24 septiembre, 2006

Sábado & Domingo.

Almuerzo de sábado.* Campo Viejo Reserva de 1966 acompañando unas senderuelas preparadas con foie. Un solomillo en taquitos sobre una salsa de vino, ajetes, romero y tomillo. Una copa de Lagavullin. Me gusta la Venta del Sotón, y debería gustaros también a vosotros. Luego, el Museo de la Fundación Beulas, una colección de maquetas y proyectos del admirado Moneo. Tarde lluviosa, con ocasionales rompimientos entre las nubes por los que se deslizan rayos cortos de sol. Atención a Huesca, queridos amigos. Apenas un pueblo grande de Andalucía, 45.000 habitantes, con al menos tres restaurantes fuera de serie. Y cosas para acompañar la visita: por ejemplo, el referido Centro de Arte y Naturaleza.

Termino con Vichy 1940 de Fernando Schwartz, ese encantador caradura que escribe la autobiografía de su alter ego, de aquél que viviendo en la Francia de entreguerras se reencarnaría más tarde en F: Manuel de Sá, Fernando Schwartz. Hay incluso un ritmo ferroviario, simetría entrambos nombres. La novela, un cinco sobre diez siendo generosos. Historietita romanticona flojilla tirando a mal sobre un paisaje histórico que conozco, me temo, mejor que el autor. Entremezcla de algo de rigor para el aporte de realidad imprescindible en algo pretendidamente historicista. Nada, en fin. Creo que le dieron un premio. Incomprensible.

Aburrimiento de la vida pública española, de las pacatas opiniones de mis compatriotas, día tras día. Se puede ser pacato siendo bermejo, desde luego: la estulticia de la corrección política apareciendo tras de todas las manifestaciones sobre Religión y Estado dan grima, de tan risibles. Ni trás del Concilio (de Trento) se había sido más mamonamente integrista. Me refiero, naturalmente, a los políticamente correctos, a los Eurabianos de pro (OF, pobre mujer, cuánto se la denostó por soltarlas frescas). Para compensar la balanza de la idiocia, Ánsar va y defeca con micros delante. Dios bendito... Ayer por la mañana estuvimos en una misa funeral. MBO ha estado esta mañana en misa en El Pilar por motivos que no vienen al caso. Me comenta que el resident priest se ha despachado con una prédica con formato de speech pasmosamente neocon. Ay, Dios mío. Que se pierden, joder, que se pierden. Cuánto echo de menos a mis Jesuítas de juventud: tipos cultos y puestos en el Mundo, individuos con tres licenciaturas -por ejemplo- que habían estado en Hispanoamérica, un poner, y por tanto se cuestionaban severamente los aspectos más complejos de la Doctrina en su aplicación inmediata a la realidad de la gente que se moría de hambre. Hasta los mayores y más conservadores eran más tolerantes y medían más sus palabras (y lo que es más importante, sus pensamientos). Si es que no puede ser, si es que a quién se le ocurre meter a un polaco medio opusino (de esos polvos vienen estos lodos)...

La progenie nos destempla por distintos motivos, aunque este güiken coinciden. UPMM juega al jurgo y se irrita: el pelotón es un juego de caballeros jugado por patanes, y patán viene de patear: a UPMM le patean, UPMM se cabrea y hostia al contrincante (por lo que sé, mayor que él). Mal, muy mal, fatal. Siempre odié la idiocia de la competitividad que llevaba a este tipo de violencia. Le haré ver Carros de Fuego: no servirá para nada. El espíritu sport es, me temo, algo más superado que los cuellos de celuloide.

UPFM hace un excesivo lucimiento de anatomía, según tengo ya dicho. A mí no me gusta sobre todo por razón estética. A MBO le saca igualmente de sus casillas. Dura interacción , compleja relación la que se basa en la interpelación atinente a la altura caderera de sus jeans.

Y la enana, UPFm, es la tía más vaga del Universo; la más graciosa cuando está en racha, pero la más vaga. No acepto, no aceptamos la vagancia; entiendo las limitaciones, pero no la desidia. Me jode, nos jode sin límites. El güiken ha estado presidido por los efectos directos de su nefastitud. Joder.

Ayer por la mañana empezaba el Otoño. Como vais viendo, a efectos de Hans, ese dato es sólo cronológico. Espiritualmente, el otoño lleva ya días empezando.

* Ese dato fue ya comentado por MBO en otro lugar, por cierto.

22 septiembre, 2006

Joderpizza

Viernes noche. No me he organizado bien, tengo un run out de determinados productos imprecindbles para preparar una quiche lorraine y UPMM llega demasiado tarde de su entreno de jurgo (más indicación, al pie) como para enviarle a comprar bacon y crema de leche.

Llamo a Telepizza. El modelo adecuado a los gustos de la Famiglia es desde hace tiempo uno muy estándar: carbonara familiar de masa fina con cebolla, queso y extra de queso. Nada más: tengo cerveza mejor de la que me ofrecerán, las delicias de pollo me dan lo mismo y no, no quiero otro abrebotellas de los Simpson (un poner)

Hace ya algún tiempo que compruebo que en mi Telepizza me atiende un conjunto de voces de dulce acento argentino que ocultan una desdotación neuronal abundante. Es decir: oligofrénicas, pobre crías. Supongo que el aplicativo informático de que se valen es una puta mierda, pero mis conversaciones ocasionales con ellas (tampoco hacemos tanto uso del motoservicio pizzero) son siempre como un guión de drama surrealista. La de Dios.

Paulita es la de esta noche. De Mendoza, diría yo. Como me sé cómo es la cosa le digo "Buenas noches, Paulita. Mi teléfono es el xxx yyy zzz, ¿sí?" (obsérvese el deje porteño en esa afirmación confirmativa tan cara a los argentinos y tan perfectamente gilipollas en castellano peninsular) "Si. Su dirección es xxxxxx, número xxxxxx, piso xxxxx, ¿sí?" "En efecto, Paulita"

TELEPIZZA- "¿Qué desea?"
HANS- "Sí, Paulita: quiero una carbonara familiar de masa fina con cebolla, queso y extra de queso. Se lo repito: una carbonara familiar, ¿de acuerdo?"
T- "sí. Quiere añadirle algo más?"
H- "Sí, en efecto: queso y cebolla"
T- "Quiere cebolla, entonces?"
H- "Sí"
T- "Un momento"
T- "Puedo ofrecerle además doble de queso para que quede más jugosa"
H- "Si, Paulita, ponga por favor doble de queso"
T- "Muy bien. Pero... ¿quiere doble de queso o cebolla?"
H- "Paulita, si no me equivoco no son opciones excluyentes: quiero las dos cosas"
T- "O sea que quiere media pizza con cebolla y media con queso?"
H- "No, Paulita: quiero TODO con las dos cosas"
T- "Un momento"
T-"Muy bien. Puedo aplicarle la oferta 'El Momentazo', que incluye con su pizza delicias de pollo y dos botellas de cocacola zero por 8.95 EUR"
(Nota marginal: nuestro pedido estándar son 22.00, poco más o menos. Siempre)
H- "Perdone, Paulita: ESTÁ SEGURA de que por ese precio me sirve pizza, acompañamiento y bebidas?" (no me lo creo, ni de coña)
T- "Sí"
H - "Ah, vale: adelante, pues"
T- "Un momento"
T- "Muy bien: entonces será una pizza mediana de masa normal carbonara con cebolla"
(MBO entra en la habitación con cara de desespero ¿todavía Telepizza?)
- "No, Paulita, no: es una carbonara familiar de masa fina con cebolla, queso y extra de queso"
- "Ah. Un momento".

