28 agosto, 2006

De re varia (finiagostí)

Y con poca inspiración y sobre una mesa de estudio con dudoso orden (tdo por enmedio: el último Sharpe; el número de Automóvil de Septiembre 2006; un disco de versiones de Cole Porter a cargo de Elvis Costello, Sheryl Crow, Diana Krall, Alanis Morissette and many more; el iPod que le regalé a MBO el día de su cumpleaños; notas, post-its, catálogos de cavas para casa; portafolios, libretas. Cosas mil.) me pongo a escribir la entrada de cierre, casi cierre del mes de Agosto; sé que mañana no podré escribir, será día tremendo como ha sido en realidad la semana pasada; sé que dificilmente el miércoles o el jueves encontraré tiempos y el viernes nos vamos a buscar a la pequeña delincuencia al Sur Profundo.

Y, al fin y al cabo -y a pesar de que la escasa defendibilidad estilistico-canónica de comenzar un texto o una frase después de punto y aparte con una cópula Y- es lo cierto que alguna cosita relatable ha pasado estos últimos días, como se verá.

Mi falta de inspiración obedece, sobre todo, a cierta desazón causada porque empiezo a entrever demasiadas entradas demasiado intrahistóricas (y por tanto potencialmente aburridas). Cierto es que me apetecería escribir acerca de mi desazón general con la cosa pública en España, pero temo convertir esto en otro blog liberaloide (en realidad, hay bastantes de esos excesivamente conservadores, de los que caen en el error más tremendo de la progresía, que consiste en aborrecer al contrario y subsidiariamente justificar todas las aberraciones de los del propio lado; vamos, que no hacemos carrera ni de unos ni de otros y la casa sin barrer) y, francamente, paso. En ese sentido, tan sólo caerá hoy la habitual mención de Pere Navarro, ese malnacido, indeseable, demagogo y falseador de estadísticas en perjuicio de los amantes de los coches y la velocidad (c'est-a-dire, yo, un poner), para no perder costumbre, y ya. Como si fuese una jaculatoria, poco más o menos.

Por delante vaya que en la semana pasada, merced a la idiocia programatoria general, MBo y yo no hemos ido al cinematógrafo; que sigo centrado en Paris después de la liberación, 1944-1949 cuyo autor es un viejo conocido, Antony Beevor (tal vez lo conozcáis por Stalingrado o Berlín, La Caida, 1945) y cuya lectura atenta que recomendaría -junto con La Rive Gauche, de Albert Lotmann- a cualquiera que quiera enterarse de qué es eso del París de posguerra, el debut existencialista (y mucho acerca de la supuesta heroicidad gala a lo largo y después de la guerra, el proceder de De Gaulle y la actuación de los comunistas, brillante en la linea en que nos tienen acostumbrados a los europeos) ; y que cuando acabe me espera con los brazos abiertos Brooklyn Folies, que a MBO le ha gustado mucho (a diferencia del resto de Auster) y un Flashman. Curiosos relatos, los de la muy gamberra serie Flashman. Ya contaré.

De momento, tras de semana de stress posvacacional, la Presidencia y yo concluimos que debíamos hacer algo, de modo que después de hacer unos paseos y compras en la tarde del vienres, nos fuimos el sábado al Rompeolas De Todas Las Españas, aka MAD, a felicitar el cumpleaños a Sue y a comer con ella, con D., con Arbusto el Guerrero y con Copycat. Un gratísimo encuentro y descubrimiento, grandes jóvenes -si, Sue: con 27 sigues siendo una niña :-D- con quienes nos lo pasamos formidablemente bien, incluyendo dos whiskyes, mucho relato acerca de Kabul y bastante reflexión de garrafón ordenada a la solución de diversos problemas universales, podríamos decir. Y si: hay un par de profesiones que son mal endémico de la Universidad española. Los Ingenieros son otra cosa. :-D

