26 mayo, 2006

Filii.

Iba a poner un comment en la entrada de hoy de Juan, pero es un asunto que creo merece entrada específica en mi propio bló de mí mismo. Y es que me pilla caliente con este asunto, aunque también contento y aún orgulloso de mi hijo mayor, causante de lo que expongo más abajo.

MBO y yo seguimos -como creo es sabido- un modelo "Orden y Concierto" en relación con nuestros tres elementos delictivoinfantiles, y a fe que es difícil y jodido dada la vida que llevamos. La puritita dejación y el todo vale es infinitamente más cómodo, de eso no me cabe duda. Lo que pasa es que la casa de mis padres y la de los padres de MBO eran rigurosas y su modelo funcionó con nosotros y nuestros hermanos. Además, el otro modelo buen-rollito-coleguita-cuida-que-se-trauma, está evidenciando lo NEFASTO que es con los niños.

El otro día UPMM nos dió un disgusto importante, y después de ser contundentemente reconvenido -nada físico, por supuesto, pero sí unos cuantos decibelios- por MBO, el joven se le "vino arriba" en un alarde de rebeldía imbécil muy propio de los 14 años en 2006, btw.

Ahí intervine yo, y no porque MBO no pueda darle el sopapo correspondiente que estabamos empezando a pensar si era conveniente, si no por relevar y "rebajar tensión" (que la había en grandes cantidades).

Con mucha dureza, desde luego (no se puede "reblar", que se dice en esta tierra, con un adolescente), reconduje al joven, y todo acabó en su sitio explicándole por qué lo estaba haciendo manifiestamente mal.

Estoy contento de cómo lo gestionamos MBO y yo. Y estoy contento de haber contenido las ganas de arrimarle una buena bofetada. Eso sí: en un momento dado, todo contención, le quité las gafas, doble las varillas y las dejé sobre la mesa. Un poco de drama era necesario.

Decía que también estoy (estamos) orgulloso. UPMM es vago y estudiante mediocre tirando a flojo. Sin embargo, ha comprendido que debe elegir la opción de estudio que incluya aquello que le guste y le interese aunque le cueste más esfuerzo. Y no lo más facilón, o siquiera aquello que sabe que a mí o a MBO nos gustaría más. Y en función de eso hará el resto de la ESO.

Ya veremos cómo coño le ayudamos MBO o yo en Física y Química o en la cristalografía de la geología (urghs... aún la recuerdo con pavor), pero bueno: el planteamiento previo es el correcto.

En otro orden de cosas, leyendo estoy Hotel Tierra, un libro que acaba de editar en Anagrama Sabino Méndez (un tipo que a pesar de su adicción hípica siempre me ha caido bien. Me caen bien los guitarristas que tocan telecasters) ,más conocido por haber escrito los mejores temas que hizo suyo Loquillo, ese gran amigo de tantos de mis lectores.

Veo, de entrada, un par de inconvenientes formales en la obra: hay permanente cita de escritores, y junto al nombre de cada uno de los citados (¿leidos?) menciona sus fechas de nacimiento y defunción; no sé qué pretende con eso, pero me desagrada. Por otro lado sobrecarga un poco la adjetivación, cosa que igualmente me incomoda. ¿Es pedante? Mmmmmm... no exactamente. Es recargado y tiene demasiado interés en hacer lucimiento de sapiencia.

El amigo Sabino, en definitiva, rescata sus diarios de los tiempos gloriosos; los adoba, los reescribe (dudo que lo hiciese así en 1992); los entrevera de lecturas y comentarios demasiado suficientes acerca de tales lecturas (despacha a Faulkner, a Drieux La Rochelle, a Plà, a Céline y a bastantes más (a Dos Passos, tal vez?) con unos supuestos guiños de entendido que hacen muy sospechosos los asertos; hace una mínima mención acerca de Jiménez Losantos de lo más acertada, y otra, no menos excelente, acerca de Orwell; describe, pondera y relativiza Madrid y Barcelona con acierto. También está bien que relativice la movida con acierto, no ensalzándola à la 1981, no denostándola al uso de 1990, explicando por qué fue (es) tan importante para nosotros: dándole su justa trascendencia. Tiene, en fin, una brillante reflexión acerca de la dialéctica imposible entre erudición e inteligencia en la Universidad actual que Hans suscribiría de la cruz al punto.

¿Se puede recomendar el volumen? Pues hombre... creo que no es para cualquiera; no es un libro ni sobre rock en general ni sobre la movida en particular, en rigor: es una descripción del viaje iniciático hacia la conclusión de la vida de autodestrucción de un yonki, con mucho apartado teórico-literario, escrito por un tipo que en plena debacle estudió filología hispánica para poner orden en su caos cultural (al menos, eso dice). Sabino despierta mi simpatía, además de por la Telecaster, por eso. No sé si me lo creo del todo, pero se puede leer. Aunque sea sólo para, en la ducha, fabular acerca de cómo lo reescribiría yo poniendo sobre la mesa mi propia trastienda literaria.