Me estoy aburriendo de contarlo. He tenido que repetir tres veces el pedido completo hasta que he conseguido que me garantizase que me iba a servir lo que quería (por 22.00 EUR, claro). Duración de la llamada, catorce minutos cronometrados. Juro que para evitar cortarme las venas y/o mandarla a hacer gárgaras he tenido que hacer uso de mi paciencia ilimitada.

Lo cierto es que aquí estoy ahora esperando que me traigan una pizza pequeña de mamouth con masa gorda y salsa de enchilada, o así.

Ya os hablaré del jurgo de UPMM, que tiene castañas. Y de la semana que he pasado (que ha vetado cualquier actualización del bló). Y de lo hasta las narices que MBO y el que suscribe estamos de la delincuencia infantil y juvenil que puebla nuestro hogar. Y de la cava que me he procurador para guardar el vino comme il faut. Y del concierto de anoche. Y espero ser capaz de colgar una foto de un cuadro que hemos comprado esta tarde: una preciosidad. De momento voy a ver si el motero lleva cambios.

Buen güiken.

15 septiembre, 2006

Otoñalidad y maneras


Leía el otro día que los buenos modales consisten en evitar las fricciones mediante el establecimiento de las pautas de, por ejemplo, un encuentro: cuando ambas partes saben lo que el otro debe hacer, el conflicto es improbable. “El derecho internacional, después de todo, es simplemente un código de buenas maneras a lo grande”, concluye su reflexión la protagonista de El Club Filosófico de los domingos, de Alexander McCall Smith. Una curiosa novela escrita por un profesor de medicina legal con interés para cualquiera que no vea la filosofía como algo árido, ajenos y remoto, si no como una sistematización de un cuerpo de pensamiento de aplicación diaria. Al fin y al cabo, para alguien que considera que Kant no es a la ética lo que Chaplin a la Historia del Cine.

Como es natural no puedo estar de acuerdo con la parte del aserto que habla del derecho internacional, pero el resto me parece sugestivo. El resto de la novela, quiero decir, llena de reflexiones, precisamente, éticas sobre el actuar diario, sin tono de sermón. En realidad, me encuentro más tono de sermón en las canciones del último doble en directo de Loquillo, pero eso es otra historia.

No es sermón señalar que ser correcto es lo deseable, que ser educado es lo que debe ser. Que la grosería que campa por sus respetos en España es un desastre: es una muestra de menos civilización, no una muestra de mayor sinceridad o autenticidad.

Maneras y ánimo otoñal. Está cayendo la del pulpo sobre Zaragotham. Dios, cómo llueve. Hace un día de mierda, ayer hizo un día de mierda, anteayer hizo un día de mierda, y lo de no ver el sol, aparte de proporcionarme una desagradable somnolencia –estoy en modo oso hibernante on- me corrompe los hígados. No creo que podamos irnos este güiken a Cadaqués, y, no sólo por eso, estoy de un humor de perros. Sin embargo, procuro no perder las maneras, aunque esta mañana ha habido un par de personas a quienes he estado a punto de mandar a tomar por el culo literalmente. La lluvia hace aún más pesada a la gente.

En el despacho (que podríamos reconvertir de “Hans Vladivostoker Kapelmeisteren” en “Hans Vladivostoker, tratamientos de fertilidad”, dado que en año y medio se han producido en la breve plantilla tres bajas por embarazo) no hay coca-cola light, que, como creo que he contado por aquí, es el producto gracias al cual por las tardes me mantengo en estos casos: la nueva secretaria –protoembarazada también- ha olvidado hacer que las trajesen. Joder.

A pesar de todo, no perdemos el tono. MBO –que arrastra un trancazo de medianas dimensiones- y yo nos intercambiamos e-mails chorras. Trato de dar forma a un escrito de trámite de lo más pestiño. Llaman pesados a los que administro con mi usual gracejo.

En realidad, la primera norma de las buenas maneras es conseguir que, en torno tuyo, las cosas sean agradables.

07 septiembre, 2006

Alatriste

Veamos, Alatriste. O Sadwings, quizás (y es que a ver qué recaudaciones hace en los USA, tengo curiosidad). Anoche la vimos.

No. No puedo empezar hablando de Arturo Pérez-Reverte o de su obra. Ya tengo expuestas mis tesis al respecto aquí (y, qué coño, leed esa entrada si os interesa AP-R. Es el mejor análisis que he visto acerca de él, en apenas 1850 palabras. Aunque sea mío). Ni siquiera debo empezar hablando del hecho significativo de que haya aparecido del brazo de Zapatitos (recién regresado por cierto de su amoroso vuelo -con cargo a Presupuestos Generales del Estado, vale decir, a una parte de los impuestos brutales e injustificados que yo/nosotros pago/pagamos- para ver cantar a la replicante esa con que está casado) en la presentación del flim.

¿Del entorno cultural de la Película? Ni de coña: seguro que todos leeis El Pais Semanal, y ahí se han explayado a gusto.

Hablemos, pues, de la obra, sin más.

Es una yuxtaposición.

Y ése es el problema. No el más grave, no el más significativo. Es El Defecto, el cáncer que la carcome, que trae causa de un mal guión o un mal montaje, no lo sé. A. Díaz Yáñes la ha cagado, que diría el infame Pere Navarro.

Y eso no empece el hecho de que los actores trabajan formidablemente: increible Echanove: no le tengo demasiada estima, pero por Dios que borda a Quevedo; excelente Viggo Mortensen, cuyo desaforado esfuerzo para evitar su acento argentino no ha llegado al puerto que debiera, pero ello no le quita mérito, ni brillo a su actuar; gloriosa mi muy querida Ariadna Gil; muy bien Noriega, que ha evolucionado de sicópata tético a Grande de España con destreza. Y muy bien el niño de nombre imposible que interpreta a Íñigo Balboa. Javier Cámara casi acierta con la difícil figura de Olivares (actúa de coña, cierto, dejando de lado su patético papel bufonesco usual, pero temo que no investigó suficientemente a su personaje; de ser así, no hubiese cometido blanduras impropias de tan correoso personaje). La bella (a mi juicio; a MBO no le gusta) Elena Anaya me encanta, y actúa bien, pero no entiendo en absoluto por qué se introduce, en el momento en que se mete,un contundente primer plano de sus tetas: gratuito -máxime dado el tono general de la cinta-, completamente fuera de lugar, por bellas que éstas sean. En fin, bien todos los demás actores.

Las caracterizaciones, inmejorables; vestuario y utillerías, de diez. Ni un error de documentalistas, al menos ninguno del que me haya dado cuenta, en uniformes, banderas y estandartes o armas. El fotógrafo merece, desde ya, el Goya: un puto crack que consigue que en la película haya mucha de la luz velazqueña adecuada al caso. Lo dice un irredento velazqueño que tuvo la suerte de refrescar la memoria de semejantes iluminaciones en el Prado hace una semana y ue lleva todavía grabado el oro tostado en los ojos. La música no me ha matado, pero es correcta.