Hacia las ocho nos fuimos cada mochuelo a su olivo y después de hacer unas gestiones, MBO y yo acabamos cenando DESASTROSAMENTE MAL en un lugar que, desde ya, desaconsejo por NEFASTO. Se trata del llamado Loft 39, donde en una mesita ridícula excesivamente pegada a otra mesita igualmente ridícula estuvimos aspirando los olores de una cocina mal aislada con carácter precvio a tomarnos un rissotto montonero y un tournedos de atún (de estos que están empezando a dar en todas partes: plancha ligera por fuera, rojo por dentro) severamente decepcionante, regado con una botellita de Condado de Haza 2004 de lo más estándar. Pedí la carta de vinos (por supuesto, preñada de obviedades, ayuna de cosas sugestivas) y me dijeron que esperase, que la tenía otro cliente. De hecho, me sirvieron el rissotto antes de traer el vino. Veo que las críticas que se vertían acerca del lugar en 2005 siguen en pleno vigor. Cierra el garito, Arnaldo.


Acabamos la noche tomándonos una copa en el Glass y otra en el Susan (la margarita, como siempre, colosal. Mi Bloody Mary, muy bien hecho, aunque olvidé indicar que fuesen cautos con el tabasco), no sin antes constatar que Wendy se había quedado sin pilas en el móvil. En fin, una lástima.

El domingo amaneció glorioso. Una de esas mañanas de domingo de Madrid con el cielo claro y azul, no demasiado calor, un levísimo vientecillo. Desayuno poderoso. Camino al Prado; como sabéis, hay una interesante exposición -una de estas exposiciones de la nueva era, todo pedagogía- acerca de Picasso en el Prado y en el Reina Sofía, y resultaba un plan apetecible para una mañana como esa. Y allí que nos fuimos, claro... para constatar que otras cincuenta mil personas, más o menos, habían pensado lo mismo que nosotros.

MBO tiene una tesis que a grandes rasgos supone lo siguiente: "yo no hago una cola de más de quince minutos por casi nada en el mundo". Aquellos de vosotros que la conocéis sabéis que es una mujer inteligente y muy guapa, y con las ideas extremadamente claras, y que, con dulzura pero con firmeza, defiende sus planteamientos. Uno de los aspectos de esa realidad vital es éste. Y a mi me parece muy bien: odio las colas. Así que prescindimos del malagueño y nos dedicamos a la exposición permanente del Prado.

Y qué voy a decir. Desde un punto de vista hedonista, de admirador rendido de la belleza no hay palabras. Desde un punto de vista patriótico podría uno ponerse a sostener que no debemos ser tan cafres como pueblo cuando hemos constituído la mejor pinacoteca del universo. No me enrollo, quien no haya estado en el Prado (varias veces: como todos los grandes museos -el Louvre, la National Gallery, el British Museum, el Metropolitan- debe ser troceado y visitado de a poquitos, para gozar y no saturarse) debe ir al punto; encima en domingo es gratis. Toma ya. Nos vimos Rubens, Velazquez y Goya y después de comprar unos papeles majillos a un pintor callejero nos fuimos a la Cuesta de Moyano a remover cajones de lance.

Llegaron las dos y cuarto y, en un timing perfecto, casi militar, estábamos a escasos diez minutos del restaurante del Hotel Urban, el Europa Deco, que nos quitó de un plumazo la mucha mala leche que habíamos hecho la noche anterior. El lugar sirve un menú degustación maridado, cosa muy recomendable: no hay que tomarse la molestia de pensar: llegas, señalas que deseas dicho menú y te van poniendo platos y copas por delante. El restaurante en cuestión, me dijo MBO, tiene un Chef conocido internacionalmente por trabajar muy bien el atún rojo. Hostia si lo es. Levité, no puedo decir más, con el entrante, consistente en atún en cuatro servicios (el digamos solomillo, un tartar -exquisito el punto de la mostaza de dijon-, el llamado descargamento y el corazón), a cual mejor. Regado con Anna de Codorníu, como también el aperitivo previo: perfecta selección. Luego sirvieron un gazpacho de tomate cherry amarillo exquisito, sorprendentemente acompañado de un Albariño (maridaje aparentemente imposible pero muy cuadrado, sobre todo porque el albariño era rico: mejor boca que nariz, pero rico de verdad. Buscaré la referencia y lo pondré por aquí). La merluza, preparada sobre un fumet y con un par de almejas exquisitas estaba perfecta, como también el albondigón de vaca kobe (aunque había leído acerca de esas vacas magníficamente tratadas que dan una carne sublime nunca lo había probado y nos satisfizo. Mucho). Pasmoso que el vino que acompañaba, en principio vulgarcillo para mi gusto -un Protos Crianza- estuviese tan redondo y con tantos matices. Lo único que no fue tan interesante fue el plat de résistence, un secreto ibérico sobre un rissotto de matanza no muy de mi gusto, si bien es cierto que a esas alturas con dificultad podíamos comer algo más. Los postres estaban muy buenos también, y MBO los acompañó con un Pedro Ximenez al que yo renuncié. He de reconocer que pedí la carta de vinos por alparcear un poco y la ví un poco incompleta, y, sobre todo en las denominaciones menos frecuentes que conozco bien, inadecuada y algo ramploncilla. Pero eso no debe ocultar el hecho de que comimos sen-sa-cio-nal-men-te bien.
En fin: con lo relatado este vuestro hedonista anfitrión y su amada esposa pudieron regresar a Zaragotham (yo dormidísimo, a pesar de no haberme bebido una copa después de comer: condujo MBO) y afrontar la mañana de hoy con fuerzas y ánimos. Esta semana, última antes de que nuestros hijos vuelvan de vacaciones, va a ser jodidamente dura, si. Pero... que nos quiten lo bailao. :-D