Y, por supuesto, la materia primera en que basar el argumento era inmejorable.

¿Qué falla, pues?

Simple: que en dos horas y media no hay tiempo material para meter los cinco Alatristes. ADY saja historias a saco. Se pierde la ilación, al recortar historias a las que se podría haber dado más predicamento (y no profundizo, no quiero espoilizárosla). Degrada ilimitadamente la definición de personajes, que, avanzando en el tiempo a toda hostia, no se ven madurar en absoluto... mientras otros se mantienen intactos. Complementariamente a todo ello, la figura de Íñigo Balboa, que no deja de ser el Narrador en las cinco novelas, se desluce bastante. En definitiva, no me cabe duda de que mi recuerdo de las novelas me ha suplido demasiadas lagunas, demasiados saltos lógicos y cronológicos.

No sería mala cosa, para concluir, recordar a ADY que después de todo tampoco ha transmitido con precisión lo que, en términos históricos, supuso la Época en cuestión para España, para Europa y para el Mundo. Y eso también jode un poco, pero quizá tal cosa sólo sea importante para quienes como yo le damos importancia a la Historia y a la difusión que de ella se hace.

¿Hay que verla? Sin duda. ¿Es una buena peli?. Es una formidable yuxtaposición de escenas fantásticamente actuadas, organizadas, rodadas. No es una película, y lo siento. A fe que lo siento, por la simpatía que siento por el personaje, y por el autor, AP-R.

P.S.: Esta noche hemos ido a ver La Joven del Agua, una película de la que no había oido hablar en absoluto, y que, si durase veinte minutos menos, sería muy buena. Recomendable en casos de cartelera anémica, e incluso un poco más que eso. Está bien. Podéis verla, ya contaréis.

04 septiembre, 2006

Encantos ferroviarios

...mientras en la calle imperan el caos, el olvido, la prisa, la guerra contra el pasado y sobre todo esto esa gente ilusionada con un cambio, desbordada de júbilo, diría que hasta muy contenta con lo que confían recibir por su fervorosa credulidad, sin pensar que pronto les llegarán las exigencias terribles de la fe sin cuestionamientos que ahora profesan.
Leonardo Padura, La neblina del ayer

Hale. Váyanme administrando ese fragmento. Policiaca escrita por un cubano de hogaño cuyo héroe se llama Mario Conde. Mit zwei. Un descubrimiento, oigan (¿les hablé ya de Adios, Hemingway?).

Un descubrimiento grato, a diferencia del que ahora, a esta hora infame en que transcribo mis notas manuscritas, buscando un dato acerca de Padura, arroja Google sobre mi escritorio: el día 1º de septiembre murió Joaquín Aranda, a quien probablemente ninguno de Vdes. conocerá. Uno de los cuatro redactores históricos del Heraldo de Aragón, ese periódico imposible de mi ciudad, que fue independiente (por donde yo te diga, pero al menos los propietarios del mismo eran un par de familias de Zaragotham, y no una multinacional ni el omnipresente Yísas von Polank) hasta hace poco. Amigo -muy amigo- de mis padres, en su casa -una casa muy poco casa-casa, que diría Rossy de Palma- leí mis primeros Lucky Luke en versión original, y sus manos prepararon la primera ensalada de naranja y cebolla que me comí; de él escuché por primera vez hablar bien de esa Provincia inexistente, y de su voz, una noche de terraza verganiega en el chalet de mis padres, escuché por vez primera un alegato apasionado, superdecibélico, desaforado acerca de la intolerabilidad de la Pena Capital (tal defensa, en su versión sosegada y racional, era la que nos era propia en casa; la había oido de labios de mis padres, claro, pero a esa edad -doce años o así- yo no acostumbraba a ver a alguien gritar tanto. El hogar en que viví hasta los veinticinco era extremadamente británico, muy civilizado); también le escuché poner a parir a los Guardiamarinas como cuerpo -y bien sabe Dios que me he esforzado (infructuosamente) en recordar a qué coño venía crítica tan acerba como surrealista-; en casa de su suegra -poderosísima suegra, a fe mía- escuché por primera vez música de una gramola de discos taladrados; alguna vez -pocas- estuve de acuerdo con sus críticas de cine, de música clásica. Muchas más, claro, en cuanto a libros ("Libros de lance": de habitual nunca escribía sobre novedades) . Hace mucho que no le veía, ni a él ni a su mujer, sobrina por cierto de Buñuel. Si, Luis. No he hablado aún con mi madre, pero sé que le habrá dolido. Mucho. Descanse en paz.

En general, se puede decir que soy poco gritón, y por ello éste apenas es un blog de denuncia; también es cierto que no tengo demasiados lectores (aunque sean todos ellos estupendos y formidables), de manera que pretender hacer de Noticias desde Vladivostok un foro de protesta sería bastante ingenuo. Trato de recordar, y así, a bulto, sólo he puesto a parir a modo al infame Pere Navarro (a quien Dios, llegado el momento de su exitus, envíe donde tenga por conveniente, aunque no dudo que dicho lugar será el Infierno Tenebroso).

Escribo esto yo en la estación de Zaragoza el treinta y uno de agosto, a las 18.00, recién montado en un Altaria que debería haber salido a las 14.32. Me iba a Sevilla a buscar a mi prole y a MBO. El día 1º de Septiembre (sexagésimo séptimo aniversario de la entrada de la Wehrmacht en Polonia) no es para mí día de labor, a diferencia -por lo que parece- de tantísimos compatriotas cuyo movimiento, el 31, combinado con las infrastructuras de palo de que disfrutamos en la Patria, da en causar semejante colapso.

Como digo, soy poco gritón y no me veo haciendo canción protesta ni blog de denuncia contra RENFE. Supongo que también afecta el hecho de que las tres horas y media de retraso las he pasado leyendo en una salita con aire acondicionado tomando zumos y almendras, y que ahora estoy cómodamente sentado con un whisky en la mano. Aunque sean las 19.30, y en lugar de estar casi llegando a Sevilla, veo pasar por la ventanilla uno de esos paisajes castellanos prematritenses de escaso interés estético. La ventanilla es la pantalla de televisión de paisajes medio desérticos que en otros tiempos, y sobre todo desde otros trenes menos esterilizados, describieron narradores con más brio que yo. Hoy, en el AVE (o en Pato, o en Talgo, o en Altaria, o en lo que demonios sea) la poesía del tren se ha ido a hacer gárgaras en beneficio de la eficacia y la comodidad. Pues muy bien, qué coño. Será el whisky.

Aparte de la novela de que he transcrito antes un breve -y apenas intencionado- pasaje, leo los Ejercicios de estilo de Raymond Quesneau. Miro en derredor y atiendo a los pequeños dramas ('Joder, no llego a la reunión', '¿cómo me las apaño ahora para ir a Jerez?', 'Estos se habrán marchado ya', o, más concretamente 'Coño, bonita, quita esa cara de mala hostia que estamos de vacaciones' que parece querer espetarle el exjurgorista a la rubia de entrecejo fruncido, bonitos ojos verdes y contundente sobrepeso que se sienta a su lado) que traen causa de este retraso. Mil anecdotitas más jugosas que la que sirve de base al ensayo de Don Raimundo. No creo que yo fuese capaz sin embargo de emular los cien estilos, la genial densidad intrascendente del galo.

Sigo reflexionando sobre la potencia cabreante del suceso... en fin, me enfada, eso sí, el cachondeo y la falta de respeto que supone el hecho de que la máquina haya cascado hacia las 13.00, pero los carteles electrónicos (cuando estaban operativos) señalaban una demora de 35'... a las 14.35. Juan, de seguro, se hubiese irritado bastante. Bueno, coño, fijo que Juan no coge trenes por muy altivelocistas que sean. No le veo yo a bordo de semejante medio de transporte, la verdad.

Un tipo grandote al que han machacado su organización de trabajo y descanso habla con una persona sentada a su lado -y un poco para todo el vagón- acerca de que, en realidad, no pasa nada.

Y es cierto. No pasa nada. Al otro lado de la ventana, un hermoso atardecer, cómodamente sentado, bien atendido, a una agradable temperatura. No es como estar muerto de asco, de frio o de calor, de hambre, casi de miedo, en el banco de madera de una estación de tren de la España de mil novecientos cincuenta y tantos, con la pareja supervisando, naranjero en mano, el buen orden de las cosas.

28 agosto, 2006

De re varia (finiagostí)

Y con poca inspiración y sobre una mesa de estudio con dudoso orden (tdo por enmedio: el último Sharpe; el número de Automóvil de Septiembre 2006; un disco de versiones de Cole Porter a cargo de Elvis Costello, Sheryl Crow, Diana Krall, Alanis Morissette and many more; el iPod que le regalé a MBO el día de su cumpleaños; notas, post-its, catálogos de cavas para casa; portafolios, libretas. Cosas mil.) me pongo a escribir la entrada de cierre, casi cierre del mes de Agosto; sé que mañana no podré escribir, será día tremendo como ha sido en realidad la semana pasada; sé que dificilmente el miércoles o el jueves encontraré tiempos y el viernes nos vamos a buscar a la pequeña delincuencia al Sur Profundo.

Y, al fin y al cabo -y a pesar de que la escasa defendibilidad estilistico-canónica de comenzar un texto o una frase después de punto y aparte con una cópula Y- es lo cierto que alguna cosita relatable ha pasado estos últimos días, como se verá.

Mi falta de inspiración obedece, sobre todo, a cierta desazón causada porque empiezo a entrever demasiadas entradas demasiado intrahistóricas (y por tanto potencialmente aburridas). Cierto es que me apetecería escribir acerca de mi desazón general con la cosa pública en España, pero temo convertir esto en otro blog liberaloide (en realidad, hay bastantes de esos excesivamente conservadores, de los que caen en el error más tremendo de la progresía, que consiste en aborrecer al contrario y subsidiariamente justificar todas las aberraciones de los del propio lado; vamos, que no hacemos carrera ni de unos ni de otros y la casa sin barrer) y, francamente, paso. En ese sentido, tan sólo caerá hoy la habitual mención de Pere Navarro, ese malnacido, indeseable, demagogo y falseador de estadísticas en perjuicio de los amantes de los coches y la velocidad (c'est-a-dire, yo, un poner), para no perder costumbre, y ya. Como si fuese una jaculatoria, poco más o menos.

Por delante vaya que en la semana pasada, merced a la idiocia programatoria general, MBo y yo no hemos ido al cinematógrafo; que sigo centrado en Paris después de la liberación, 1944-1949 cuyo autor es un viejo conocido, Antony Beevor (tal vez lo conozcáis por Stalingrado o Berlín, La Caida, 1945) y cuya lectura atenta que recomendaría -junto con La Rive Gauche, de Albert Lotmann- a cualquiera que quiera enterarse de qué es eso del París de posguerra, el debut existencialista (y mucho acerca de la supuesta heroicidad gala a lo largo y después de la guerra, el proceder de De Gaulle y la actuación de los comunistas, brillante en la linea en que nos tienen acostumbrados a los europeos) ; y que cuando acabe me espera con los brazos abiertos Brooklyn Folies, que a MBO le ha gustado mucho (a diferencia del resto de Auster) y un Flashman. Curiosos relatos, los de la muy gamberra serie Flashman. Ya contaré.

De momento, tras de semana de stress posvacacional, la Presidencia y yo concluimos que debíamos hacer algo, de modo que después de hacer unos paseos y compras en la tarde del vienres, nos fuimos el sábado al Rompeolas De Todas Las Españas, aka MAD, a felicitar el cumpleaños a Sue y a comer con ella, con D., con Arbusto el Guerrero y con Copycat. Un gratísimo encuentro y descubrimiento, grandes jóvenes -si, Sue: con 27 sigues siendo una niña :-D- con quienes nos lo pasamos formidablemente bien, incluyendo dos whiskyes, mucho relato acerca de Kabul y bastante reflexión de garrafón ordenada a la solución de diversos problemas universales, podríamos decir. Y si: hay un par de profesiones que son mal endémico de la Universidad española. Los Ingenieros son otra cosa. :-D

Hacia las ocho nos fuimos cada mochuelo a su olivo y después de hacer unas gestiones, MBO y yo acabamos cenando DESASTROSAMENTE MAL en un lugar que, desde ya, desaconsejo por NEFASTO. Se trata del llamado Loft 39, donde en una mesita ridícula excesivamente pegada a otra mesita igualmente ridícula estuvimos aspirando los olores de una cocina mal aislada con carácter precvio a tomarnos un rissotto montonero y un tournedos de atún (de estos que están empezando a dar en todas partes: plancha ligera por fuera, rojo por dentro) severamente decepcionante, regado con una botellita de Condado de Haza 2004 de lo más estándar. Pedí la carta de vinos (por supuesto, preñada de obviedades, ayuna de cosas sugestivas) y me dijeron que esperase, que la tenía otro cliente. De hecho, me sirvieron el rissotto antes de traer el vino. Veo que las críticas que se vertían acerca del lugar en 2005 siguen en pleno vigor. Cierra el garito, Arnaldo.


Acabamos la noche tomándonos una copa en el Glass y otra en el Susan (la margarita, como siempre, colosal. Mi Bloody Mary, muy bien hecho, aunque olvidé indicar que fuesen cautos con el tabasco), no sin antes constatar que Wendy se había quedado sin pilas en el móvil. En fin, una lástima.

El domingo amaneció glorioso. Una de esas mañanas de domingo de Madrid con el cielo claro y azul, no demasiado calor, un levísimo vientecillo. Desayuno poderoso. Camino al Prado; como sabéis, hay una interesante exposición -una de estas exposiciones de la nueva era, todo pedagogía- acerca de Picasso en el Prado y en el Reina Sofía, y resultaba un plan apetecible para una mañana como esa. Y allí que nos fuimos, claro... para constatar que otras cincuenta mil personas, más o menos, habían pensado lo mismo que nosotros.

MBO tiene una tesis que a grandes rasgos supone lo siguiente: "yo no hago una cola de más de quince minutos por casi nada en el mundo". Aquellos de vosotros que la conocéis sabéis que es una mujer inteligente y muy guapa, y con las ideas extremadamente claras, y que, con dulzura pero con firmeza, defiende sus planteamientos. Uno de los aspectos de esa realidad vital es éste. Y a mi me parece muy bien: odio las colas. Así que prescindimos del malagueño y nos dedicamos a la exposición permanente del Prado.