14 comentarios:

arbusto el guerrero dijo...

Gran paladar el suyo en la cosa de los vinos, Herr Hans. Habrá que tomar nota para próximos encuentros. En cuanto al güisqui, poco hay que decir sobre su exitosa (y segura, por otra parte) elección: un chivas es un chivas es un chivas.

Yo ampliaría el margen de espera haciendo cola hasta los 30 minutos, siempre y cuando uno esté acompañado y tenga buena conversación. Claro que pasarse por la exposición permanente del Prado no es ningún premio de consolación, ni mucho menos. Quienes me conocen saben que, en mis escapadas de Kabul, siempre intento colarme en el Reina Sofía y mostrar mis respetos al mejor cuadro de la segunda planta: "La tertulia del café Pombo", de Gutiérrez Solana (¿o pensabas que iba a decir el "Guernica"?

Hans dijo...

Mi muy querido Arbusto, lo del Chivas fue coyuntural a falta de mejores ofertas: no llega uno a mi provecta edad para tener que consumir J&B, esa aberración de la producción caledonia que sólo gusta a quienes en realidad no gustan del whisky. Te diré que, de entre los dos que consumimos, prefiero el primero, el semper fidelis y austero Johnnie Walker Black Label. En fin, habremos de buscar ocasión para hacer una degustación de whiskyes serios. ¿en mi casa, tal vez? ;-D
P.S.: En cuanto a lo del Guernica, te tengo por un hombre serio. Jamás hubiese predicado de tí que fueses capaz de semejante chapuza intelectual; no olvidemos que el Guernica no es si no una cartelazo agit-prop de dimensiones colosales. ¿Impresiona? Si, coño, cómo no va a impresionar.

sue dijo...

Vaya, Hans, quién iba a decir que tenías poca inspiración. En fin, qué decir de nuestro encuentro que no se haya dicho ya: gran sorpresa, agradable almuerzo... Lo único que lamento, como te imaginarás, es haberme perdido el momento whisky por tener que regresar a la fábrica de tornillos, aunque D. ya me lo relató con todos los detalles.

Por otra parte, la regla de oro de MBO acerca de las colas de más de 15 minutos me parece de lo más apropiada. De hecho, la adopto desde este mismo momento.

Hans dijo...

Dilecta Sue, daba por hecho que pasaría V. mucha envidia por el momento Whiskyes (en plural) :-D. Mándeme un emilio a Vladivostok con su propio phonenumber de sí misma, ande, que así programaremos alguna sesión conjunta, dado que es difícil depender de unos señores que viven en Kabul para juntarnos. Besos.
P.S.: Recuerde V. que los verborrágicos, aún aquejados de falta de inspiración, nos cascamos unos ladrillos de padre y muy señor mío. Siempre.

sue dijo...

Ya lo tiene en su bandeja de entrada.

Wendyqueridaluzdemivida dijo...