Y qué voy a decir. Desde un punto de vista hedonista, de admirador rendido de la belleza no hay palabras. Desde un punto de vista patriótico podría uno ponerse a sostener que no debemos ser tan cafres como pueblo cuando hemos constituído la mejor pinacoteca del universo. No me enrollo, quien no haya estado en el Prado (varias veces: como todos los grandes museos -el Louvre, la National Gallery, el British Museum, el Metropolitan- debe ser troceado y visitado de a poquitos, para gozar y no saturarse) debe ir al punto; encima en domingo es gratis. Toma ya. Nos vimos Rubens, Velazquez y Goya y después de comprar unos papeles majillos a un pintor callejero nos fuimos a la Cuesta de Moyano a remover cajones de lance.

Llegaron las dos y cuarto y, en un timing perfecto, casi militar, estábamos a escasos diez minutos del restaurante del Hotel Urban, el Europa Deco, que nos quitó de un plumazo la mucha mala leche que habíamos hecho la noche anterior. El lugar sirve un menú degustación maridado, cosa muy recomendable: no hay que tomarse la molestia de pensar: llegas, señalas que deseas dicho menú y te van poniendo platos y copas por delante. El restaurante en cuestión, me dijo MBO, tiene un Chef conocido internacionalmente por trabajar muy bien el atún rojo. Hostia si lo es. Levité, no puedo decir más, con el entrante, consistente en atún en cuatro servicios (el digamos solomillo, un tartar -exquisito el punto de la mostaza de dijon-, el llamado descargamento y el corazón), a cual mejor. Regado con Anna de Codorníu, como también el aperitivo previo: perfecta selección. Luego sirvieron un gazpacho de tomate cherry amarillo exquisito, sorprendentemente acompañado de un Albariño (maridaje aparentemente imposible pero muy cuadrado, sobre todo porque el albariño era rico: mejor boca que nariz, pero rico de verdad. Buscaré la referencia y lo pondré por aquí). La merluza, preparada sobre un fumet y con un par de almejas exquisitas estaba perfecta, como también el albondigón de vaca kobe (aunque había leído acerca de esas vacas magníficamente tratadas que dan una carne sublime nunca lo había probado y nos satisfizo. Mucho). Pasmoso que el vino que acompañaba, en principio vulgarcillo para mi gusto -un Protos Crianza- estuviese tan redondo y con tantos matices. Lo único que no fue tan interesante fue el plat de résistence, un secreto ibérico sobre un rissotto de matanza no muy de mi gusto, si bien es cierto que a esas alturas con dificultad podíamos comer algo más. Los postres estaban muy buenos también, y MBO los acompañó con un Pedro Ximenez al que yo renuncié. He de reconocer que pedí la carta de vinos por alparcear un poco y la ví un poco incompleta, y, sobre todo en las denominaciones menos frecuentes que conozco bien, inadecuada y algo ramploncilla. Pero eso no debe ocultar el hecho de que comimos sen-sa-cio-nal-men-te bien.
En fin: con lo relatado este vuestro hedonista anfitrión y su amada esposa pudieron regresar a Zaragotham (yo dormidísimo, a pesar de no haberme bebido una copa después de comer: condujo MBO) y afrontar la mañana de hoy con fuerzas y ánimos. Esta semana, última antes de que nuestros hijos vuelvan de vacaciones, va a ser jodidamente dura, si. Pero... que nos quiten lo bailao. :-D

20 agosto, 2006

The Waste... week

APRIL is the cruellest month, breeding

Lilacs out of the dead land, mixing

Memory and desire, stirring

Dull roots with spring rain.

Esto tan bonito lo dice T.S. Elliot. Son los primeros cuatro versos de The Waste Land (1922). El primero de ellos, en particular, lo he citado muchas veces en mi vida, cambiando naturalmente el mes en función de las necesidades; podía ser perfectamente Septiembre es el mes más cruel o Febrero es el mes más cruel, o Diciembre o Julio, con dos cojones y sin ninguna vergüenza: uso alternativo de la poesía, ya sabéis.

En fin, yo lo que quería era mencionar The Waste Land, que podríamos traducir como La Tierra Baldía, pues mi semana laboral pasada ha sido eso precisamente: baldía. The Waste Week. Hasta los work-a-holics tenemos momentos de bajón. Dios, qué pereza, qué desperdicio de tiempo. Salvo el viernes, por no mentir, la semana ha sido ineficiente. Me decía mi admirada Wendy que es el sindrome post-vacacional. ¿Yezokéh?, me preguntaba yo, que jamás he padecido semejante cosa.

Lo cierto es que MBO también ha sufrido de cosa análoga. Trabajando con poca convicción y menos ganas. En fin, siempre hay trabajos tontos para días como esos, en días como esos, in days like these, que cantaba el admirado y rojísimo Billy Bragg. Mi amigo Álvaro, informático él, hace ya muchos años, reservaba para los días de resacón una tarea tan peregrina como formatear discos de 5 1/4". Si, bueno, ya comprendo que a todos vosotros, queridos y jovencísimos lectores, eso os sonará a swahili prepaleolítico, pero creedme: antes de esos diskettes que tan apenas habéis conocido, los de 3.5", de plastiquillo y tal, había otros que eran de cartón y más grandotes, y que venían sin formatear, más que nada porque el estándar pecé es, al fin y al cabo, relativamente reciente, y porque antes de que todo quedara reducido a pecé (hoy hasta los discos de mac son comptabiles) había cien mil estándares diferentes.

En fin, mesozoicidades aparte, que hay que tener tareas automáticas y de poco calado intelectual para los días de resaca. O para los días de síndrome post-vacacional. Ordenar documentos, leer boletines, tirar papeles y contestar preguntas tontas con informes simples. Nada muy profundo, please.

Dadas las condiciones de presión y temperatura, y considerando que la progenie se encuentra en el Sur con sus queridísimos (para ellos y para mí) abuelos, MBO y yo consideramos que iba a ser muy buena idea irnos a pasar el fin de semana a La Torre del Visco, un sitio extremadamente recomendable que sirve básicamente para alejarse del mundanal ruïdo, leer mucho en el jardín (a pesar de que algún otro mosquito te jorobe un poco la paz y la epidermis), ser nutrido con destreza y largueza (y para muestra un botón, la cena del viernes: carpaccio de solomillo, arroz negro de frutos de mar, lubina con cous cous de naranja y suprema de pintada con col lombarda y peras; o ayer noche, un rape sobre una cama de puré de apio exquisito -aunque me equivoqué al elegir el vino, un Martinet Bru 2003 que me gusta mucho pero que a MBO no le satisfizo nada-nada) y beberse un Laphroaig en la biblioteca tan ricamente mientras uno se termina -un poner- La Llave Maestra del ya citado Sanchez Vidal (que de momento no comento pues no la he terminado y no acabo de tener claro si sí o si no) .

El hotelito en cuestión está perdido en medio del monte y se accede a él por una senda de difícil tránsito. Como ya os conté aquí, los propietarios son una pareja de ingleses con un gusto exquisito que han reformado adecuadamente un antiguo -muy antiguo- molino, con una poderosa torre, creando un sitio perfecta y absolutamente maravilloso. Tales valoraciones son, claro, subjetivas, pero podéis fiaros: dudo bastante de que ninguno de mis lectores fuese capaz de poner eso en cuestión.

En fin, visitamos ayer la bodega de Venta d'Aubert, de la que también os hablé en aquella entrada, con escasa precisión por cierto; se trata de una bodega que tiene siete referencias entre blancos y tintos, con un pago de dieciséis hectáreas de viñedos de ocho varietales de uva. Como ya señalé, elaboran uno de los que, para mí, son hoy por hoy los mejores vinos que se producen en Aragón, el Venta d'Aubert, y su hermano mayor y más caro, el Dionus. Compramos algunas botellas, y entre ellas algo de blanco que ya os contaré (no he probado de momento ninguno de los dos, ni el Venta D'Aubert blanco ni el Viognier).

En fin, que ha sido un weekend de excesos enogastronómicos, que hemos rematado con una visita al Convent -ñam- que hemos regado con un blanco de Somontano que no había probado todavía y que desde luego tendré en consideración en lo sucesivo. También hemos hecho alguna excursioncilla -sin muchos excesos: no olviden que quien escribe esto es Hans-, un poco de conducción por caminos con el Neotrattore por esos montes de Dios (en posición de suspensión AllRoad :D) y, antes de llegar a Zaragotham, nos hemos metido a un autolavado a pegarle unos buenos lanzazos de agua jabonosa a presión. Y como seguimos solos hemos rematado la tarde del domingo leyendo la prensa (aburridísima) en una terracita. A ver si la semana que entra no es tan baldía, caramba.

16 agosto, 2006

Mediado agosto...

Me gusta muy poco redactar entradas en WORD, que es una herramienta que más bien considero vinculada al trabajo. Cuando escribo off-curring me gusta más hacerlo sobre papel, y de ahí transcribirlo directamente a BLOGGER, cosa que es una solemne tontería, claro. Me refiero a transcribirlo a esa cosa poco estable y con la que no me acabo de organizar, en lugar de a la herramienta que controlo bastante después de dieciocho años de relaciones formales (si, señores: primero en MAC y luego en pecé, Microsoft me ha aportado mucho sosiego textiltratamentario).

En fin, las notas que espigué en hoja de libreta a lo largo del vacuo día de ayer se me han deslizado de entre las hojas de un libro esta mañana por la calle y las he perdido para siempre. Si, es que Hans gusta de ir caminando a trabajar con un libro entre manos. Éste, en concreto, una cosa de Agustín Sánchez Vidal, el Catedrático de Historia del Cine de la Universidad de Zaragoza a quien no le falta mano para la narrativa. Ya comentaré.

Bueno: con la pérdida de las notas tampoco os habéis perdido gran cosa. Un texto así como medio melancólico (fruto de un día solitario como el de ayer) y tal que no se aviene demasiado con el espíritu –actual- de Noticias desde Vladivostok.

Mis vacaciones se iniciaron en realidad –como ya conté- cuando conseguí que me entregaran nuestro nuevo coche. No sé si conocéis la desopilante película del genio Billy Wilder, “Uno, dos, tres, una de cuyas escenas finales incluye una limousina Mercedes a toda hostia por las calles de Berlín con un pintor colgado de la ventanilla pintando un escudo heráldico en la portezuela delantera derecha; pues esto fue parecido: salimos dirección Huelva a toda galleta, casi con el mecánico aferrado al morro del auto, atornillando las placas de matrícula.

Nuestro nuevo coche es grande, muy grande; cómodo, muy cómodo; lleno de pijadas, muy lleno de pijadas... y aburrido. Muy aburrido. Entre la idiocia del hijoputa de Pere Navarro obligando a ir a 120 km/h por autopista y lo de la caja automática y el control de velocidad de crucero, sólo falta poner unas cuerdillas que salgan del salpicadero y que aten el volante a unos dispositivos guiados por el navegador y dejar que vaya todo solo. Qué coñazo, nom de Dieu.

Sobre todo a la vuelta, el pasado domingo. Me chapé 1.000 klicks alone, con la sola compensación de que logré llegar a Madrid a la hora de comer, de manera que pude hacerlo con la nunca suficientemente bien ponderada Mujer Tirita, y tan ricamente. Punto a favor del navegador que me llevó al restaurante sin yo osar intentar hacer nada diferente de lo que me ordenaba esa enervante vocecilla.

Nos embutimos sendos steaks tartare en una agradable terracita nada calurosa y destripamos el pop español de los últimos tiempos, las vacaciones, los niños –y su eventual condición coñazo-. Qué estupenda, qué brillante es esta mujer. Y fue muy agradable todo.

Después de un café doble retomé carretera para llegar a Zaragotham. Desempaqué equipajes y salí con mi amigo D. (que se iba al día siguiente al monte con sus pequeños delincuentes) a cenarnos, con una botella del nunca traicionero Muga Crianza, un poco de jamón y una ensalada con perdiz bastante sabrosa.

Me acosté pronto, para descubrir al día siguiente -14, lunes- que en Zaragotham había mucha más gente de la deseable, pero ninguno de los deseables: ningún amigo en la ciudad, todos de traca por ahí. Ese lunes hube de trabajar –una pérdida de tiempo, todo a medio ritmo, fatal-.

Concluídas mis labores aparqué el Neotrattore y cogí mi apero (el cambio de una cosa grande, inmensa, cómoda y llena de asistencias a una cosa pequeña, dura, correosa y nada automática fue un poco contundente, pero me sentí muy bien con el empuje del cacharro y con el cielo por techo) aunque no me pude ir a correr un rato, que era lo que me apetecía. Qué hijoputa, el Pere Navarro.

Así que concluí la tarde yendo a la FNAC y al supermercado del Corte Inglés a desquitarme un poco –compra compulsiva de nutrición espiritual, en el primer comercio, y compra compulsiva de nutrición de la otra, en el segundo-.

El quince de agosto es un día vacuo siempre, para que nos vamos a engañar, pero el de ayer fue tremendo. No salí de casa. Dediqué el día a estar holgando por mi casa, vagueando infamemente; tocando un ratillo la guitarra –sin enchufar-, leyéndome La Venganza de Sharpe, otro capítulo de la saga del Fusilero Sharpe debida a Bernard A. Cornwell, que me gusta mucho y que cayó en una sentada (para que MBO pueda llegar y enganchar), y viendo la tele mucho más de lo que tengo por costumbre: un par de capítulos de Sexo en NY, otro de Anatomía de Grey, incluso uno de Las Chicas Gilmore. Vamos, muy relajado todo. Apenas calenté alguna cosa en el microondas, pelé algo de fruta... y todo ello en una Zaragotham que no está a 45º a la sombra –como preveía yo- si no todo lo contrario.

Recordaba ayer un ensayo de Buchanan, Etica y Progreso Económico, en que el autor, aplicando criterios de ciencia económica, critica severamente -desde un punto de vista ético- días tan poco productivos como el mio de ayer. Y es que estos economistas yankis son unos putos pesaos. Frankly, darlin', I don't give a dime :D.

Seguid disfrutando de vuestras vacaciones, que yo ya estoy enganchado al banco de boga. Snif.