¡¡¡JAAJJAAJ!! Y mal, muy mal. Y a ver si nos apuntamos el número del móvil del trabajo.

Pues a mi Brooklyn Follies no me gustó nada (el libro, claro).

Por cierto, a ver si nos leemos a tiempo real que igual te hago un envío literario.

Besos para él y para ella.

Anónimo dijo...

Muy buenas, sr. Hans. Como siempre, un placer leerle ;). Hoy me lanzo a comentar porque, esta que suscribe estuvo la semana pasada por los Madriles y se paseó por el Reina Sofía e intentó ver dicha exposición de Picasso. Mal hecho. Muy mal hecho porque, que una humilde estudiante se acerque a un Museo con la intención de empaparse y deleitarse con cultura se encuentre con que tenga q pagar 6 euros de entrada, vale, (he de decir que son 3 si presentas el carnet universitario y consigues que la señora de la taquilla no te mire con extrañeza: SÍ SEÑORES EN ASTURIAS TAMBIÉN HAY UNIVERSIDAD), ahora, que haya que pagar otra entrada (además de la genérica) para ver una exposición temporal pues como que no. Como que jode, vaya. Como que había un cabreo general.

En fin, que como colofón a tan mal rollo (hoy no ha sido un buen día ¿se nota? ;)), le recomiendo encarecidamente el restaurante Thai Gardens, en la calle Jorge Juan (Madrid again).

Besos,
S

florecilla de alcanfor dijo...

Otra razón para adorar Londres: los museos son gratis.
La exposición de Picasso merece un viaje entre semana y casi seguro que no tenéis que hacer cola. El miércoles pasado en el Reina Sofía no había nadie.

(mira que no gustaros el Guernica...)

Hans dijo...

El Albariño en cuestión se llamaba ADEGA D'ALTAMIRA.
SUE, recogido y anotado
WENDY, soy un desastre. Cuando me llamaste el otro día desde el otro teléfono se me olvidó grabarlo como Wendy Job o algo así... y claro, mal. Recuerdo que Brooklyn Follies no te gustó. Ya te diré. Y eso, a ver si nos vemos, que últimamente te interpelo en el mesengué y no estás nunca. Pendona, que eres una pendona :-D.
S, yo pensaba que en el precio de la entrada al Museo estaba incluído todo. En cuanto al Thai Gardens tomo nota; lo que pasa es que mi estómago tiene una relación complicada con la comida oriental, que es lo que supongo que servirán en el lugar... (¿dónde está la Universidad de Asturias; :-D).
KLEINE BLUME, Londres es objeto de amor eterno e incondicional para Noticias desde Vladivostok, su autor y sus diversos habitantes :-D Lo de los viajes entre semana es cosa jodía para los trabajadores, my friend. Y en cuanto al Guernica... para qué hablar. Y es que Don Pablo era un elemento 'fino'. De todos modos no me negarás que es eso: "un cartelazo agit-prop de dimensiones colosales" (ya perdonarás que me autocite, es que me ha gustado mi frase. Un grandíiiiiiiiiiisimo cartel de propaganda política.

Marga F. Rosende dijo...

Maravilloso aserto de su señora de usted respecto a las colas, me lo apunto. No esperaba menos, belleza ,inteligencia y mesura.
Sus entradas siempre son densas pero no por ello plastas, completas, variadas, con muchas cosas.
Un beso

Sr. D dijo...

Hans....Un dia de estos nos tiraremos al barro liberal. Mientras, te sigo prefiriendo de comentarista gastronómico!.

Bienvenido

Gachas dijo...

Ay, lo del omnipresente atún güelta y güelta, qué cierto es. Gachas es aficionada, pero se sabe de gustos mainstream porque parece que lo piden ya hasta los niños de pecho.

Xurri dijo...

Y a mí, que no me gusta el güisqui...

Hans dijo...

XURRI, nadie es ferpecto :-D
GACHAS, me acuerdo de la primera vez que me lo sirvieron, hace ya muchos años, y levité: qué delicia. Ahora resulta vulgar, hay que joderse.
Querido MANDARÍN, qué puedo decirle a la vista de su comment y su neobló. Salvo jurljurljurl :-D.
MARGA: y eso que me contengo!