07 agosto, 2006

Lecturas veraniegas, I: Catedrales, Mares y Cuatribarramientos a tiempo parcial

Mis vacaciones van pasando a la orilla del Atlántico, muy cerca de Portugal, siguiendo un régimen riguroso de gambas y manzanilla, o de Rioja que he bajado en el Neotrattore y que requiere de un poco de frio antes de acompañar una doradita, un atuncito, un arroz, esas cosas...

En una noche insomne me he chapado íntegramente (más de setecientas páginas) la novela revelación de la temporada, La Catedral del Mar, debida a un letrado barcelonés de nombre improbable, Ildefonso Falcones. Una noche en vela, a pesar del cierto escepticismo que por culpa de La Combra del Viento arrastro en relación con este tipo de cosas.

No es lo mismo, claro; la Catedral es mucho mejor, y engancha muy buenamente. Me recuerda mucho a Los Pilares de la Tierra, sólo que más... ¿cómo decir? más convergente. Pero convergente de Convergencia y Unión, claro. Pasada por el filtro de la óptica de alguien que, de seguro, fue aplicado estudiante de Historia del Derecho (asignatura de 1º de Licenciatura) y que está muy interesado en hablar de una Arcadia Cuatribarrada. Aplicado estudiante, también, de un curso ad hoc de destrezas escripto-literarias (no es irónico, la cosa es así). El libro, decía, va servidito de tensión -mantiene el interés-, si bien el grado de demagogia catalanista es inversamente proporcional a la verosimilitud de la anécdota de fondo, que tiende a cero. El tomo, en fin, resulta muy curioso, dado que no se menciona ni una sola vez la Corona de Aragón, a pesar de que en definitiva es una novela que versa sobre el Poder y el Derecho en Cataluña hacia 1350. Mit zwei.

Todo este ladrillo sobre la demagogia histórico-catalana no tendría mayor importancia si no fuese porque en una España básicamente ilecta, las superventas veraniegas del recopón del libro harán que el imaginario falconí devenga verdad incontrovertida. Resulta curioso, además, que se publique precisamente ahora.

Y de nada valdrá que los interesados en este tipo de cosas (por ejemplo, Matrículas de Honor en la asignatura que comentaba por ahí arriba), o quienes tuvimos la suerte de estudiar en la Cátedra correspondiente de la Universidad de la Capital de la ya mencionada Corona tratemos de contrarrestar el impacto de medio millón (o más) de ejemplares vendidos. Una mentira repetida suficientes veces acaba siendo verdad, a pesar de que el Maestro Lalinde, en buena medida fundamento de la fantasía jurídico-histórica catalanista, dedicó muchos más esfuerzos (y más sensatos) a la Corona. La Corona DE ARAGÓN, no la Corona Catalanoaragonesa, aberración que he tenido que leer en alguna ocasión. Los inveterados esfuerzos becantes de la Generalidad, you know.

¿Debe ser leido? Por supuesto: es una excelente novela de verano ¿Debe tomarse en serio? Pues hombre, engañará a muchos ignorantes (strictu sensu) porque viene cargadito de datros y verdades parciales. ¿Merece Ildefonso Falcones la gloria y la tela? Probablemente si: está a la altura, sin discusión, de glorificados escritores foráneos de thrillers históricos. Pero debe administrársele igual que a ellos, con mucho cuidado, pues si no, al final, resultará que Castilla como Concepto será culpable del Holocausto (un poner). Y es que jamás consideraría a Ken Follet no es un historiador de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo.

Otras lecturas ha habido: Bret Easton Ellis con Lunar Park, Irving Welsh con Porno, una cosa que se llama Once contra Once. Relatos de fútbol para quienes aborrecen el fútbol o algo así, que me regalaron en la FNAC el otro día. También una compilación (preciosa) de pequeños textos de Erik Satie que merecerá comentario aparte y El Huevo de la Serpiente, de Eugenio Xammar, de quien hablé ya aquí en su día. Recordar al Ellis de American Psycho, que hace una especie de cameo hiperdrogadicto en Lunar Park, despachando facturas no sé si reales o imaginarias con un padre abyecto que no si existió me trae a la memoria un par de críticas leidas ayer en Il Paese, relativas a sendas novelas ya comentadas. En primer lugar, JPOD, que es analizada por un tal Iury Lech que podría dedicarse al macramé o al patchwork más que a la crítica literaria. Es pasmoso que un señor lea algo y no se entere de nada, y encima lo publique... en El Pais. Joder. El siempre brillante Moncho Alpuente sin embargo atina plenamente al criticar Vida e Insólitas Aventuras del Soldado Iván Chonkin.

Me entero por EP de la publicación de Haciendo de República, debida al siempre inmenso (en todos los sentidos) Julio Camba, nunca suficientemente bien ponderado en este Pais idiota. Así que, efectivamente, el 14/08 -día en que yo, oh, mísero, habré de trabajar- compensaré el dolor animis con la lectura del insigne: la perspectiva mitiga el dolor.. Vdes., entre tanto, háganse, para abrir boca, con La Ciudad Automática (sobre todo aquellos que estén en irse a NYC ;-D) y, mucho más, con La Casa de Lúculo, obrita im-pres-cin-di-ble para gastrósofos, más, mucho más, que el pelma de Brillat-Savarin... o, al menos, infinitamente más divertido.

Debería hablarles de cine, para concluir; de La Educación de las Hadas (una peliculita de Cuerda de lo más recomendable), de El Señor de la Guerra(Urghs!, donde dicha exclamación evoca el derechazo que me dió MBO por verse obligada a tragarse semejante basura) y de Cars (película que, a riesgo de ser considerado padre-pelmazo, me gustó mucho ver con mi niña UPFm, hija única al estar sus hermanos mayores en Irlanda). Pero eso será otro día, dado que la hora de internet en este sacaperras son 6 EUR y no es cuestión. Y además preferiría aprovechar el tiempo, tan tasado, para explicarles cómo ayer Hans, poniendo una lavadora con ropa mezclada, logró cargarse en un hábil giro de muñeca su polo favorito de Tintín, junto con unos pantalones blancos, y todo por culpa de un Polo de Gianfranco Ferré insultantemente azul marino. O cómo la camarerita gordita-y-mona de anoche, avergonzada de tener que ponerme el yintóxic de NordicMistAzul y encima en vaso de tubo (¿me vas a hacer beber cristasol en vasotubo, querida?, le pregunté tan amable como interesadamente), que acabó rebajándome el pelotazo a 1.5 EUR (increible. Qué grandes son los andaluces, qué pundonor profesional). O para comentarles, y eso es importante, que hoy, precisamente hoy, día 08/08, es el Cumpleaños de MBO. Felicidades, miamol. :-D.

01 agosto, 2006

Joder, el verano!

Os reiréis. A pesar de tanto como he despotricado acerca de las temperaturas incendiarias que hemos sufrido en Zaragotham, a pesar de que cada día he tenido que cambiarme de camisa dos veces -al menos-, apenas había interiorizado el mucho tiempo que lleva transcurrido desde el principio del verano, si no fuera por el horror juliano, horror que se repite cada año, y que no es de tipo climático, si no debido a la puñetera costumbre de todos de actuar como si el mundo fuese a acabarse el día treinta y uno de julio.

Tal horror doméstico y usual ha hecho que, desde la descripción de nuestro viaje a Grecia, apenas haya escrito comments en vuestros blogs, y que se hayan perdido para siempre las pocas notas-para-blog que entre reuniones apuntaba en los dorsos de facturas de gastos que nunca se presentarán al cobro (recuperar sus escasos montantes no justificaría exhibir las vergüenzas manuscritas que figuras a sus respectivos dorsos). Arrastradas por el tiempo, como hojas de otoño llevadas por el viento si no fuese porque la imagen es tan cursi, resulta tan out of time como los propios Rolling Stones. No como The Who, pero de eso hablaré más abajo.

Por fin hoy he tenido, recién iniciadas mis vacaciones ("¿Y eso, Hans? ¿Cómo es que comenzásteis ayer las vacaciones, y no el viernes?", os preguntaréis. Paciencia, mis jóvenes amigos: todo tendrá su explicación), oportunidad de "ponerme un ratito" al pecé. Cierto es que en segunda intentona: en mi primera aproximación estaba yo sentándome en la rebotica de mi suegro y cuñado cuando éste ha hecho empezar a pasar a "sus gordas" por dicha rebotica. M., farmacéutico pero también nutricionista, está haciendo perder peso a jóvenes andaluzas que bordean la obesidad mórbida (era el caso de la primera compareciente de la tarde). También se dedica a ayudar (¿?) a personas en quienes no concurren -total o parcialmente- las expresadas circusntancias: quiero decir, no es forzoso que sean jovenes, mujeres, de origen andaluz o realmente gordas.

En fin, he comprendido que la chica (la que llamaremos primera gorda) iba a sentirse violentada si me quedaba ahí, a pesar de mi aspecto de guiri-que-está-comprobando-algo-en-el-pecé o de que no-se-entera-de-nada, mientras M. la abroncaba. Pero qué decir: este asunto de la gordura me lleva siempre a dos conclusiones: 1 ó a) "mierda de sociedad que hace que todos queramos ser sílfides anoréxicas" (con su conclusión subordinada: "la gordura es un estado mental") y 2 ó b) "Luego dicen que las carnes son locas", dicho éste muy andaluz que se confirma cada vez que una joven de 1.65 y 100 kg. explica el arrobo con que enguye fritos y chacinas (tal como la primera gordita de la tarde le explicaba a M. casi entre sollozos mientras yo me alejaba. La cosa tenía algo de confesión, diría yo: "Perdóneme, padre, porque he pecado: me he puesto púa de pasteles").

Decía que desde la Entrada de Grecia no escribo. Entre tanto, han pasado muchas cosas: un viaje relámpago al Sur a celebrar el cumpleaños del bisabuelo de mis hijos; el anuncio de boda de Juan; muchíiiiiiiiiiisimo trabajo y muchíiiiiiiiiiiiiiiisimos papeles; la entrada en vigor del carnet por puntos (Que Dios fulmine con Rayo Dolorosísimo al indeseable Pere "Chaquetitacolormierda" Navarro y a todos los idiotas que apoyan sus aberraciones) y la psicosis en la carretera con los radares; un agradabilísimo e inesperado almuerzo con una muy querida amiga bloggera viéndonos la cara por vez primera; una guerra (otra guerra, otra vez) a la que se dan mil explicaciones, en un 99% equivocadas, y en relación con la cual nuestro inútil Presidente del Gobierno y los imbéciles que le rodean no han hecho si no volver a cometer un tremendo error de relaciones internacionales a coro (uno se los imagina perfectamente, cara de tonto crispada en ristre, sentados unos junto a otros en sendas cabinas de retrete, defecando todos a un tiempo); el regreso de Irlanda de UPFM y UPMM, ambos muy felices y contentos de haberse librado de la progenitura durante un mes, y UPFM con unas faldas sospechosamente cortas y alguna camiseta sospechosamente... sospechosa, que me hace pensar que se aproximan días-muy-duros para Hans y MBO por lo que respecta a la administración de adolescentes contundentes. Sigh. Espero no convertirme en padre coñazo (vid aquí)

En fin, en cuanto a las causas del retraso de mi salida de vacaciones hacia el Profundo Sur donde me encuentro ahora a una prudente temperatura de 41.5º según me dicen, se dan, básicamente, dos.

La primera causa de la demora ha sido el hecho de que hemos procedido a dejar la Escudería Hans en sólo dos unidades, el apero y otro. Han salido del patrimonio familiar tanto nuestro ya añejo A3 -que mantenía la belleza, prestaciones y calidad del primer día, un coche para recomendar- y nuestro hermosísimo 166 -que, ¡curiosa coincidencia!, mantenía la belleza, prestaciones y la calidad del primer día: un coche para NO recomendar. Permítanme que les recuerde lo que les contaba aquí, y que les señale a Vdes. -cosa que no hice por desmemoria en su momento- que he vendido el coche con el SEGUNDO motor; el primero hubo de ser cambiado a los 50.000 klicks tras saltar por los aires a mitad de un adelantamiento. Me atrevería a decir que mi Alfa era como Margarita Gaultier, una belleza ilimitada, abocada a provocar tanto enamoramiento como dolor -siquiera económico- por los ígnotos males que le corrompían las entrañas mientras lucía un aspecto inmejorable.

Un deporte grato a la progenitura de la Unidad Familiar Independiente es el toreo de vendedores de coches. Ya saben Vdes., creo que se lo tengo dicho, que los vendedores de coches son los tratantes de ganado de la nueva era, y se valen de las mismas triquiñuelas de que sus ancestros hacían uso hace apenas cien años al vender caballerías. La debida combinación de las argucias negociales de MBO y de Hans han dado lugar a obtener un precio adecuado, y a que la segunda unidad matriculada del artefacto en Zaragotham sea la nuestra sin apenas espera... salvo la de este weekend tan de verano en Zaragotham, a cuarenta grados.

La segunda causa, The Who, que por primera vez han venido a España, ofreciendo dos conciertos, uno en Madrid, y un segundo en (Alibricias!) Zaragotham. La Reina (MBO) y yo estamos henchidos de orgullo y satisfacción, o sea. Y vaya pedazo de concierto. Este su anfitrión, a su provecta edad, ha tenido ocasión de ver unos cuantos Grandes Grupos (obsérvense las mayúsculas) en directo, pero NINGUNO como la combinación de Mr. Pete Townsend (Gloria a Él -a pesar de que, traidorcillo, no tocó Ricks en esta ocasión- que sabe que la Guitarra ha de ser un instrumento de ritmo y casi de percusión, y que arrastra sus sesenta y algún años con elegancia impar) y Mr. Roger Daltrey, acompañados por Zac Starkey (si: el hijo) y unos cuantos músicos de apoyo de primerísma categoría. The Who tocaron lo que yo necesitaba, y tanto Michel como yo botamos adecuadamente recordando otros tiempos en los que íbamos a los conciertos con chaqueta, corbata y parka, levitando gracias a Substitute, My Generation, Baba O'Riley y todas esas canciones que es imprescindible escuchar antes de morir, para saber qué es la Energía en el rock'n roll. Y a MBO le encantó.

The Who. Zaragotham, 29/07/2006, Pabellón Príncipe Felipe, 22.00. FOC, gracias a Elena :D